Nace en Asís Italia en 1182. Después de una juventud libertina se convierte, renunciando a los bienes paternos y entregándose de lleno a Dios, abrazando la pobreza y viviendo una vida evangélica, predicando a todos el amor de Dios.

Fundó una orden de frailes, a quienes dio una serie de normas que después serían aprobadas por la Santa Sede. Cabe destacar una seguidora muy especial: Santa Clara, primer discípulo mujer de San Francisco de Asís y fundadora de las hermanas clarisas, congregación femenina de inspiración franciscana.

Podríamos decir tanto de Francisco de Asís, quien nos enseña tanto día con día, sin embargo por ahora nos enfocaremos en el gran amor que tenia por Dios y que lo llevó a un abandono tan radical que lo llevó a ser la figura tan impactante que reconocemos en este día.

San Francisco, un hombre común que fue llamado al servicio, y no a cualquier servicio, sino al servicio de Dios a través de los pobres, amando a los más desvalidos, a la creación entera y sobre todo amando profundamente su pobreza. Y todo esto por el amor insondable que tenía por Dios y su firme decisión de servir al AMO y ya no al SIERVO.

Hagamos ahora una pequeña reflexión personal: consideremos que San Francisco no siempre tuvo en claro que debía hacer; ¿No se asemeja esto a nuestra condición actual? Debemos darnos cuenta del gran amor que tenemos por Dios y puede ser un tanto laborioso, sobretodo cuando este amor implica la renuncia, y mas que la renuncia material, la renuncia de nosotros mismos.

¿Cómo lo logró San Francisco? Venció sus debilidades gracias a la oración y a la mortificación. Se dice que un día paseando a caballo por una llanura en Asís, encontró a un leproso. Las llagas del mendigo aterrorizaron a Francisco, pero en vez de huir, quizás como la mayoría lo hubiera hecho, se acercó al leproso, que le tendía la mano para recibir una limosna. Francisco, en ese instante, comprendió que había llegado el momento de dar el paso al amor radical de Dios, y a pesar de la repulsa natural a los leprosos, venció su voluntad, se le acercó y le dio un beso. Aquello cambió su vida ya que fue un gesto movido por el Espíritu Santo.

Ahora sabemos el gran secreto de San Francisco: cambió su vida movido por el Espíritu Santo que lo llevo a vencerse a sí mismo en un gran acto de amor, y no por el amor a los pobres sino por el amor a Dios. Y ahora debemos preguntarnos ¿Nuestro amor por Dios es igual de radical? ¿Qué me falta? ¿Qué estoy dispuesto a hacer ahora por amor a Dios?

 

Alejandro García

Filosofía III

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