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Hombres libres como Maldonado

15 de junio de 1892 - 11 de febrero de 1937

San Agustín dice que para conocer a una persona, no basta con preguntarle qué es lo que piensa, sino más bien, por aquello que ama. En efecto, las acciones que realiza el ser humano son motivadas por el amor que le genera hacerlas. Sin embargo, no en todos los casos, el amor es el que rige la conducta y convicciones del hombre, pues ¿qué hay con aquellos que trabajan no por amor, sino por la remuneración económica que reciben aunque el trabajo sea indigno y, muchas de las veces, inhumano? ¿Qué se puede decir de quienes se encuentran sometidos, sobre todo mujeres, a la prostitución; familias esclavizadas; niños reclutados para la guerra o el narcotráfico; o bien, jóvenes condicionados y manipulados en su conciencia por la tendencia cultural? Aunque ninguna condición, personal o social, determina las decisiones de la persona humana, es evidente que éstas se ven condicionadas por dicha realidad.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esta elemental introducción con el santo chihuahuense, San Pedro Maldonado? Hay tres elementos en el párrafo introductorio que vale la pena resaltar y vincularlos a la vida del santo: amor, condición y libertad.

Desde el martirio del Padre Maldonado se ha visto oportuno, sobre todo por iniciativa de los fieles, dar a conocer semejante testimonio. Según la época en que se vive se hace uso de elementos que suscitan el conocimiento de la vida del Padre. Sin embargo, dicho conocimiento se limita a la lectura de algún tríptico que narra su biografía, ver algún documental en Youtube, buscar fotos, contemplar las reliquias, e ir a lugares como Santa Isabel, San Francisco de Borja, el Cañón de Namúrachi, y encontrar alguna persona mayor que dice haber conocido al Padre en persona. Estos elementos, por mencionar sólo algunos, hacen pensar que se conoce realmente a Maldonado.

Retomando la afirmación de San Agustín, ¿qué amó el santo para que su vida tuviera como culmen el martirio? Aunque es importante, no basta con tener expuestas sus reliquias, rezarle la novena, conocer al pie de la letra los datos de su nacimiento, fecha de ordenación, y demás números biográficos. Todo eso sólo adquiere sentido cuando en oración se pregunta al mismo Maldonado, no lo que hizo, sino por Quién lo hizo. Y no sólo por Quién, sino maravillarse y contemplar la magnitud del amor que emanaba de su persona hacia esa Persona.

No le preguntes lo que piensa o lo que hace, sino lo que ama; así entenderás el por qué de sus acciones. ¿A quién amaste, Pedro Maldonado, que el sufrimiento y la persecución que caracterizó tu vida parecían no perturbar tu trabajo y tu persona? La respuesta es evidente: Jesús de Nazaret. Y de tal manera lo amó, que quien veía al santo, veía la santidad de Jesucristo.

Segundo elemento: las condiciones. El ser humano por naturaleza es un ser en relación. En la medida en       que se relaciona adquiere identidad y perfección. No solo relaciones entre iguales, sino con su entorno en general. Si bien es cierto que ninguna relación lo determina, pero sí lo condiciona.

El Padre Maldonado no estuvo exento de esta particularidad, sobre todo en referencia a la realidad socio-política que limitaba casi en su totalidad el desempeño de su ministerio sacerdotal. Condicionado, pero nunca determinado; condicionado, pero jamás esclavizado. Ante esta postura del padre, no veo otra imagen sacerdotal que la de Jesucristo ante Herodes, cuando algunos fariseos le advirtieron que éste quería asesinarlo: “Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso demonios y realizo curaciones…” (Lc 13, 32). Maldonado y Jesucristo son personas libres, motivadas por amor. Incluso existe cierta polémica por su aparente desobediencia a la jerarquía eclesial. Así son los santos, así es Jesucristo: incomprendidos por su visión profética.

El tercer elemento es la libertad. Hay fotografías sobre el Padre Maldonado cuando agonizaba en el hospital, evidentemente triturado a golpes. Es la misma imagen de Jesús en la Cruz. Ambos humillados de manera injusta por sus verdugos, expuestos como criminales y rebeldes ante quien tenía el poder terrenal. ¿Fracasaron? No. Ambos salieron victoriosos, pues su vida no les fue arrebatada. Más bien, en la libertad, fue entregada.

Cada acción, por el contexto en el que la llevaron a cabo, era una firma al martirio evidente que les esperaba. Eran conscientes de las posibles consecuencias que su estilo de vida traería consigo. Uno crucificado, otro en la cama de un hospital, ¿qué ves en ellos? Yo miro libertad. Vivieron como hombres libres.

La fe cristiana nos anima a creer en la vida eterna, creemos que Jesús de Nazaret es el Mesías. Por lo tanto, San Pedro Maldonado sigue “desobedeciendo” a quienes pretenden, mediante la imposición, crear y fomentar en las conciencias un mundo sin esperanza ni sentido de trascendencia. Desobedece a quienes tienen como criterio de vida el dinero y el deseo de poder enfermizo. A aquellos que como en su época, pretender limitar la expansión del Evangelio.

Que su testimonio sea motivo de reflexión y de santidad. ¡Hagan lío! Dice el Papa Francisco a los jóvenes. Pero no un lío ingenuo y sin rumbo. Un lío como el de Jesucristo y Maldonado, que tenía fundamento en el amor desinteresado, que tenía como prioridad a los marginados. Esa es la santidad de Jesucristo a la cual está llamada la Iglesia.

Alan Barrio

Teología II

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San Juan Bosco

San Juan Bosco 1815-1888

Recordamos hoy a San Juan Bosco. Nació el 16 de agosto de 1815, Castelnuovo, Italia. Murió en Turín el 31 de enero de 1888. Una vez ordenado sacerdote, dedicó su vida a la educación en la fe de la juventud, y fundó La Congregación Salesiana para que continuase su labor educativa.

Si bien es cierto, fue un gran santo, dedicado y entregado, no por el hecho de haberse consagrado como sacerdote sino por su preocupación por los más pequeños, por los necesitados, ahí reside su valor y lo que tiene para enseñarnos en una actualidad individualista. Los que eran descartados, Bosco los busca y los trata como personas, con dignidad, consciente de que el que está en frente tiene necesidades primordiales. No será fácil, puesto que los gritos de auxilio no son directos. Tenemos que ser creativos, para brindar ayuda a quienes la necesitan y la piden a gritos silenciosos, tal como lo hizo Bosco.

Él realiza una gran obra de misericordia, enseñar al que no sabe, y lo realiza con mucha habilidad, desea que el conocimiento los lleve a la verdad, a que aspiren, a construir una vida digna para ellos y para los demás, no para enorgullecerse del conocimiento sino para ponerlo al servicio a los demás.

No dudemos en pedir su intercesión, no sólo en los momentos difíciles, sino también para pedir el don de la constancia, el don de la juventud en cualquier etapa de la vida, y así servir con alegría. 

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SAN MARTÍN DE TOURS

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SAN MARTÍN, obispo de Tours, Francia 316-397

            Sus padres eran todavía paganos, cuando Martín, que apenas contaba con 12 años de edad, pidió en la ciudad de Pavía (Italia) ser admitido como catecúmeno, es decir, como candidato para recibir el bautismo. El tiempo de catecúmeno podría durar varios años; mientras tanto, Martín fue obligado a entrar al ejército romano.

En el invierno del 334 cabalgaba Martín por el portón de la ciudad de Amiens, cuando vio a un mendigo muriéndose de frío. Con la espada partió su capa militar y le regaló la mitad al hermano pobre que yacía tirado en el suelo. Más tarde tuvo la gran alegría de que su madre se convirtiera a la fe católica. Sin embargo, tuvo que sufrir la persecución de los arrianos. Su gran deseo de vivir la vida religiosa se realizó, cuando san Hilario, obispo de Poitiers, lo recibió en su diócesis y le brindo su amistad.

En los primeros siglos, los obispos eran elegidos por el clero y el pueblo. Estas elecciones dieron muchas veces buenos resultados. Así sucedió en el caso de la elección de Martín para obispo de Tours. El santo obispo vivió una vida de oración, de pobreza y penitencia y realizó a la vez una labor apostólica para evangelizar extensas regiones rurales que todavía eran paganas.

Su pueblo lo amó como a un padre, ya que estuvo continuamente visitando sus parroquias, para predicar la buena nueva y para ayudar a los marginados y perseguidos. Se propagaron leyendas se du poder milagroso y no faltaron tampoco las intrigas del clero rico, que a causa de los nuevos privilegios concedidos a la Iglesia por el emperador Constantino, compartían los honores y las riquezas de la corte.

Martín protestó ante el emperador Máximo en el 385, por la ejecución del hereje Prisciliano argumentando que las cuestiones de fe no deben resolverse por medio de la violencia. Cuando llegó a la ancianidad se dirigía frecuentemente a Dios con la siguiente oración: «Señor, si tu pueblo todavía me necesita, no rehusó el trabajo; pero hágase tu voluntad». Murió durante un viaje, cuando iba a visitar a una parroquia, el 8 de noviembre de 397. Sus funerales, el 11 de noviembre, fueron una grandiosa manifestación del cariño de sus fieles, religiosos y seglares.

«Dios nuestro, que hiciste resplandecer tu gloria en la vida y en la muerte de san Martín, obispo de Tours, renueva en nuestros corazones la fuerza de tu amor, para que ni la muerte ni la vida puedan separarnos de ti. Por nuestro Señor Jesucristo…Amén»

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San Martín de Porres

San Martin de Porres, hermano dominico, 1569-1639.

Martinico –como era su nombre familiar- nació el 9 de diciembre de 1569 en Lima, de la unión del noble español Juan de Porres con una mujer de color. Desde que nació, su condición de mulato fue motivo de discriminación. Su padre, después de ser nombrado gobernador de Panamá, dejó a la mamá y al niño en Lima. Martín aprendió el oficio de curandero y farmacéutico. Su consultorio estuvo siempre lleno de pacientes, no solo por sus buenos conocimientos de las enfermedades y dolencias físicas, sino también por el amor con que recibía a cualquier persona y en particular a los pobres. Cada día asistía a la santa misa en su iglesia parroquial, y la comunión diaria con Cristo le daba capacidad para entrar en comunión íntima con sus hermanos hasta el agotamiento de sus fuerzas.

