José Luis Sánchez del Rio, adolescente de 14 años, es originario del hermoso pueblo de Sahuayo Michoacán, pueblo Católico y de mucha tradición.

Beatificado el 20 de noviembre del 2005 junto con trece mexicanos mártires de la persecución religiosa de la segunda década del siglo XX.

“El niño mártir Joselito” como se le conoce de cariño en Sahuayo, nació el  28 de marzo de 1913 y fue bautizado el 3 de abril del mismo año en la Parroquia de Santiago Apóstol y confirmado, ahí mismo, el 12 de octubre de 1917. Hijo de Macario Sánchez y de María del Río. Perteneció a una de las principales familias del pueblo, también perteneció a las vanguardias de la asociación católica de la juventud.

Al saber que sus hermanos se habían enlistado a los cristeros, Joselito también se enlisto en las huestes cristeras en el año 1926 con tan solo 13 años y 5 meses de edad. La frase que le dijo a su mamá y con la cual la pudo convencer para que le diera permiso de enlistarse fue: “Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora".

 Su labor como cristero fue en primera instancia el servicio a las tropas y después gracias a su piedad y fidelidad se le concedió ser el abanderado del regimiento.

Entre las anécdotas que cuentan del niño Cristero destaca la del 5 de febrero de 1928, que nos dice: El caballo del general cayó muerto de un balazo, José bajó de su montura con agilidad y le dijo: "Mi general, aquí está mi caballo, sálvese usted, aunque a mí me maten. Yo no hago falta y usted sí" y le entregó su caballo.

En combate fue hecho prisionero y llevado ante el general callista quien le reprendió por combatir contra el Gobierno y, al ver su decisión y arrojo, le dijo: "Eres un valiente, muchacho, vente con nosotros y te irá mejor que con esos cristeros". "¡Jamás, jamás! ¡Primero muerto! ¡Yo no quiero unirme con los enemigos de Cristo Rey! ¡Yo soy su enemigo! ¡Fusíleme!". 

Después de estar prisionero en su parroquia en el lugar donde recibió el bautizo, le fue anunciada la sentencia de muerte el día 10 de Febrero de 1928, ya avanzada la noche le cortaron  las plantas de los pies con una navaja y fue conducido caminado descalzo por las calles de Sahuayo hasta su última morada que sería el panteón municipal, durante este viacrucis el Joven iba llorando y rezando y gritando vivas a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe. Una vez llegado al cementerio se le señalo la tumba donde quedaría y fue golpeado y apuñalado varias veces por sus verdugos, ante cada golpe Joselito decía ¡viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe! Ya agonizante le preguntaron que les quería mandar a decir a sus papas, a lo cual el mártir respondió: ¡que nos veremos en el cielo, viva cristo rey y María de Guadalupe! Un disparo en la sien acabo con su vida y fue enterrado en ese mismo momento.

¿Qué nos dice a nosotros Cristianos la canonización de este niño mártir? ¿A qué nos invita hoy en día el valor, el amor a Dios y a la Iglesia un niño Santo de apenas 14 años?

Sin duda alguna el deseo ar­diente de santidad y de fidelidad a Cristo hasta el martirio prendieron en su Ncorazón desde su más tierna edad. San Joselito es un gran ejemplo de verdadera entrega de fe por amor a Dios y a la Iglesia, un niño que desde el camino a su martirio cargo con amor los dolores de muchos mexicanos que sufrían la persecución, pero sobre todo, desde el dolor de sus pies desollados y al grito de viva cristo rey alimentó con fuerza la fe de muchos Mexicanos que compartían la misma suerte que él.  

San Joselito Sánchez del Rio al grito de ¡VIVA CRISTO REY Y LA VIRGEN DE GUADALUPE! sigue siendo signo de fe en medio de la turbulencia, sigo de amor en medio del miedo, signo de alegría en medio de una sociedad apagada por el desánimo y la opresión, pero sobretodo, signo de esperanza y misericordia para la juventud y la niñez de México y del Mundo.

(Berofe)

Teología

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