“Lucas, mi querido médico…” (cfr. Col 4,14) Así se referirá Pablo de Lucas, con cariño y cercanía; y de quien hoy celebramos su fiesta litúrgica…  Pero, ¿quién es ese Lucas al que se refiere Pablo? ¿Cuál es la importancia de su vida y de su acción para la Iglesia? Son escasos los datos que se reconocen acerca de él. Contrario a la tradición que lo supone oriundo de Antioquía (Siria), parece haber nacido en la ciudad de Filipos, o al menos en Macedonia. Su nombre seguramente es una abreviación de Lucano o Lucio.

Las primeras referencias a su persona están contenidas en las cartas paulinas. Fue discípulo de Pablo y suacompañante durante varios de sus viajes. El mismo Pablo, en la víspera de su martirio, dirá: “sólo Lucas está conmigo” (II Tim 4,11). Este último no fue testigo directo de Cristo, pero, interesado por la verdad histórica, reprodujo en su evangelio aquello que había oído directamente a los apóstoles y discípulos de Jesús; tal vez fue María la que le proporcionó la mayor parte de la información que se contiene en los primeros capítulos de su evangelio.

La tradición lo considera médico de profesión, así como dotado para la pintura. El evangelista es relacionado con la imagen de un toro, porque comienza su evangelio con los sacrificios que hacían en el templo, donde cada tarde se sacrificaba una res. La estructura de sus escritos está muy definida: comienza con una breve introducción, luego, inicia su relato con la anunciación a María y nacimiento de Cristo; finalizará con la ascensión a los cielos enlazándolo así con el versículo inicial de los Hechos de los Apóstoles.

Está escrito en griego culto, pues Lucas es un cristiano educado en ambientes helenistas. Intentó responder a la situación que vivía su comunidad cristiana, amenazada por la rutina y la tentación de aferrarse a los bienes de este mundo e invita a la conversión. Lo debió escribir con anterioridad a la caída de Jerusalén, en el año 70. Escribe con el estilo elegante de un escritor que se dirige a las personas cultas del mundo griego, no a los romanos.

Es el “Evangelio de la misericordia”, y tiene como objetivo presentar la ternura de Dios para con todos los pecadores y necesitados: es el evangelio de los grandes perdones. Lucas enseña al cristiano a llevar la Palabra a quien no cree. Y por ello sintió la necesidad de continuar con los Hechos de los Apóstoles, para poder presentar una serie de actos de misericordia y catequesis en la Iglesia primitiva.

Vistos los rasgos generales del evangelista y de sus escritos, quisiera poner de relieve una de sus notas características: la misericordia. En Lc 6,36, Jesús nos da una regla fundamental de vida: “sean misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso”. El texto paralelo con Mateo hablará de la perfección, sin embargo, Lucas va más allá: no sólo se trata de ser perfectos como el Padre, sino de ser misericordioso.

 Jesús nos pone una meta muy alta en la vivencia de la misericordia: ser como el Padre, ser tan misericordiosos como lo es Él; y unos capítulos más adelante, nos pondrá ejemplo perfecto de dicha misericordia, tal vez el más hermoso en toda la Escritura: la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11). Con este mismo amor con que el padre acoge a su hijo que estaba perdido, “que estaba muerto y ha vuelto a la vida” (Lc 15,24), nosotros debemos acoger y perdonar a todos aquellos que se nos acercan extraviados, muertos en la fe, sin sentido de su vida…  Pero, ¿es posible hoy esta vivencia tan radical y exigente de misericordia?

El Papa Francisco, consciente de las realidades difíciles que vivimos actualmente (egoísmo, falta de amor, desintegración familiar, cultura del descarte) ha convocado un año jubilar extraordinario que tiene como tema central: la misericordia. El cual dará comienzo el próximo 8 de diciembre del presente año, solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. El Papa quiere recordarnos, con este año jubilar, que es posible vivir la misericordia en la vida ordinaria, en los actos más pequeños y concretos de nuestra vida. Pero, de este tema ahondaremos acercándose el arranque del jubileo.

Preparémonos a este tiempo de perdón… Pero, ¿cómo? El Papa en el documento en que anuncia su voluntad de convocar un año extraordinario de la misericordia nos ofrece actos concretos, de entre los cuales, se destaca la confesión sacramental como medio por el cual el Padre quiere acogernos, a semejanza del Hijo pródigo, sin importarle nuestro pasado y nuestros errores. Otro acto de preparación podrá ser el de la lectura del evangelio de San Lucas, que es maestro de la misericordia; que éste nos enseñe y nos disponga a ser dadores y receptores de ella.

Pidámosle pues, a Dios, que por intercesión de San Lucas, nos haga prestos y disponibles a la misericordia, a semejanza de Jesús, y podamos alcanzar algún día esos bienes eternos que nos tiene prometidos.

Iván Grajeda

Teología II

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