En 1594 pidió ser aceptado en el convento de los padres dominicos en Lima. A causa del color de su piel, le impusieron un tiempo excesivamente largo de espera, que se prolongó hasta 1603. Entonces le dieron la posibilidad de ser aceptado únicamente en el ínfimo grado, como hermano lego, sin posibilidad de llegar al orden sacerdotal. Así siguió también en el convento, ejerciendo su oficio como hermano enfermero. Empezó una vida monástica de extrema penitencia, de oración y de obras de caridad, que se extendieron también fuera del convento, particularmente en favor de los enfermos pobres, sin distinción de raza, y de los niños huérfanos.

Su sabiduría y santidad atrajeron a muchísimas personas y aun al mismo virrey de Perú, para solicitar los consejos del hermano. A los ricos y poderosos no los dejaba ir sin antes haberles encomendado a sus hermanos pobres. Cuando en 1639 su vida iba a apagarse por el tifo, entonces incurable, que había contraído en el servicio de los enfermos, pobres y ricos vinieron al lecho del moribundo a pedirle su bendición. Desde su muerte, el 3 de noviembre del mismo año, fue considerado en Perú «apóstol de la justicia social», en un tiempo en que esta apertura social de la Iglesia era todavía poco practicada y menos aún en América Latina, aunque siempre había sido señalada por el Evangelio, por los Padres de la Iglesia y sus mejores teólogos.

Beatificado por el papa Gregorio XVI en 1887, fue finalmente canonizado por el papa Juan XXIII (ahora también declarado santo), el 6 de mayo de 1962.

«Disculpaba los errores de los demás; perdonaba las más graves injurias, pues estaba convencido que era mucho más lo que merecía por sus pecados; ponía todo su empeño en volver al buen camino a los pecadores; socorría con amor a los enfermos; procuraba comida, vestido y medicina a los pobres; en la medida que le era posible, ayudaba a los agricultores, a los negros y mulatos, que por aquel tiempo, eran tratados como esclavos de la más baja condición, lo que le valió, por parte del pueblo, el apelativo de “Martin de la caridad”». Homilía de Juan XXIII en la canonización de san Martin de Porres, 6 de mayo, 1962: AAS (1962), 306-309. 

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San José Sánchez del Río

José Luis Sánchez del Rio, adolescente de 14 años, es originario del hermoso pueblo de Sahuayo Michoacán, pueblo Católico y de mucha tradición.

Beatificado el 20 de noviembre del 2005 junto con trece mexicanos mártires de la persecución religiosa de la segunda década del siglo XX.

“El niño mártir Joselito” como se le conoce de cariño en Sahuayo, nació el  28 de marzo de 1913 y fue bautizado el 3 de abril del mismo año en la Parroquia de Santiago Apóstol y confirmado, ahí mismo, el 12 de octubre de 1917. Hijo de Macario Sánchez y de María del Río. Perteneció a una de las principales familias del pueblo, también perteneció a las vanguardias de la asociación católica de la juventud.

Al saber que sus hermanos se habían enlistado a los cristeros, Joselito también se enlisto en las huestes cristeras en el año 1926 con tan solo 13 años y 5 meses de edad. La frase que le dijo a su mamá y con la cual la pudo convencer para que le diera permiso de enlistarse fue: “Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora".

 Su labor como cristero fue en primera instancia el servicio a las tropas y después gracias a su piedad y fidelidad se le concedió ser el abanderado del regimiento.

Entre las anécdotas que cuentan del niño Cristero destaca la del 5 de febrero de 1928, que nos dice: El caballo del general cayó muerto de un balazo, José bajó de su montura con agilidad y le dijo: "Mi general, aquí está mi caballo, sálvese usted, aunque a mí me maten. Yo no hago falta y usted sí" y le entregó su caballo.

En combate fue hecho prisionero y llevado ante el general callista quien le reprendió por combatir contra el Gobierno y, al ver su decisión y arrojo, le dijo: "Eres un valiente, muchacho, vente con nosotros y te irá mejor que con esos cristeros". "¡Jamás, jamás! ¡Primero muerto! ¡Yo no quiero unirme con los enemigos de Cristo Rey! ¡Yo soy su enemigo! ¡Fusíleme!". 

Después de estar prisionero en su parroquia en el lugar donde recibió el bautizo, le fue anunciada la sentencia de muerte el día 10 de Febrero de 1928, ya avanzada la noche le cortaron  las plantas de los pies con una navaja y fue conducido caminado descalzo por las calles de Sahuayo hasta su última morada que sería el panteón municipal, durante este viacrucis el Joven iba llorando y rezando y gritando vivas a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe. Una vez llegado al cementerio se le señalo la tumba donde quedaría y fue golpeado y apuñalado varias veces por sus verdugos, ante cada golpe Joselito decía ¡viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe! Ya agonizante le preguntaron que les quería mandar a decir a sus papas, a lo cual el mártir respondió: ¡que nos veremos en el cielo, viva cristo rey y María de Guadalupe! Un disparo en la sien acabo con su vida y fue enterrado en ese mismo momento.

¿Qué nos dice a nosotros Cristianos la canonización de este niño mártir? ¿A qué nos invita hoy en día el valor, el amor a Dios y a la Iglesia un niño Santo de apenas 14 años?

Sin duda alguna el deseo ar­diente de santidad y de fidelidad a Cristo hasta el martirio prendieron en su Ncorazón desde su más tierna edad. San Joselito es un gran ejemplo de verdadera entrega de fe por amor a Dios y a la Iglesia, un niño que desde el camino a su martirio cargo con amor los dolores de muchos mexicanos que sufrían la persecución, pero sobre todo, desde el dolor de sus pies desollados y al grito de viva cristo rey alimentó con fuerza la fe de muchos Mexicanos que compartían la misma suerte que él.  

San Joselito Sánchez del Rio al grito de ¡VIVA CRISTO REY Y LA VIRGEN DE GUADALUPE! sigue siendo signo de fe en medio de la turbulencia, sigo de amor en medio del miedo, signo de alegría en medio de una sociedad apagada por el desánimo y la opresión, pero sobretodo, signo de esperanza y misericordia para la juventud y la niñez de México y del Mundo.

(Berofe)

Teología

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San Francisco de Asis

San Francisco de Asis: es el evangelio viviente de Jesús en el siglo XII, concibió la vida como una peregrinación. Ser peregrino significaba enfrentar el peligro, la precariedad y la incertidumbre del viaje. La brújula de Francisco, era la fe y la estrella que guiaba los pasos en la noche era el deseo de llegar al hogar donde el abrazo y la unión con Dios se anunciaban como premio y descanso del viajero.

            El pobrecillo de Asís se caracterizó por elegir la pobreza como un estilo de vida; en esta elección también decide seguir a Cristo descubriéndolo en los más pobres de su tiempo: los leprosos. Sólo de ahí decide seguirlo e imitarlo. Vivió esta opción con tal radicalidad que cuando invitó a otros al seguimiento de Cristo, lo hizo con ternura evangélica y con profundo respeto por la libertad interior y personal.

            Un elemento característico en los testimonios franciscanos es la búsqueda de la fraternidad: una con todos los hombres y de cualquier condición social. El juglar de Dios refleja un matiz ecológico y profundamente místico: las obras de la naturaleza hablan de su creador. Francisco no puede dejar de contemplarlas y sentirlas como “hermanos” y “hermanas”. Otro elemento fundamental es la libertad interior basada en la libertad evangélica, es de aquí de donde bota su amor ardiente a Jesucristo, y es al mismo tiempo, la fuente de su alegría inagotable en el servicio a Dios y a los hermanos.

Un día Francisco se topó con un almendro y le dijo:

“Hermano almendro, hábleme de Dios”.

Y el almendro floreció.

Antigua leyenda franciscana.

Jesús Jorge Legarreta

Seminarista  

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LEVÍ, EL RECAUDADOR

Mateo es citado en los Evangelios como Leví, hijo de Alfeo, publicano y recaudador de impuestos en Cafarnaúm. Era galileo por nacimiento y se dedicaba a recolectar los impuestos del pueblo para darlo a los romanos, este oficio era considerado por los judíos como perverso y maligno.
A Jesús no le importó la vida pasada de Leví ni tampoco su oficio, Jesús tenía para él algo mejor que estar al servicio de Roma. El llamado que Leví recibió por parte de Jesús fue radical en su vida, desde aquel momento, Leví mostró gran interés por compartirle al pueblo las enseñanzas y el mensaje de su Maestro.
El Nuevo Testamento no aporta más detalles biográficos sobre su persona, si bien la tradición indica que evangelizó Judea y posteriormente, fue misionero en Etiopía y Persia. Acerca de su muerte no se sabe mucho, mientras algunas fuentes mencionan que murió martirizado, otras afirman que falleció de muerte natural. En 1808, la iglesia de la ciudad italiana de Salerno reafirmó que se habían hallado sus restos, para depositarlos allí mismo. Su fiesta la celebramos hoy 21 de septiembre.

EL EVANGELIO
Cada uno de los evangelistas escribió desde un determinado punto de vista y a un destinatario distinto. El motivo principal del evangelio de Mateo es difundir la Buena Noticia que Jesús el Hijo de Dios trae a todas las naciones, especialmente al pueblo judío y quiere demostrarles que Jesucristo es el Mesías por tanto tiempo esperado, la esperanza de Israel. El Señor Dios ha cumplido las promesas que hizo a su pueblo en el Antiguo Testamento, con la llegada de Jesucristo, su Hijo.
El evangelio presenta a Jesús como el gran maestro, con autoridad para interpretar la Ley y enseñar sobre el Reino de Dios. Todo esto está encerrado en cinco grandes discursos:
1.    El sermón de la montaña.- Este relato nos da los lineamientos, deberes y privilegios de los habitantes del Reino de Dios. (caps. 2-7)
2.    Instrucciones a los doce. (cap. 10)
3.    Parábolas sobre el Reino de los cielos. (caps. 13)
4.    Enseñanzas sobre el discipulado. (cap. 18)
5.    Enseñanzas sobre el fin del mundo y la venida del Reino de Dios. (caps. 24-25)

PARA SABER MÁS
La iconografía lo ha representado con un hombre alado, o en ocasiones un ángel, esto dando alusión al primer capítulo del texto: la genealogía de Jesús, hijo de Dios, hijo de David (cfr. Cap. 1, 1-17)
San Mateo o Leví, es también santo patrono de los banqueros, contadores y fuerzas de seguridad.
Pidamos pues su intercesión, para que podamos entender mejor el mensaje del Maestro y poder transmitirlo a los demás como lo hizo San Mateo, con una fe inquebrantable y un amor infinito a Jesús y su misión.

