San Francisco de Asis: es el evangelio viviente de Jesús en el siglo XII, concibió la vida como una peregrinación. Ser peregrino significaba enfrentar el peligro, la precariedad y la incertidumbre del viaje. La brújula de Francisco, era la fe y la estrella que guiaba los pasos en la noche era el deseo de llegar al hogar donde el abrazo y la unión con Dios se anunciaban como premio y descanso del viajero.

            El pobrecillo de Asís se caracterizó por elegir la pobreza como un estilo de vida; en esta elección también decide seguir a Cristo descubriéndolo en los más pobres de su tiempo: los leprosos. Sólo de ahí decide seguirlo e imitarlo. Vivió esta opción con tal radicalidad que cuando invitó a otros al seguimiento de Cristo, lo hizo con ternura evangélica y con profundo respeto por la libertad interior y personal.

            Un elemento característico en los testimonios franciscanos es la búsqueda de la fraternidad: una con todos los hombres y de cualquier condición social. El juglar de Dios refleja un matiz ecológico y profundamente místico: las obras de la naturaleza hablan de su creador. Francisco no puede dejar de contemplarlas y sentirlas como “hermanos” y “hermanas”. Otro elemento fundamental es la libertad interior basada en la libertad evangélica, es de aquí de donde bota su amor ardiente a Jesucristo, y es al mismo tiempo, la fuente de su alegría inagotable en el servicio a Dios y a los hermanos.

Un día Francisco se topó con un almendro y le dijo:

“Hermano almendro, hábleme de Dios”.

Y el almendro floreció.

Antigua leyenda franciscana.

Jesús Jorge Legarreta

Seminarista  

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