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SAN MARTÍN, obispo de Tours, Francia 316-397

            Sus padres eran todavía paganos, cuando Martín, que apenas contaba con 12 años de edad, pidió en la ciudad de Pavía (Italia) ser admitido como catecúmeno, es decir, como candidato para recibir el bautismo. El tiempo de catecúmeno podría durar varios años; mientras tanto, Martín fue obligado a entrar al ejército romano.

En el invierno del 334 cabalgaba Martín por el portón de la ciudad de Amiens, cuando vio a un mendigo muriéndose de frío. Con la espada partió su capa militar y le regaló la mitad al hermano pobre que yacía tirado en el suelo. Más tarde tuvo la gran alegría de que su madre se convirtiera a la fe católica. Sin embargo, tuvo que sufrir la persecución de los arrianos. Su gran deseo de vivir la vida religiosa se realizó, cuando san Hilario, obispo de Poitiers, lo recibió en su diócesis y le brindo su amistad.

En los primeros siglos, los obispos eran elegidos por el clero y el pueblo. Estas elecciones dieron muchas veces buenos resultados. Así sucedió en el caso de la elección de Martín para obispo de Tours. El santo obispo vivió una vida de oración, de pobreza y penitencia y realizó a la vez una labor apostólica para evangelizar extensas regiones rurales que todavía eran paganas.

Su pueblo lo amó como a un padre, ya que estuvo continuamente visitando sus parroquias, para predicar la buena nueva y para ayudar a los marginados y perseguidos. Se propagaron leyendas se du poder milagroso y no faltaron tampoco las intrigas del clero rico, que a causa de los nuevos privilegios concedidos a la Iglesia por el emperador Constantino, compartían los honores y las riquezas de la corte.

Martín protestó ante el emperador Máximo en el 385, por la ejecución del hereje Prisciliano argumentando que las cuestiones de fe no deben resolverse por medio de la violencia. Cuando llegó a la ancianidad se dirigía frecuentemente a Dios con la siguiente oración: «Señor, si tu pueblo todavía me necesita, no rehusó el trabajo; pero hágase tu voluntad». Murió durante un viaje, cuando iba a visitar a una parroquia, el 8 de noviembre de 397. Sus funerales, el 11 de noviembre, fueron una grandiosa manifestación del cariño de sus fieles, religiosos y seglares.

«Dios nuestro, que hiciste resplandecer tu gloria en la vida y en la muerte de san Martín, obispo de Tours, renueva en nuestros corazones la fuerza de tu amor, para que ni la muerte ni la vida puedan separarnos de ti. Por nuestro Señor Jesucristo…Amén»

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