Seminarista Fernando Riojas, Teología I

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SAN JUAN CRISÓSTOMO

Nació en Antioquia hacia el año 344 en el seno de una familia rica. Su padre ocupaba un cargo elevado en el ejército imperial de Siria, el cuál murió muy joven y su madre se tuvo que ocupar de su educación. Juan era hijo único. Su madre le puso a estudiar bajo la dirección de Libanio y descubrió que Juan era un gran orador. Juan quería dedicar su vida a la religión y por ello convirtió su casa en un monasterio donde oraba y estudiaba.

Cuando su madre murió se fue durante seis años de monje al desierto y cuando volvió a Antioquia fue nombrado sacerdote. Continuó predicando como sacerdote y consiguió grandes conversiones. Le nombraron arzobispo de Constantinopla y lo primero que hizo fue quitar todos los lujos de su palacio y emplearlos para ayudar a los más necesitados.

Teófilo de Alejandría, un terrible amigo de Juan Crisóstomo y otros cuantos enemigos de Juan consiguieron que le desterraran de Constantinopla. El santo fue tratado brutalmente por los militares que le hacían caminar bajo el sol abrasador lo que le debilito y el 14 de septiembre del 404 Juan murió. Más tarde el Papa San Pío X nombró a San Juan Crisóstomo como Patrono de todos los predicadores católicos del mundo.

San Juan Crisóstomo destacó por su manera de predicar y también por sus numerosos escritos. Esta producción literaria es extraordinariamente amplia y está compuesta fundamentalmente por sermones, aunque comprende también algunos tratados de importancia considerable y no falta un buen número de cartas.

Sus homilías se pueden clasificar en los grupos siguientes: homilías exegéticas, de las que algunas tratan sobre el Antiguo Testamento. Así, sobre el evangelio de San Mateo tiene noventa homilías, que constituyen la explicación más completa de la antigüedad sobre este evangelio. Otras casi noventa homilías sobre el evangelio de San Juan son en general más breves. Otros cincuenta y cinco sermones tratan sobre los Hechos de los Apóstoles; muchas homilías sobre cada una de las cartas de San Pablo: sobre los Romanos (32 homilías),sobre las dos cartas a los Corintios (77); sobre los Gálatas, sobre los Efesios (24), sobre los Filipenses (15), sobre los Colosenses (12), sobre las dos cartas a los Tesalonicenses (11), sobre las cartas a Timoteo, Tito y Filemón (37), sobre los Hebreos (34).

Otras homilías, menos numerosas, están pronunciadas directamente para exponer una doctrina o luchar contra un error: Sobre la naturaleza incomprensible de Dios, las Catequesis bautismales y las Homilías contra los judíos están en este grupo. En algunos sermones ataca especialmente determinados abusos morales. Así, los sermones In kalendas, donde combate la manera de celebrar el año nuevo, o su sermón contra los juegos del circo y del teatro, o las homilías sobre el diablo o sobre la penitencia, sobre la limosna o sobre las delicias futuras y la miseria presente.

Otras homilías fueron pronunciadas con ocasión de fiestas litúrgicas; otras son panegíricas de santos del Antiguo Testamento o de mártires; y otras obedecen a diversas circunstancias, como las 21 homilías al pueblo de Antioquia sobre las estatuas, cuando en un motín popular se derribaron las del emperador Teodosio y su familia. En cuanto a los tratados, el más famoso es sin duda el que versa sobre el sacerdocio. Otros tratan sobre la vida monástica y sobre la virginidad y la viudez. Otros tratados tocan el tema del sufrimiento, o están destinados a refutar impugnaciones de paganos y judíos. Las cartas son algo menos de 250, pertenecientes todas ellas al tiempo de su destierro.

Importancia para la iglesia

Fue apodado Crisóstomo que significa boca de oro por su excepcional elocuencia que le ayudo a que muchos cristianos siguieran su ejemplo y otras tantas personas se convirtieran al cristianismo. Primero fue sacerdote en Antioquia y más tarde arzobispo de Constantinopla donde demostró que lo importante no eran las riquezas si no ayudar a los que más lo necesitan.

Fuente: http://www.lafecatolica.com/

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Escuchar a Teresa

HACE casi nueve meses, el 18 de diciembre de 2015, el Vaticano hizo el anuncio oficial sobre la canonización de una mujer que nos sigue hablando. Cerrando magistralmente las puertas de un siglo que no pocos habían augurado, en sus inicios, como el siglo de la descreencia, y además abriendo, con todo vigor,  las ventanas del tercer milenio, esta religiosa excepcional cerró los ojos para que nosotros los abriéramos. Hoy quiero hablar de ese extraordinario corazón. Deseo hacerlo, precisamente, con los ojos bien abiertos. Sobre todo, como pienso que a ella le hubiera gustado aún más, anhelo hacerlo con otros ojos, y  todavía más abiertos: los ojos del alma.

Si nuestros viejos calendarios han registrado el 5 de septiembre de 1997 como la fecha en que su espíritu dejó el mundo, hoy podemos asegurarle a los nuevos, sin temor alguno a la exageración, que su presencia nunca se había sentido tan viva. De hecho, tan viva se siente, que estos ojos del alma empiezan a entenderlo: no sólo quiero aprovechar este espacio para hablar de ella. ¿Qué tantopodría yo realmente agregar sobre la fascinante bondad de una religiosa que seguramente muchos, muchos que la conocieron de cerca, muchos que estuvieron a su lado en los momentos más críticos o inolvidables, muchos con un largo camino siguiéndole las huellas, podrían relatar con mayor agudeza, autoridad y profundidad? La respuesta está clara. Y, sin embargo, la tarea de ninguna forma sale sobrando o resulta inútil, pues más claro aún nos queda para qué primordialmente nos sirve, entonces, este espacio. Nos sirve para escucharla.

Hoy quiero invitarte a eso, apreciado lector: no a que me escuches a mí, sino a que la escuchemos juntos, la escuchemos a ella, a aquella misma que si voz tiene para presentarnos el 04 de septiembre de 2016 como el día en que subió a los altares, voz tiene para presentársenos nuevamente bajo tantos nombres. Se llama amiga de los pobres, amiga del corazón infatigablemente misericordioso, amiga de las más recónditas periferias, amiga de la incansable oración, amiga de Jesús, amiga que deseamos tú y yo,  amiga residente del Cielo o, como mejor le llamamos a la ciudadanía celestial aquí, en la Tierra, se llama santa. Se llama Santa Teresa de Calcuta.

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Creo que estamos de acuerdo. Sí que vale la pena, ¡sí que vale la vida!, escucharla.

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Nacida por vez primera como Agnes Gonxha Bojaxhiu, nuestra amiga conoció el mundo el 26 de agosto de 1910 en Macedonia. Nacida por vez segunda como Teresa, enhonor de Santa Teresa de Lisieux, la patrona de los misioneros, nuestra santa conoció su vocación en 1928 cuando ya, con tan sólo diecisiete años, se había unido a las Hermanas de Loreto. Y, finalmente, nacida por vez tercera como Madre Teresa de Calcuta, nuestra maravillosa monja descubrió su vocación definitiva, su “llamada dentro de la llamada”, como ella misma lo ha expresado, cuando enviada a Calcuta a enseñar en una escuela secundaria, fue testigo de primera mano de la extrema miseria que imperaba en la ciudad india. Sucedió lo inevitable: se dio cuenta que Dios le pedía más. A partir de ahí, como sucede con cualquier persona inundada de Jesucristo, nacería una y otra vez –esa especie de nuevo nacimiento que las hondas experiencias de Dios siempre nos brindan, moviéndonos la existencia entera-  en todos los enfermos, pobres y marginados de la sociedad en que volcó su persona. Los misterios de estos nacimientos, son los misterios de los designios divinos, de su gracia operante. La Santa Madre Teresa de Calcuta nos ha dado su primera gran lección: hacer caso a la voz de Dios nos hace campos fecundos, fuentes rebosantes de vida, para nosotros y para los demás.

Sus actos de tan amorosa y radical entrega nos hacen partícipes de una pregunta ineludible: ¿nos dejamos mover por Dios? Es una interrogante curiosa pues es realizada en nuestro aquí y ahora, un aquí y ahora distinguido, precisamente, porque como nunca antes en la historia, abunda el movimiento. Nuestra época es la época del trajín. No es ninguna novedad expresarlo: en cuanto a contenidos audiovisuales, usos de los dispositivos tecnológicos, comunicación e información, es indudable que los devenires y las fluctuaciones no dejan de verse.  ¡Y ojalá siguieran haciéndolo así! Ojalá siguieran, nos dicen los corazones que laten al ritmo del de la Madre Teresa, ojalá si al menos esos movimientos fueran en concordancia con los movimientos de Dios. Y la movida esencial, de Dios para el ser humano, no es otra que la misericordia; existir y moverse en Dios, es existir y moverse en la misericordia. No en vano el Papa Francisco ha decidido canonizar a nuestra Teresa en el Año que celebra este rasgo esencial del amoroso Padre que compartimos. Si alguna frase breve tuviéramos que dedicar a nuestro inabarcable Dios, decir que es un misterio de misericordia, decirlo con el corazón encendido, con el corazón en acción, bastaría para que fuéramos la sal de la tierra, la luz entre las gentes o, expresado en otras palabras, los Teresos de Calcuta, que su Palabra nos pide.

Por desgracia, lo sabemos, los movimientos que a nuestro mundo atrapan son,  más veces de las que nos gustaría, los movimientos del ruido. ¿Cómoserá ese ruido de fuerte si, siguiendo a C.S. Lewis al proclamar que “Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero nos grita en nuestros dolores: es su megáfono para despertar a un mundo sordo”, nos damos cuenta que ni ese megáfono, en reiteradas y significativas ocasiones, nos lleva al movimiento que gobierna en el corazón divino? La cátedra en caridad de la Madre Teresa desafía directa y fuertemente uno de los elementos más negativos de nuestra llamada cultura posmoderna: el imperio del hedonismo. Los engaños de nuestro mundo consumista, esos engaños que nos dicen cómo todo marcha bien, que quieren que no nos salgamos de un sistema donde las leyes las marca el mercado, adormecen la exigente pero maravillosa tarea de implicarnos genuinamente con nuestro prójimo, sobre todo con el que más lo necesita.  Escuchar a la Madre Teresa de Calcuta es, sobre todo, escuchar la preciosa sinfonía de la relacionalidad, ésa única que nos hace personas.

