San Martin de Porres, hermano dominico, 1569-1639.

Martinico –como era su nombre familiar- nació el 9 de diciembre de 1569 en Lima, de la unión del noble español Juan de Porres con una mujer de color. Desde que nació, su condición de mulato fue motivo de discriminación. Su padre, después de ser nombrado gobernador de Panamá, dejó a la mamá y al niño en Lima. Martín aprendió el oficio de curandero y farmacéutico. Su consultorio estuvo siempre lleno de pacientes, no solo por sus buenos conocimientos de las enfermedades y dolencias físicas, sino también por el amor con que recibía a cualquier persona y en particular a los pobres. Cada día asistía a la santa misa en su iglesia parroquial, y la comunión diaria con Cristo le daba capacidad para entrar en comunión íntima con sus hermanos hasta el agotamiento de sus fuerzas.

En 1594 pidió ser aceptado en el convento de los padres dominicos en Lima. A causa del color de su piel, le impusieron un tiempo excesivamente largo de espera, que se prolongó hasta 1603. Entonces le dieron la posibilidad de ser aceptado únicamente en el ínfimo grado, como hermano lego, sin posibilidad de llegar al orden sacerdotal. Así siguió también en el convento, ejerciendo su oficio como hermano enfermero. Empezó una vida monástica de extrema penitencia, de oración y de obras de caridad, que se extendieron también fuera del convento, particularmente en favor de los enfermos pobres, sin distinción de raza, y de los niños huérfanos.

Su sabiduría y santidad atrajeron a muchísimas personas y aun al mismo virrey de Perú, para solicitar los consejos del hermano. A los ricos y poderosos no los dejaba ir sin antes haberles encomendado a sus hermanos pobres. Cuando en 1639 su vida iba a apagarse por el tifo, entonces incurable, que había contraído en el servicio de los enfermos, pobres y ricos vinieron al lecho del moribundo a pedirle su bendición. Desde su muerte, el 3 de noviembre del mismo año, fue considerado en Perú «apóstol de la justicia social», en un tiempo en que esta apertura social de la Iglesia era todavía poco practicada y menos aún en América Latina, aunque siempre había sido señalada por el Evangelio, por los Padres de la Iglesia y sus mejores teólogos.

Beatificado por el papa Gregorio XVI en 1887, fue finalmente canonizado por el papa Juan XXIII (ahora también declarado santo), el 6 de mayo de 1962.

«Disculpaba los errores de los demás; perdonaba las más graves injurias, pues estaba convencido que era mucho más lo que merecía por sus pecados; ponía todo su empeño en volver al buen camino a los pecadores; socorría con amor a los enfermos; procuraba comida, vestido y medicina a los pobres; en la medida que le era posible, ayudaba a los agricultores, a los negros y mulatos, que por aquel tiempo, eran tratados como esclavos de la más baja condición, lo que le valió, por parte del pueblo, el apelativo de “Martin de la caridad”». Homilía de Juan XXIII en la canonización de san Martin de Porres, 6 de mayo, 1962: AAS (1962), 306-309. 

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