"No teman. Yo soy el ángel de la Paz. Recen conmigo". Aclamaba el ángel a los pastorcitos. Luego él se arrodilló, doblándose hasta tocar el suelo con su frente y rezó: "¡Dios mío, yo creo, yo adoro y yo te amo!, te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no confían y no te aman." Él dijo esta oración tres veces. Cuando se paró, les dijo a los niños: "Recen así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de sus suplicaciones". Él dejó los niños, quienes empezaron a decir esta oración frecuentemente.

En un primer momento se apareció el ángel a los pastorcitos (todos primos), casi 8 meses pasaron desde la última aparición del Ángel. Lucía, Francisco y Jacinta continuaron a obrar lo que el ángel les había enseñado, orando y ofreciendo sacrificios al Señor. Lucía tenía 10 años, Francisco 9 y Jacinta 7, el 13 de mayo de 1917, decidieron llevar sus ovejas en unas colinas que pertenecían al padre de Lucía. Fue ahí, solo con una excepción, donde la Santísima Virgen bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario se les apareció en ocho ocasiones en 1917, y una novena vez en 1920 (sólo a Lucía).

Tan importante como el lugar y el momento eran la situación a nivel mundial. En esos momentos la Primera Guerra Mundial hacía estragos en Europa, conduciendo a la humanidad a la forma más salvaje de guerra vista hasta el día de hoy. En la lejanía de Moscú, Lenin preparaba la revolución que volcó el orden social Ruso en Noviembre de 1917 y en la que se sumergió eventualmente casi la mitad de los habitantes de esta tierra.

La virgen les reveló tres secretos, los cuales se darían a conocer progresivamente, se habla del milagro del sol, frente a tantos peregrinos que arribaban al lugar de las apariciones, el 13 de octubre, admiraron cómo el sol parecía danzar. Hasta aquí es preciso hacer una precisión: La “revelación privada, se refiere a todas las visiones y revelaciones que tienen lugar una vez terminado el Nuevo Testamento; es ésta la categoría dentro de la cual debemos colocar el mensaje de Fátima”, aseveraba el entonces cardenal Joseph Ratzinger.

Surge una pregunta: ¿Por qué se aparece la virgen Santísima? Su manifestación viene a ser un recordatorio, que se extiende sin un tiempo definido. Rememora la vida que cada cristiano está llamado a tener. En la actualidad se necesita de signos y señalamientos que recuerden el sentido primero y último de todo lo que se hace. María es enviada, es testigo del gran amor de Dios. Al igual que Jesús, propone un camino de conversión, presenta una nueva concepción de Dios. Las apariciones de María son un gran signo de misericordia por parte de Dios, pues, envía a su madre con ternura.

Es importante subrayar que la Virgen se revela como Nuestra Señora del Rosario. La invitación al rezo diario del rosario se renueva. Esta práctica no sólo acerca a Dios sino que fortalece la relación con María, con los otros, a la hora de pedir por sus distintas necesidades, sensibiliza y realiza el deber del cristiano, oren unos por otros. Nuestra Señora de Fátima es un signo actual, el cual nos invita a salir de nosotros mismos por medio de la oración, que se hace por aquellos desconocidos que tanto lo necesitan (cristianos perseguidos, enfermos, encarcelados, descartados, etc.). Dios busca a los humildes, a tres pequeños niños, a Bernadette, a Juan Diego; esto ayuda a entender la predilección de Dios por los más sencillos, la humildad es una gran necesidad en un mundo tan ostentoso e inmanente.

Como cristianos estamos llamados a promover y difundir el gran amor de María y su poderosa intercesión, ser mariano no es una opción, sino un compromiso, al cristiano no se le entiende sin la figura de María, ella reproduce la voluntad de Dios, es la sierva fiel. El cristiano está llamado a ser reflejo de Dios en medio de su realidad, si bien es cierto, las dificultades diarias desvían la atención, atentan contra la búsqueda de Dios, sin embargo, no es un pretexto real, para Dios no hay limitantes, no hay nada imposible para Dios. Si tres pequeños niños pudieron transmitir el mensaje de Dios a través de la virgen, también el cristiano puede comunicar y propagar la mayor muestra de amor por parte de Dios: Jesucristo. María es un camino seguro para llegar a Jesús. La advocación de Nuestra Señora de Fátima no es la excepción. Cuantos más conozcan esta advocación, más se podrá ayudar a comprender el Evangelio en clave mariana.

La intercesión de María es un recurso magnifico, que no se debe desperdiciar, antes bien, se debe aprovechar en bien de todo creyente y no creyente. Pidamos constantemente a María que nos conceda las virtudes que le agradan a su Hijo, la docilidad para atender a la voluntad del Padre y la fuerza del Espíritu para santificar todas nuestras obras.

 

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