La Madre Teresa sabía del lenguaje en que habla Dios encarnado, conocía el idioma en que Cristo cantó su amor sublime a todos los hombres. La extraordinaria dedicación en su forma de amar, revelan la lengua en que era experta: la lengua del misticismo. Si en su tocaya -la grande, la de Ávila- hay escritos  que dejan manifiesto a todo el mundo la sensibilidad mística que la envolvía, lo que más deja manifiesta la poesía de nuestra Teresa de Calcuta está en sus manos, está en su actuar. Santa Teresa de Calcuta es la santa de los actos concretos, de la bondad puesta en acto. Al mundo de las grandes desigualdades sociales, de la inmovilidad que nos causan las comodidades individualistas, la Madre Teresa le imparte su segunda gran lección: el amor real, aquel que no teme a la incomodidad y se lanza con los brazos extendidos a la aventura de dejarnos tocar por los demás, es la solución absoluta y tajante para cortar, de raíz, las grandes soledades que amenazan la cabal integridad del hombre contemporáneo.

Yendo a las profundidades mismas de ese conjunto de soledades, la belleza en el infatigable quehacer de la Madre Teresa nos vuelve a colocar en el centro de numerosas preguntas. ¿Qué sentía la Madre ante el contacto con tanta miseria? ¿No sentía su alma, acaso, la tentación continua a dejarse desfallecer? ¿Cómo soporta un corazón tanto peso de sufrimiento?  ¿Cómo le era posible amar aún a aquellos que le parecían más antipáticos, repugnantes o descaradamente desagradecidos? ¿Cómo sobrevivir a tanto dolor con semblante animado y sereno? ¿Cómo continuar en un camino arduo que muy fácilmente podría sólo abandonarse? Si muchas son las interrogantes, pudiendo este listado alargarse inmensamente, la respuesta es, en cambio, una sola: de pies a cabeza, la Madre Teresa era una mística. Remitiéndonos al teólogo Karl Rahner cuando postulaba que el cristiano de nuestros días sería místico o no sería, con toda rotundez podemos declarar a la Madre Teresa de Calcuta como un fabuloso ejemplo de cristiana para nuestro tiempo. Habrá que expresarlo con contundencia: los críticos desafíos que nuestra actualidad nos muestra, sólo pueden responderse desde una espiritualidad honda y decididamente mística.

¡De qué forma tan admirable nos da imagen de esto, la Madre Teresa! La personamística, aquella que ha tenido la experiencia de saberse amada por Dios, ensancha a grado tal el cofre de su interior, que permite el acceso más sanador y edificante a todo tipo de personas. La oración y la Eucaristía,  parte esencial de la santa, tenían firmemente asentado aDios en lo más íntimo de sí, pese a las oscuridades con las que ella misma luchaba. A partir del famoso desierto espiritual que por décadas la asoló, la cualidad mística que condecora a nuestra santa, adquiere otro matiz: además de misticismo, su persona toda se envuelve en la heroicidad. Una tercera lección que la escucha atenta a la Madre Teresa nos proporciona, es tan sacudidora y  confrontante como la Cruz misma que nuestra religiosa ayudó a cargar a su Señor: la fidelidad inconmoviblemente comprometida con Dios, aquella que sobrepasa el límite de lamás prolongada y dolorosa sequedad,  aquella que implica una pasión férrea aún en medio de pertinaces neblinas y sobrecogedoras tinieblas, ésa y sólo ésa, es, al final, la realmente distintiva bandera del discípulo de Jesús.

El maridaje destructor que constituyen las tentaciones del pesimismo y la desolación, ese par de ruindad que de una u otra forma se presenta en toda vida es, en el caso de la Madre Teresa, vencido con ejemplaridad.  En la santa habita la fuerza de quien si en un punto específico nos demuestra cómo su ser estaba ya orientado todo a su Salvador, ese punto es su paso firme, la inquebrantable apertura en sumirar a la compasión. Sobre todo, lo es porque esta firmeza al caminar y esta apertura al mirar, se mantenían con luz en la densa negritud de un túnel que, según ella misma nos lo ha hecho saber por sus famosas cartas, recorrió durante cincuenta años.  La grandeza de nuestra Teresa ya no sólo es su adhesión a Dios-Misericordia, o su perpetuación del Dios- Encarnación, es su configuración misma con Aquel que desvanece cualquier objeción que pudiéramos poner al Amor que se da hasta el extremo: Dios-Crucifixión.

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Y así, nuestra santa nos conduce a la parte donde realmente he de callar.

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¡Qué fáciles y banales pueden ser las palabras en el acto donde el sacrificio por excelencia admite ya solo al silencio! Si los santos son los reflejos que nos llevan a luz mayor que en Jesús anida, el lugar donde ese reflejo se vuelve más potente es proporcional al lugar donde los límites del lenguaje más terminan tambaleándose. Ese lugar no es sino el silencio de la Cruz. ¡Y cómo lo conoció nuestra madre que, más allá de ayudar a los pobres, se hizo pobre a su lado! ¿Escuchamos más música en éste, su gran silencio? La orquesta de  inefabilidad que rodea a los encuentros y entregas cruciales que un ser humano tiene con Dios se escuchan mejor, a fin de cuentas, cuando los mismos oídos que embelesados se unen con su Creador, se traducen en actuante amor. ¿Escuchamos una preciosa melodía desde el centro de desierto en que se encontró la Madre Teresa? Hagamos el mayor homenaje, entonces, que podríamos hacerle a la santa cuyos ecos se dejan escuchar desde la eterna bienaventuranza: encarnar con más fuerza el ideal cristiano. Escuchar a la Madre Teresa es querer arroparse, descubriendo por fin lo único que nos salva en los fríos crudos de este lado del Cielo, de la cobija del Amor, ésa cobija tan infinita que nos lleva a cubrir a tantos otros que siguen tiritando.

Hoy quiero envolver mis deseos por expandir semejante cobija en el espacio que cabe entre mis dos manos; ese espacio en que se unen mis diez dedos, como se unen mis palabras en la confección de una plegaria. Hoy quiero invitarte a decirle a nuestra amiga de Calcuta que seguimos escuchándola. Hagámoslo mientras, allá en la Gloria Imperecedera, nos dirigimos a Aquel que fue siempre el aliento vital detrás de la respiración que mantenía viva a la venerable mujer –grandiosa y nuevamente, junto a la Grande y a la de Liseux- nombrada Teresa.

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Te pedimos, Jesús amigo, por intercesión de la Santa Madre Teresa de Calcuta, un corazón que sepa siempre estar atento a las necesidades de nuestros hermanos. Te pedimos tu Gracia para saber cargar tu Cruz, construyendo bajo tu nombre la Civilización del Amor, la Justicia y la Paz. Danos tu Santo Espíritu para que podamos, en todo momento, dejarnos interpelar por la escucha preciosa que habita en la santidad. Inflama, Señor, como lo hiciste con la venerable Madre Teresa, nuestra misericordia, nuestro abandono a ti. Amén.

Seminarista Pablo Aarón Martínez

 

 

 

 

 

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NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

"No teman. Yo soy el ángel de la Paz. Recen conmigo". Aclamaba el ángel a los pastorcitos. Luego él se arrodilló, doblándose hasta tocar el suelo con su frente y rezó: "¡Dios mío, yo creo, yo adoro y yo te amo!, te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no confían y no te aman." Él dijo esta oración tres veces. Cuando se paró, les dijo a los niños: "Recen así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de sus suplicaciones". Él dejó los niños, quienes empezaron a decir esta oración frecuentemente.

En un primer momento se apareció el ángel a los pastorcitos (todos primos), casi 8 meses pasaron desde la última aparición del Ángel. Lucía, Francisco y Jacinta continuaron a obrar lo que el ángel les había enseñado, orando y ofreciendo sacrificios al Señor. Lucía tenía 10 años, Francisco 9 y Jacinta 7, el 13 de mayo de 1917, decidieron llevar sus ovejas en unas colinas que pertenecían al padre de Lucía. Fue ahí, solo con una excepción, donde la Santísima Virgen bajo el nombre de Nuestra Señora del Rosario se les apareció en ocho ocasiones en 1917, y una novena vez en 1920 (sólo a Lucía).

Tan importante como el lugar y el momento eran la situación a nivel mundial. En esos momentos la Primera Guerra Mundial hacía estragos en Europa, conduciendo a la humanidad a la forma más salvaje de guerra vista hasta el día de hoy. En la lejanía de Moscú, Lenin preparaba la revolución que volcó el orden social Ruso en Noviembre de 1917 y en la que se sumergió eventualmente casi la mitad de los habitantes de esta tierra.

La virgen les reveló tres secretos, los cuales se darían a conocer progresivamente, se habla del milagro del sol, frente a tantos peregrinos que arribaban al lugar de las apariciones, el 13 de octubre, admiraron cómo el sol parecía danzar. Hasta aquí es preciso hacer una precisión: La “revelación privada, se refiere a todas las visiones y revelaciones que tienen lugar una vez terminado el Nuevo Testamento; es ésta la categoría dentro de la cual debemos colocar el mensaje de Fátima”, aseveraba el entonces cardenal Joseph Ratzinger.

Surge una pregunta: ¿Por qué se aparece la virgen Santísima? Su manifestación viene a ser un recordatorio, que se extiende sin un tiempo definido. Rememora la vida que cada cristiano está llamado a tener. En la actualidad se necesita de signos y señalamientos que recuerden el sentido primero y último de todo lo que se hace. María es enviada, es testigo del gran amor de Dios. Al igual que Jesús, propone un camino de conversión, presenta una nueva concepción de Dios. Las apariciones de María son un gran signo de misericordia por parte de Dios, pues, envía a su madre con ternura.

Es importante subrayar que la Virgen se revela como Nuestra Señora del Rosario. La invitación al rezo diario del rosario se renueva. Esta práctica no sólo acerca a Dios sino que fortalece la relación con María, con los otros, a la hora de pedir por sus distintas necesidades, sensibiliza y realiza el deber del cristiano, oren unos por otros. Nuestra Señora de Fátima es un signo actual, el cual nos invita a salir de nosotros mismos por medio de la oración, que se hace por aquellos desconocidos que tanto lo necesitan (cristianos perseguidos, enfermos, encarcelados, descartados, etc.). Dios busca a los humildes, a tres pequeños niños, a Bernadette, a Juan Diego; esto ayuda a entender la predilección de Dios por los más sencillos, la humildad es una gran necesidad en un mundo tan ostentoso e inmanente.

