Nuestra tierra tiene la dicha de haber conocido a grandes hombres que dieron su vida y derramaron su sangre por el bien de esta misma tierra que pisaron y la fe que profesaron. Tal es el caso de san Pedro de Jesús Maldonado, el primer y único santo chihuahuense, que es un claro ejemplo de valentía y entrega a favor de la fe cristiana en nuestra entidad. Un cura ranchero que continuó ejerciendo el ministerio sacerdotal y alimentando con la Eucaristía al pueblo cristiano aún en medio de la sanguinaria persecución religiosa. La consecuencia de su atrevimiento, y su firme valentía, fue la palma del martirio hace casi ochenta años.

Una frase de Tertuliano dice que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”, y ciertamente el ejemplo arrastra. Una fe basada en el testimonio es mucho más auténtica que un conjunto de conceptos; solamente quienes encarnan un credo y lo defienden con la vida pueden llamarse verdaderamente creyentes. Los mártires supieron encarnar su fe, la defendieron y la hicieron vida y luego la dieron con gusto por su pueblo, como san Pedro de Jesús Maldonado.

Hay santos que por su vida, e incluso por su muerte, inspiran a reforzar la fe gracias a su testimonio alegre y valiente, sin embargo su veneración no alcanza a ser lo suficientemente difundida, por lo cual pueden llegar incluso a tenerse en el olvido. Mucha riqueza espiritual se aminora y se opaca con el correr de los años.

Es cierto que nuestra sociedad carece de ejemplos a seguir, pero no se trata de que no existan, sino que resulta más cómodo formarse un ideal propio y caminar según convicciones propias enmarcadas desde una supuesta “libertad” que tomar ejemplo en otros. En nuestro tiempo los ejemplos ya no resultan convincentes, sino que al contrario, se prefieren ocultar o suelen opacarse entre falsas figuras o “estrellas” que están igualmente vacías. Los santos, por esto, cada vez menos se toman en cuenta e incluso parecen pasados de moda o sacados de una película de hace años.

Nuestro santo chihuahuense pareciera estar abandonado, de aquí el nombre de este escrito “San Pedro de Jesús Abandonado”. Es una situación triste pero muy cierta. Nuestro santo chihuahuense ha dejado de ser ejemplo para este tiempo y ya no es tomado en cuenta, no suele ser el santo de devoción de nadie.

Un pueblo que no tiene ejemplos a seguir no tiene caminos que caminar. Es cacofónico, sin embargo, en el ámbito de la fe resulta similar: sin testimonio no hay conversión. La fe se gana con el precio del testimonio de otros que inspiran nuestra conversión. Por esto regresemos a testimonios y ejemplos como el de san Pedro de Jesús Maldonado, un ejemplo sencillo y tan cercano como de la misma tierra en la que vivimos.

Un Santo no puede estar pasado de moda, mucho menos un mártir, pues: “El tirano muere y su reino termina; el mártir muere y su reino comienza”. Resulta irónico, este cambio de papeles, sin embargo es cierto. Nuestras calles y monumentos realzan tiranos como los que dieron muerte a san Pedro de Jesús Maldonado, sin embargo es en estos mismos lugares donde se hacen procesiones y eventos religiosos que dejan en claro cuál es el reinado que permanece. Los testimonios como el de san Pedro de Jesús Maldonado contienen tanta riqueza espiritual y de piedad que no pueden quedarse aletargados y ocultos. Es hora de dar honor a quien honor merece. La sangre derramada nos ha ganado la fe que ahora poseemos. Cuidemos el tesoro que hemos encontrado y por el cual los mártires lo han entregado todo.

Iván Ribota, Filosofía II

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