Hoy celebramos la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María. Y aunque normalmente en la liturgia no se acostumbra celebrar propiamente el nacimiento de los santos, se hace la excepción con san Juan Bautista y Nuestra Señora; que en el caso de Nuestra Señora, podemos encontrar un paralelismo con su Hijo, pues la Iglesia celebra tanto la concepción, como el nacimiento y la vuelta a la Casa del Padre de ambos.

La fiesta de la Natividad de la santísima Virgen surgió en oriente, y con mucha probabilidad en Jerusalén, hacia el s. v. Allí estaba siempre viva la tradición de la casa natalicia de María. La fiesta surgió muy probablemente como dedicación de una iglesia a María, junto a la piscina probática; tradición que se relaciona con el actual santuario de Santa Ana. [1]

Pero para entender mejor el misterio del nacimiento de La Santísima Virgen María, sería muy bueno que nos ubicáramos en el contexto del pecado original; precisamente en Génesis 3, 14- 15, cuando Dios sorprendió a nuestros primeros padres, Adán y Eva después de haber sucumbido a las tentaciones de la serpiente. Dios le dice a la serpiente: “Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo: él herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón.” (v. 15).

Desde ese momento, Dios hizo la promesa de la victoria de Jesús sobre la muerte, y desde luego, anunció a la mujer que habría de traer al mundo a nuestro salvador… ¿te das cuenta? ¡Estamos celebrando el cumplimiento de una promesa hecha por dios Padre desde el principio de los tiempos! Si por Adán y Eva hemos heredado la mancha del pecado original, por Jesús y nuestra Madre María, hemos recibido la gracia que nos permite alcanzar la salvación. María es la nueva Eva, que porta en su vientre al que por su muerte y resurrección nos ha dado la salvación.

Si Jesucristo es la luz de justicia, María es la aurora y la estrella que anuncia el sol, el regazo de la encarnación divina, el preludio y la esperanza de salvación, la puerta virginal a través de la cual Dios hizo su entrada en la tierra.

Te invito a que celebremos este día con alegría, recordemos con mucho amor y devociónel hecho de que Dios haya permitido la entrada en este mundo a la mujer que había de portar nuestra redención, y ¿por qué no? Compartamos con las personas que nos rodean nuestra alegría de haber sido salvados por Jesucristo que nació de la Virgen María, y compartamos también nuestra devoción hacia nuestra Señora.

Que Dios te bendiga

 

David Eduardo Zubia Caro

 

[1] http://www.corazones.org/maria/natividad_maria.htm

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