Como cristianos estamos llamados a promover y difundir el gran amor de María y su poderosa intercesión, ser mariano no es una opción, sino un compromiso, al cristiano no se le entiende sin la figura de María, ella reproduce la voluntad de Dios, es la sierva fiel. El cristiano está llamado a ser reflejo de Dios en medio de su realidad, si bien es cierto, las dificultades diarias desvían la atención, atentan contra la búsqueda de Dios, sin embargo, no es un pretexto real, para Dios no hay limitantes, no hay nada imposible para Dios. Si tres pequeños niños pudieron transmitir el mensaje de Dios a través de la virgen, también el cristiano puede comunicar y propagar la mayor muestra de amor por parte de Dios: Jesucristo. María es un camino seguro para llegar a Jesús. La advocación de Nuestra Señora de Fátima no es la excepción. Cuantos más conozcan esta advocación, más se podrá ayudar a comprender el Evangelio en clave mariana.

La intercesión de María es un recurso magnifico, que no se debe desperdiciar, antes bien, se debe aprovechar en bien de todo creyente y no creyente. Pidamos constantemente a María que nos conceda las virtudes que le agradan a su Hijo, la docilidad para atender a la voluntad del Padre y la fuerza del Espíritu para santificar todas nuestras obras.

 

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San Pedro de Jesús "Abandonado"

Nuestra tierra tiene la dicha de haber conocido a grandes hombres que dieron su vida y derramaron su sangre por el bien de esta misma tierra que pisaron y la fe que profesaron. Tal es el caso de san Pedro de Jesús Maldonado, el primer y único santo chihuahuense, que es un claro ejemplo de valentía y entrega a favor de la fe cristiana en nuestra entidad. Un cura ranchero que continuó ejerciendo el ministerio sacerdotal y alimentando con la Eucaristía al pueblo cristiano aún en medio de la sanguinaria persecución religiosa. La consecuencia de su atrevimiento, y su firme valentía, fue la palma del martirio hace casi ochenta años.

Una frase de Tertuliano dice que “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”, y ciertamente el ejemplo arrastra. Una fe basada en el testimonio es mucho más auténtica que un conjunto de conceptos; solamente quienes encarnan un credo y lo defienden con la vida pueden llamarse verdaderamente creyentes. Los mártires supieron encarnar su fe, la defendieron y la hicieron vida y luego la dieron con gusto por su pueblo, como san Pedro de Jesús Maldonado.

Hay santos que por su vida, e incluso por su muerte, inspiran a reforzar la fe gracias a su testimonio alegre y valiente, sin embargo su veneración no alcanza a ser lo suficientemente difundida, por lo cual pueden llegar incluso a tenerse en el olvido. Mucha riqueza espiritual se aminora y se opaca con el correr de los años.

Es cierto que nuestra sociedad carece de ejemplos a seguir, pero no se trata de que no existan, sino que resulta más cómodo formarse un ideal propio y caminar según convicciones propias enmarcadas desde una supuesta “libertad” que tomar ejemplo en otros. En nuestro tiempo los ejemplos ya no resultan convincentes, sino que al contrario, se prefieren ocultar o suelen opacarse entre falsas figuras o “estrellas” que están igualmente vacías. Los santos, por esto, cada vez menos se toman en cuenta e incluso parecen pasados de moda o sacados de una película de hace años.

Nuestro santo chihuahuense pareciera estar abandonado, de aquí el nombre de este escrito “San Pedro de Jesús Abandonado”. Es una situación triste pero muy cierta. Nuestro santo chihuahuense ha dejado de ser ejemplo para este tiempo y ya no es tomado en cuenta, no suele ser el santo de devoción de nadie.

Un pueblo que no tiene ejemplos a seguir no tiene caminos que caminar. Es cacofónico, sin embargo, en el ámbito de la fe resulta similar: sin testimonio no hay conversión. La fe se gana con el precio del testimonio de otros que inspiran nuestra conversión. Por esto regresemos a testimonios y ejemplos como el de san Pedro de Jesús Maldonado, un ejemplo sencillo y tan cercano como de la misma tierra en la que vivimos.

Un Santo no puede estar pasado de moda, mucho menos un mártir, pues: “El tirano muere y su reino termina; el mártir muere y su reino comienza”. Resulta irónico, este cambio de papeles, sin embargo es cierto. Nuestras calles y monumentos realzan tiranos como los que dieron muerte a san Pedro de Jesús Maldonado, sin embargo es en estos mismos lugares donde se hacen procesiones y eventos religiosos que dejan en claro cuál es el reinado que permanece. Los testimonios como el de san Pedro de Jesús Maldonado contienen tanta riqueza espiritual y de piedad que no pueden quedarse aletargados y ocultos. Es hora de dar honor a quien honor merece. La sangre derramada nos ha ganado la fe que ahora poseemos. Cuidemos el tesoro que hemos encontrado y por el cual los mártires lo han entregado todo.

Iván Ribota, Filosofía II

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San Andrés Apóstol

San Andrés nació en Betsaida, y tuvo el honor y el privilegio de haber sido el primer discípulo que tuvo Jesús, junto con San Juan. Los dos eran discípulos de Juan el Bautista, y este al ver pasar a Jesús (cuando volvía el desierto después de su ayuno y sus tentaciones), exclamó: "He ahí el cordero de Dios". Andrés se emocionó al oír semejante elogio y se fue detrás de Jesús, Jesús se volvió y les dijo: "¿Qué buscan?". Ellos le dijeron: "Señor: ¿dónde vives?". Jesús les respondió: "Venga y verán". Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde.

Esa llamada cambió su vida para siempre. San Andrés se fue luego a donde estaba su hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Salvador del mundo", y lo llevó con Jesús, quien encontró en el gran San Pedro a un entrañable amigo y a aquél en quien fundará su Iglesia. El día del milagro de la multiplicación de los panes, fue San Andrés el que llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes. El santo presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, uno por uno, sus maravillosos sermones, viviendo junto a Él por tres años.

La tradición coloca su martirio el 30 de noviembre del año 63, bajo el imperio de Nerón.

Una tradición muy antigua cuenta que el apóstol Andrés fue crucificado en Patras, capital de la provincia de Acaya, en Grecia. Lo amarraron a una cruz en forma de X, allí estuvo padeciendo durante tres días, los cuales aprovechó para predicar e instruir en la fe a todos los que se le acercaban.

Dicen que en el nombre está la misión, y qué mejor misión para los que se llaman Andrés, que seguir los pasos de este gran pescador, apóstol y mártir. Al igual que él hay que acercar a los más que podamos, empezando por la familia, al evangelio vivo que es Cristo. No importa lo adversas que sean las situaciones en las que nos encontremos, estar dispuestos a darlo todo por aquel nos amó primero y sobre todo seguir el mandato de Cristo: “Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia”(Mt 28,19-20).

« Dichoso tú, querido apóstol Andrés, que tuviste 
la suerte de ser el primero de los apóstoles en encontrar 
a Jesús. Pídele a Él que nosotros le seamos totalmente 
fieles en todo, hasta la muerte. »

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SAN ALBERTO MAGNO

Uno de los maestros más grandes de la teología medieval es san Alberto Magno. El título de "grande" (magnus), con el que pasó a la historia, indica la vastedad y la profundidad de su doctrina, que unió a la santidad de vida. Ya sus contemporáneos no dudaban en atribuirle títulos excelentes; un discípulo suyo, Ulrico de Estrasburgo, lo definió: "asombro y milagro de nuestra época".

Nació en Alemania a principios del siglo XIII, y todavía muy joven se dirigió a Italia, a Padua, sede de una de las universidades más famosas del Medioevo. Se dedicó al estudio de las llamadas "artes liberales": gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, astronomía y música, es decir, de la cultura general, manifestando el típico interés por las ciencias naturales que muy pronto se convertirían en el campo predilecto de su especialización. Durante su estancia en Padua, frecuentó la iglesia de los Dominicos, a los cuales después se unió con la profesión de los votos religiosos. Las fuentes hagiográficas dan a entender que Alberto maduró esta decisión gradualmente. La intensa relación con Dios, el ejemplo de santidad de los frailes dominicos, la escucha de los sermones del beato Jordán de Sajonia, sucesor de santo Domingo en el gobierno de la Orden de los Predicadores, fueron los factores decisivos que lo ayudaron a superar toda duda, venciendo también resistencias familiares. Con frecuencia, en los años de la juventud, Dios nos habla y nos indica el proyecto de nuestra vida. Como para Alberto, también para todos nosotros la oración personal alimentada por la Palabra del Señor, la participación frecuente en los sacramentos y la dirección espiritual de hombres iluminados son medios para descubrir y seguir la voz de Dios. Recibió el hábito religioso de manos del beato Jordán de Sajonia.

Después de la ordenación sacerdotal, sus superiores lo destinaron a la enseñanza en varios centros de estudios teológicos anexos a los conventos de los padres dominicos. Sus brillantes cualidades intelectuales le permitieron perfeccionar el estudio de la teología en la universidad más célebre de la época, la de París. Desde entonces san Alberto emprendió la extraordinaria actividad de escritor que prosiguió durante toda su vida.

Se le asignaron tareas prestigiosas. En 1248 recibió el encargo de abrir un estudio teológico en Colonia, una de las capitales más importantes de Alemania, donde vivió en varios períodos de su vida, y que se convirtió en su ciudad de adopción. De París llevó consigo a Colonia a un alumno excepcional, Tomás de Aquino. Bastaría sólo el mérito de haber sido maestro de santo Tomás, para sentir una profunda admiración por san Alberto. Entre estos dos grandes teólogos, se instauró una relación de recíproca estima y amistad, actitudes humanas que ayudan mucho al desarrollo de la ciencia. En 1254 Alberto fue elegido provincial de la "Provincia Teutoniae" —teutónica— de los padres dominicos, que comprendía comunidades esparcidas en un vasto territorio del centro y del norte de Europa. Se distinguió por el celo con el que ejerció ese ministerio, visitando a las comunidades y exhortando constantemente a los hermanos a vivir la fidelidad a las enseñanzas y los ejemplos de santo Domingo.

Sus dotes no escaparon a la atención del Papa de aquella época, Alejandro IV, que quiso que Alberto estuviera durante un tiempo a su lado en Anagni —adonde los Papas iban con frecuencia—, en Roma y en Viterbo, para servirse de su asesoramiento teológico. El mismo Sumo Pontífice lo nombró obispo de Ratisbona, una diócesis grande y famosa, pero que atravesaba un momento difícil. De 1260 a 1262 Alberto desempeñó este ministerio con infatigable dedicación, y logró traer paz y concordia a la ciudad, reorganizar parroquias y conventos, y dar un nuevo impulso a las actividades caritativas.

En los años 1263 y 1264 Alberto predicó en Alemania y en Bohemia, por voluntad del Papa Urbano IV y regresó después a Colonia, donde retomó su misión de docente, estudioso y escritor. Al ser un hombre de oración, de ciencia y de caridad, gozaba de gran autoridad en sus intervenciones, en varias vicisitudes de la Iglesia y de la sociedad de la época: fue sobre todo un hombre de reconciliación y de paz en Colonia, donde el arzobispo había entrado en dura contraposición con las instituciones ciudadanas. Se prodigó durante los trabajos del II concilio de Lyon, en 1274, convocado por el Papa Gregorio X para favorecer la unión entre la Iglesia latina y la griega, después de la separación del gran cisma de Oriente de 1054; aclaró el pensamiento de santo Tomás de Aquino, que había sido blanco de objeciones e incluso de condenas completamente injustificadas.

Murió en la celda de su convento de la Santa Cruz en Colonia en 1280, y muy pronto fue venerado por sus hermanos dominicos. La Iglesia lo propuso al culto de los fieles con la beatificación, en 1622, y con la canonización, en 1931, cuando el Papa Pío XI lo proclamó Doctor de la Iglesia. Se trataba de un reconocimiento indudablemente apropiado a este gran hombre de Dios e insigne estudioso no sólo de las verdades de la fe, sino de muchísimos otros sectores del saber; en efecto, echando una ojeada a los títulos de sus numerosísimas obras, nos damos cuenta de que su cultura es prodigiosa y de que sus intereses enciclopédicos lo llevaron a ocuparse no sólo de filosofía y de teología, como otros contemporáneos, sino también de cualquier otra disciplina conocida entonces: física, química, astronomía, mineralogía, botánica, zoología... Por este motivo el Papa Pío XII lo nombró patrono de los cultores de las ciencias naturales y también se le llama Doctor universalis precisamente por la vastedad de sus intereses y de su saber.

Ernesto Guerrero

Teología III

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San León Magno

San León era originario de la Tuscia. Fue diácono de la Iglesia de Roma en torno al año 430, y con el tiempo alcanzó en ella una posición de gran importancia. Este papel destacado impulsó en el año 440 a Gala Placidia, que entonces gobernaba el Imperio de Occidente, a enviarlo a la Galia para resolver una situación difícil. Pero en el verano de aquel año, el Papa Sixto III falleció, y como su sucesor fue elegido precisamente san León, que recibió la noticia mientras desempeñaba su misión de paz en la Galia.

Tras regresar a Roma, el nuevo Papa fue consagrado el 29 de septiembre del año 440. Así inició su pontificado, que duró más de 21 años y que ha sido sin duda uno de los más importantes en la historia de la Iglesia. Al morir, el 10 de noviembre del año 461, el Papa fue sepultado junto a la tumba de san Pedro. Sus reliquias se conservan todavía hoy en uno de los altares de la basílica vaticana.

El Papa san León vivió en tiempos sumamente difíciles: las repetidas invasiones bárbaras, el progresivo debilitamiento de la autoridad imperial en Occidente y una larga crisis social habían obligado al Obispo de Roma —como sucedería con mayor evidencia aún un siglo y medio después, durante el pontificado de san Gregorio Magno— a asumir un papel destacado incluso en las vicisitudes civiles y políticas. Esto no impidió que aumentara la importancia y el prestigio de la Sede romana.

Es famoso un episodio de la vida de san León. Se remonta al año 452, cuando el Papa en Mantua, junto a una delegación romana, salió al encuentro de Atila, el jefe de los hunos, y lo convenció de que no continuara la guerra de invasión con la que ya había devastado las regiones del noreste de Italia. De este modo salvó al resto de la península. Este importante acontecimiento pronto se hizo memorable y permanece como un signo emblemático de la acción de paz llevada a cabo por el Pontífice.

No fue tan positivo, por desgracia, tres años después, el resultado de otra iniciativa del Papa, que de todos modos manifestó una valentía que todavía hoy nos sorprende: en la primavera del año 455, san León no logró impedir que los vándalos de Genserico, tras llegar a las puertas de Roma, invadieran la ciudad indefensa, que fue saqueada durante dos semanas. Sin embargo, el gesto del Papa que, inerme y rodeado de su clero, salió al encuentro del invasor para pedirle que se detuviera, impidió al menos que Roma fuera incendiada y logró que no fueran saqueadas las basílicas de San Pedro, San Pablo y San Juan, en las que se refugió parte de la población aterrorizada.

Conocemos bien la acción del Papa san León gracias a sus hermosísimos sermones —se han conservado casi cien en un latín espléndido y claro— y gracias a sus cartas, unas ciento cincuenta. En estos textos, el Pontífice se muestra en toda su grandeza, dedicado al servicio de la verdad en la caridad, a través de un ejercicio asiduo de la palabra, que lo muestra a la vez como teólogo y pastor. San León Magno, constantemente solícito por sus fieles y por el pueblo de Roma, así como por la comunión entre las diferentes Iglesias y por sus necesidades, apoyó y promovió incansablemente el primado romano, presentándose como auténtico heredero del apóstol san Pedro: los numerosos obispos, en gran parte orientales, reunidos en el concilio de Calcedonia, fueron plenamente conscientes de esto.

En particular, san León Magno enseñó a sus fieles —y sus palabras siguen siendo válidas para nosotros— que la liturgia cristiana no es el recuerdo de acontecimientos pasados, sino la actualización de realidades invisibles que actúan en la vida de cada uno. Lo subraya en un sermón (64, 1-2) a propósito de la Pascua, que debe celebrarse en todo tiempo del año, «no como algo del pasado, sino más bien como un acontecimiento del presente». Todo esto se enmarca en un proyecto preciso, insiste el santo Pontífice: así como el Creador animó con el soplo de la vida racional al hombre modelado con el barro de la tierra, del mismo modo, tras el pecado original, envió a su Hijo al mundo para restituir al hombre la dignidad perdida y destruir el dominio del diablo mediante la nueva vida de la gracia.

Este es el misterio cristológico al que san León Magno, con su carta al concilio de Éfeso, dio una contribución eficaz y esencial, confirmando para todos los tiempos, a través de ese concilio, lo que dijo san Pedro en Cesarea de Filipo. Con Pedro y como Pedro confesó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Por este motivo, al ser a la vez Dios y hombre, «no es ajeno al género humano, pero es ajeno al pecado» (cf. Serm. 64). Con la fuerza de esta fe cristológica, fue un gran mensajero de paz y de amor. Así nos muestra el camino: en la fe aprendemos la caridad. Por tanto, con san León Magno, aprendamos a creer en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, y a vivir esta fe cada día en la acción por la paz y en el amor al prójimo.

La figura de un Papa que en 1754 fue proclamado por Benedicto XIV doctor de la Iglesia: se trata de san León Magno. Como indica el apelativo que pronto le atribuyó la tradición, fue verdaderamente uno de los más grandes Pontífices que han honrado la Sede de Roma, contribuyendo en gran medida a reforzar su autoridad y prestigio. Primer Obispo de Roma que llevó el nombre de León, adoptado después por otros doce Sumos Pontífices, es también el primer Papa cuya predicación, dirigida al pueblo que le rodeaba durante las celebraciones, ha llegado hasta nosotros.

 

 

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SAN MARTIN DE PORRES

Martín nació en Lima Perú el 9 de diciembre de 1579. Robusto y sobrio, niño de tez morena y demás rasgos fisonómicos de la fuerte raza negra. Su madre, una india panameña de nombre Ana Velázquez, hija de esclavos cazados y arrebatados de su tierra de origen, como si de animales salvajes y peligrosos se tratase. Su padre un español de nombre Juan Porres, caballero de la Orden Militar de Alcántara emigrado a América en busca de fortuna con que realzar sus títulos y honras. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento por el Señor cura Antonio Polanco. Así atestigua el acta de bautismo firmada por él. Martín no fue reconocido por su padre, debido a su color de piel. Años más tarde haciendo honor a su fe, Don Juan Porres reconoció a Martín y a su hermana Juana, dos años más pequeña, por lo que nuestro pequeño Martín pudo ostentar el apellido Porres.

En su adolescencia y juventud, Martín se dedicó a forjar su piedad y la íntima relación con Dios, que lo llevarán a dedicarse por el resto de su vida a una donación plena al servicio de los más pobres y excluidos. Un vecino; de nombre Mateo Pastor, que junto con su esposa tenían una bótica en el barrio del mulato, en donde Martín descubre sus dotes de buen manipulador farmacéutico y buen conocedor de las hierbas medicinales, al grado de que los clientes de Mateo Pastor preferían ser atendidos por Martín. Dentro de sus habilidades también destacaba la de barbero, ya que a eso se dedicaba también Mateo, de donde Martín aprendió al igual que lo relacionado con la medicina, el oficio de barbero; y hasta eso, era muy bueno también en ese campo.

Al jóven mulato, le impactaba tanta necesidad en su pueblo, no faltaba la oportunidad de dar lo que él poseía a los que necesitaban. Desde pequeño, el procuraba dar lo que le encargaba su madre de mandado, a todos los pobres que se encontraba en la calle mendigando; esto le traía como consecuencia la llamada de atención de su madre. A raíz de su profunda amistad con Dios, y de su profundo deseo de servir a los más necesitados decide ingresar a la Orden de los Dominicos o Predicadores, en la que se le dio la oportunidad de ingresar como hermano lego.

Ya habiendo profesado como fraile, su vida se desenvolvía en las tareas más sencillas que pudiera haber en el convento de Nuestra Señora del Rosario. El oficio que se le encomendó fue el encargado de la limpieza de la casa. También explotó su dote como barbero y el de ser buen conocedor en lo medicinal. Considerado también como un taumaturgo (que Dios obra milagros por su interseción).

Toda su vida fue dedicada al servicio en lo más sencillo; no se quejaba de lo que pudiera ser una actividad de rutina dentro del convento. Él siempre estuvo dispuesto a amar con el mismo amor que llevó a Jesús a la cruz. Martín, es pues un verdadero valor humano y cristiano. Murió la noche del 3 de noviembre del año 1639.

Fue elevado a los altares el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII, hoy santo.

 

Jeblael Pérez Holguín

TEOLOGIA III

 

 

 

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SAN LUCAS, EL MÉDICO

“Lucas, mi querido médico…” (cfr. Col 4,14) Así se referirá Pablo de Lucas, con cariño y cercanía; y de quien hoy celebramos su fiesta litúrgica…  Pero, ¿quién es ese Lucas al que se refiere Pablo? ¿Cuál es la importancia de su vida y de su acción para la Iglesia? Son escasos los datos que se reconocen acerca de él. Contrario a la tradición que lo supone oriundo de Antioquía (Siria), parece haber nacido en la ciudad de Filipos, o al menos en Macedonia. Su nombre seguramente es una abreviación de Lucano o Lucio.

Las primeras referencias a su persona están contenidas en las cartas paulinas. Fue discípulo de Pablo y suacompañante durante varios de sus viajes. El mismo Pablo, en la víspera de su martirio, dirá: “sólo Lucas está conmigo” (II Tim 4,11). Este último no fue testigo directo de Cristo, pero, interesado por la verdad histórica, reprodujo en su evangelio aquello que había oído directamente a los apóstoles y discípulos de Jesús; tal vez fue María la que le proporcionó la mayor parte de la información que se contiene en los primeros capítulos de su evangelio.

La tradición lo considera médico de profesión, así como dotado para la pintura. El evangelista es relacionado con la imagen de un toro, porque comienza su evangelio con los sacrificios que hacían en el templo, donde cada tarde se sacrificaba una res. La estructura de sus escritos está muy definida: comienza con una breve introducción, luego, inicia su relato con la anunciación a María y nacimiento de Cristo; finalizará con la ascensión a los cielos enlazándolo así con el versículo inicial de los Hechos de los Apóstoles.

Está escrito en griego culto, pues Lucas es un cristiano educado en ambientes helenistas. Intentó responder a la situación que vivía su comunidad cristiana, amenazada por la rutina y la tentación de aferrarse a los bienes de este mundo e invita a la conversión. Lo debió escribir con anterioridad a la caída de Jerusalén, en el año 70. Escribe con el estilo elegante de un escritor que se dirige a las personas cultas del mundo griego, no a los romanos.

Es el “Evangelio de la misericordia”, y tiene como objetivo presentar la ternura de Dios para con todos los pecadores y necesitados: es el evangelio de los grandes perdones. Lucas enseña al cristiano a llevar la Palabra a quien no cree. Y por ello sintió la necesidad de continuar con los Hechos de los Apóstoles, para poder presentar una serie de actos de misericordia y catequesis en la Iglesia primitiva.

Vistos los rasgos generales del evangelista y de sus escritos, quisiera poner de relieve una de sus notas características: la misericordia. En Lc 6,36, Jesús nos da una regla fundamental de vida: “sean misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso”. El texto paralelo con Mateo hablará de la perfección, sin embargo, Lucas va más allá: no sólo se trata de ser perfectos como el Padre, sino de ser misericordioso.

 Jesús nos pone una meta muy alta en la vivencia de la misericordia: ser como el Padre, ser tan misericordiosos como lo es Él; y unos capítulos más adelante, nos pondrá ejemplo perfecto de dicha misericordia, tal vez el más hermoso en toda la Escritura: la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11). Con este mismo amor con que el padre acoge a su hijo que estaba perdido, “que estaba muerto y ha vuelto a la vida” (Lc 15,24), nosotros debemos acoger y perdonar a todos aquellos que se nos acercan extraviados, muertos en la fe, sin sentido de su vida…  Pero, ¿es posible hoy esta vivencia tan radical y exigente de misericordia?

El Papa Francisco, consciente de las realidades difíciles que vivimos actualmente (egoísmo, falta de amor, desintegración familiar, cultura del descarte) ha convocado un año jubilar extraordinario que tiene como tema central: la misericordia. El cual dará comienzo el próximo 8 de diciembre del presente año, solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. El Papa quiere recordarnos, con este año jubilar, que es posible vivir la misericordia en la vida ordinaria, en los actos más pequeños y concretos de nuestra vida. Pero, de este tema ahondaremos acercándose el arranque del jubileo.

Preparémonos a este tiempo de perdón… Pero, ¿cómo? El Papa en el documento en que anuncia su voluntad de convocar un año extraordinario de la misericordia nos ofrece actos concretos, de entre los cuales, se destaca la confesión sacramental como medio por el cual el Padre quiere acogernos, a semejanza del Hijo pródigo, sin importarle nuestro pasado y nuestros errores. Otro acto de preparación podrá ser el de la lectura del evangelio de San Lucas, que es maestro de la misericordia; que éste nos enseñe y nos disponga a ser dadores y receptores de ella.

Pidámosle pues, a Dios, que por intercesión de San Lucas, nos haga prestos y disponibles a la misericordia, a semejanza de Jesús, y podamos alcanzar algún día esos bienes eternos que nos tiene prometidos.

Iván Grajeda

Teología II

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SANTA TERESA DE ÁVILA

Entrar en contacto (superficial) con la valiosa herencia que legó (en materia espiritual) Santa Teresa resulta en sí, un ejercicio revelador, a la hora de repensar los temas fundamentales con los que se le relaciona; la oración, la contemplación, y la experiencia mística.

Nace un 28 de marzo de 1515 en Ávila, España. Siendo apenas una joven de 17 años, ingresa en el convento de la Encarnación, en la misma localidad. En medio de enfermedades y revelaciones, (aparición de Jesús y la contemplación de un Cristo llagado) realizaba su vivencia en el convento con insatisfacción, reclamaba austeridad y oración. No fue hasta 1560, después de múltiples adversidades, que se le concede la aprobación a su Reforma Carmelita, la cual consistía en volver a la austeridad, la pobreza y la clausura, ella consideraba que estos elementos componían el auténtico espíritu carmelita; esta reforma alcanzó la rama varonil, dirigida por San Juan de la Cruz, él dirigía a los Carmelitas Descalzos, fue un colaborador incomparable. Fallece el 4 de octubre de 1582 en Alba de Tormes, a causa de la tuberculosis, su cuerpo se mantuvo incorrupto, sus restos se distribuyeron por España. Es canonizada el 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV. Es proclamada Doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970 por el Papa Pablo VI, siendo así, la primera mujer en alcanzar esta dignidad, gracias a sus importantes obras literarias de gran valor espiritual: Las moradas, Camino de perfección y Conceptos del amor de Dios, entre otras.

La oración marcó de un modo definitivo la vida de Santa Teresa. Para ella, la oración es: “la columna vertebral de la vida cristiana”. En la misa línea, afirmaba que el mayor reto de la oración radica en “ser amigo de Dios”.  Buscó sin descanso el modo más perfecto para vivir en oración, se empeñó en hacer de su vida una oración que agradara a su amado. Santa Teresa descubrió en la contemplación el culmen de la oración. Para ella, el contemplativo era aquel que mantenía una amistad estrecha con Dios. La contemplación pura consistía en recibir. Así pues, la oración viene a ser un hogar de amistad, entre el orante y su amado, abriendo así una relación mística en el amor. No todos pueden acceder a este “modo” de oración, puesto que Dios elige a quién se le concede esta gracia, sin embargo, los caminos de comunicación los decide Dios; “Dios tiene muchos modos de mostrarse”. (Camino Perfecto 34, 14) Santa Teresa apunta con firmeza que: “Dios se comunica no menos que como Dios”.

A ella se le propone como modelo de: “contemplativa en la acción”, salvaguardaba el tiempo-espacio de la oración, y a la vez, era pronta para el servicio y el buen obrar. Santa Teresa insiste en perseverar en la oración con humildad frente a Dios sin exigir o buscar experiencias sobrenaturales. Su testimonio testifica el deseo apasionado por alcanzar el “modo” más profundo de unión con Jesús. Tal fue su intimidad, que en su éxtasis recibe el don de la transverberación, (el corazón traspasado por un fuego divino) retratado espléndidamente por la escultura de Bernini. Para Santa Teresa la santidad consistía en: “andar con humildad, es decir, andar en verdad”, esto significa que: “humildad no sólo es reconocer los defectos y aceptar las humillaciones, sino descansar en los dones de Dios, apreciar todo lo bueno y verdadero como destellos de la gloria del Señor”, asevera Mons. Juan Antonio Reig, obispo de Alcalá de Henares.

En el marco celebrativo del 45 aniversario del doctorado de Santa Teresa y conmemorando paralelamente el V centenario de su nacimiento, se llevó al estudio su vida y pensamiento, bajo la óptica de algunas ciencias interdisciplinares, en el Congreso Mundial Teresiano que se realiza en la Universidad de la Mística, del 21 al 17 de septiembre, en Ávila. A Santa Teresa de Ávila se le concibe como patrimonio de la humanidad. Una vez concluido el Congreso, el Presidente de la Conferencia Episcopal Española afirmó que: “las palabras de Santa Teresa siguen vivas y siguen confrontando a los hombres de este tiempo”. El Cardenal Ricardo Blázquez aseguró que: “Santa Teresa de Jesús viene a ser una mujer admirablemente libre”; así mismo el Arzobispo de Valladolid subrayó que la Santa de Ávila: “es patrimonio espiritual de la humanidad como persona que ha tenido siempre en el centro a Dios”. Sin duda podemos afirmar que Santa Teresa de Jesús, o como bien es conocida, Santa Teresa de Ávila demostró que sólo Dios basta. Cada hombre puede enriquecerse con la lectura de sus escritos o con el simple conocimiento de su vida en sus experiencias. Ella es, un testimonio siempre actual.

 

Ewaldo Popoca

II de Teología

 

 

 

 

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SAN FRANCISCO DE ASÍS

Nace en Asís Italia en 1182. Después de una juventud libertina se convierte, renunciando a los bienes paternos y entregándose de lleno a Dios, abrazando la pobreza y viviendo una vida evangélica, predicando a todos el amor de Dios.

Fundó una orden de frailes, a quienes dio una serie de normas que después serían aprobadas por la Santa Sede. Cabe destacar una seguidora muy especial: Santa Clara, primer discípulo mujer de San Francisco de Asís y fundadora de las hermanas clarisas, congregación femenina de inspiración franciscana.

Podríamos decir tanto de Francisco de Asís, quien nos enseña tanto día con día, sin embargo por ahora nos enfocaremos en el gran amor que tenia por Dios y que lo llevó a un abandono tan radical que lo llevó a ser la figura tan impactante que reconocemos en este día.

San Francisco, un hombre común que fue llamado al servicio, y no a cualquier servicio, sino al servicio de Dios a través de los pobres, amando a los más desvalidos, a la creación entera y sobre todo amando profundamente su pobreza. Y todo esto por el amor insondable que tenía por Dios y su firme decisión de servir al AMO y ya no al SIERVO.

Hagamos ahora una pequeña reflexión personal: consideremos que San Francisco no siempre tuvo en claro que debía hacer; ¿No se asemeja esto a nuestra condición actual? Debemos darnos cuenta del gran amor que tenemos por Dios y puede ser un tanto laborioso, sobretodo cuando este amor implica la renuncia, y mas que la renuncia material, la renuncia de nosotros mismos.

¿Cómo lo logró San Francisco? Venció sus debilidades gracias a la oración y a la mortificación. Se dice que un día paseando a caballo por una llanura en Asís, encontró a un leproso. Las llagas del mendigo aterrorizaron a Francisco, pero en vez de huir, quizás como la mayoría lo hubiera hecho, se acercó al leproso, que le tendía la mano para recibir una limosna. Francisco, en ese instante, comprendió que había llegado el momento de dar el paso al amor radical de Dios, y a pesar de la repulsa natural a los leprosos, venció su voluntad, se le acercó y le dio un beso. Aquello cambió su vida ya que fue un gesto movido por el Espíritu Santo.

Ahora sabemos el gran secreto de San Francisco: cambió su vida movido por el Espíritu Santo que lo llevo a vencerse a sí mismo en un gran acto de amor, y no por el amor a los pobres sino por el amor a Dios. Y ahora debemos preguntarnos ¿Nuestro amor por Dios es igual de radical? ¿Qué me falta? ¿Qué estoy dispuesto a hacer ahora por amor a Dios?

 

Alejandro García

Filosofía III

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TERESITA, EL AROMA DE DIOS

La Florecita del Carmelo como muchos la llaman o simplemente Santa Teresita, ha sido una mujer ejemplar para mi vida desde que la conocí al entrar al Seminario. Sin duda que desde ese momento ella y San Pedro de Jesús me han acompañado en esta gran aventura.

Lo poco que conocía de su vida eran cosas simples y tal vez para mí sin asombro: una mujer santa y reconocida por la Iglesia Católica como ejemplo para todos los hombres y mujeres del mundo. Paulatinamente fui conociendo su vida, su camino vocacional, su amor ardiente hacia Jesús y su Iglesia, haciendo todo con un amor especial, un amor único y sencillo; simplemente haciendo del momento más ordinario un momento extraordinario para conversar con el Amado y ofrendarleamor, esfuerzo y oración, obteniendo así una combinación perfecta de entrega a Dios y un acto exigente de imitar para cualquier individuo.

Al conocer la persona de Teresa y su espiritualidad pronto la adopté como mi madrina espiritual. Su[1]  doctrina espiritual ha sido para mí una enseñanza e invitación para esforzarme y llegar a ser santo mediante las acciones diarias que en ocasiones se vuelven rutinarias. Ella logró hacerse una sola cosa con Jesús mediante estos actos, mediante actos perfectamente ordinarios.

Para mí el concepto de santidad era inalcanzable y muy lejano de idealizar, Santa Teresita me enseña que esto es posible. Ella buscaba en cada instante santificar a Dios mediante obras sencillas, para Teresita no era necesario llevar a cabo actos heroicos ni grandes obras para alcanzar la santidad o agradar al Buen Dios:

"Siempre siento la misma confianza audaz para convertirme en una gran santa, porque no dependo de mis méritos, ya que no tengo ninguno. Es sólo Él, contentándose de mis débiles esfuerzos quien me va a levantar hacia Él mismo y, cubriéndome con sus infinitos méritos, podré ser santa".

Es así como Teresita, en tan poco tiempo, me ha cautivado y me invita a cambiar el ritmo de vida para poder encontrar a Jesús dentro de mí, a ansiar fuertemente una vida adherida a Jesús, un anhelo loco y extremo por querer ser santo, seguir su ejemplo y así poder amar de la misma manera a Jesús y un día poder decir: “ya a nada tengo miedo, pues su paz me ha inundado y el fuego de su amor nunca se apagará. Mi amado es para mí y yo soy para mi amado”

Después de su muerte en 1897 hasta nuestros días Santa Teresita con solo 24 años de vida dejó un gran modelo de entrega y servicio que debemos de seguir; ella ha sido ejemplo de vida para muchos hombres y mujeres famosos, científicos, médicos y otros muchos personajes. Entre ellos destacan el Papa Francisco, Édith Piaf una cantante francesa, y Henri Bergson un destacado filósofo, y sin duda para grandes santos y beatos como San Pío de Pietrelcina, San Maximiliano Kolbe, San Pedro de Jesús Maldonado, San Juan Pablo II, Beata Teresa de Calcuta cuyo nombre eligió en honor a santa Teresita y María Inés Teresa Arias beata mexicana.

Teresita es una de las santas más veneradas en la Iglesia católica, de origen francés y vida monástica dentro de la Orden de las Carmelitas Descalzas, es Doctora de la Iglesia y patrona universal de las Misiones. ¡Pidamos su intercesión para que también podamos ser fuego, profetas y apóstoles y así llevar a Jesús a todos los rincones de la tierra!

 

Santa Teresita del Niño Jesús, ¡Ruega por nosotros!

¡Préstame tu vida Teresa, préstame tu corazón!

 

Fernando Riojas

Filosofía III

 [1]

 

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EL PADRE PIO

El padre que jamás deja a sus hijos espirituales.

En alguna ocasión (mes de octubre para ser exactos), conocí a un sacerdote poco peculiar. Me parecía un tanto extraño. Era como el típico hombre sabio que aparece en las películas. Tenía estatura media, con su corporeidad un poco rechoncha; su cabello largo y blanco y un poco despeinado; sus barbas también blancas y largas que le cubrían el pecho. Lo encontré en una misa y no creí que fuera sacerdote, de hecho, mi primera impresión fue que era un vagabundo con sus ojos cerrados dentro de una Iglesia. Pero cuál fue mi sorpresa que al iniciar la misa, estaba ahí, concelebrando con otros padres, revestido con su alba y una estola blanca y larga hasta las rodillas que bien hacían juego con todo su aspecto.

Después, en otra ocasión, coincidimos en una comida y casualmente (digo casualmente pero en realidad busque acomodar todo con esa intención) estaba compartiendo los alimentos con él.

-Buenas tardes- le dije mientras me sentaba en la silla.

-Buenas tardes- contestó mientras se colocaba el pañuelo en sus piernas.

 

Sin más, al rato y después de unos cuantos bocados, nos encontrábamos platicando con un poco de dificultad por el ruido de la música, aparte de que su español no era muy claro ya que él era italiano. Hablábamos de muchas cosas. Y comenzó la gran historia:

-¿Usted ha escuchado hablar del padre Pio de Pietrelcina?... él también era italiano- pregunté esperando recibir un “no” por respuesta, pero después de un silencio abrumador, decidió contestar:

-Él es el culpable de que yo esté aquí-.

 

Fue tan sorprendente esa respuesta que aún recuerdo haberlo volteado a ver con los ojos más grandes que en mi vida había podido haber abierto. Y es que yo tenía tan poco tiempo de haberme encontrado por primera vez con el padre Pio, cuando al comprar el misal mensual de Septiembre venia en la portada y lo recorte admirado de verle con guantes y también el leer la reseña de su vida de oración y sacrificio. Y lo guarde en mi pequeño baúl de cosas de valor.

-Fui su monaguillo- platicó con una sonrisa pícara en su rostro y prosiguió.

 – Y, al terminar una misa me dijo: “si eres fiel a Dios, algún día serás sacerdote”, y desde ahí, jamás me dejó en paz. Ya joven cuando me ordené Diácono en la orden de San Benito, empecé a experimentar dudas en si en realidad esa era mi vocación o si solo había hecho caso a Padre Pio.  Y siguiendo con estas dudas, un día, mientras estaba en mi celda, me recliné en la cama apoyando la cabeza en la pared. De repente, en la oscuridad de la noche, vi a alguien atravesar la puerta de la celda y era  Padre Pio que se acercaba a mi (cabe señalar que padre pio ya había fallecido). Lo vi solo de la cintura para arriba y me reprendió: “necesitas ordenarte sacerdote para rescatar a todas esas ovejas que se encuentran perdidas como tú ahora”. En ese momento perdí cualquier duda y me ordene sacerdote. Padre Pio jamás abandona a sus hijos espirituales.- y la charla continuó.

 

Yo me quede con la boca abierta, sin poder decir siquiera una palabra. En verdad era cierto lo que había leído de este Fraile Capuchino: un hombre de profunda oración, tocado por la mano de Dios desde su infancia; un hombre que sufrió verdaderamente las heridas de Cristo en sus manos, pies, costado y hombro. Los dones como el de bilocación (estar en dos lugares a la vez), ser un padre de misericordia y muchos más.

Pero el trabajo más sorprendente, al menos para mí, y en el que me gustaría hacer más énfasis, fue en el de pasar (aproximadamente) 18 horas en el confesionario. El hecho de estar ahí sentado escuchandoel dolor, sufrimiento y, sobre todo, el arrepentimiento de los Cristianos, que como el Hijo Prodigo, reconociendo sus pecados, regresan a la casa del Padre para ser regenerados en su dignidad como personas y ante todo ser revestidos de la gracia de Dios. Ser un ministro de la misericordia de Dios y administrarla a los hermanos,sí que es algo sobrenatural.

He querido contar esta pequeña anécdota porque es Jesucristo el rostro de la Iglesia que ahora pide que sus Hijos vuelvan a ella. Y aunque su amor misericordioso se manifiesta constantemente, me parece espectacular la inspiración del Espíritu Santo para proclamar el “año de la Misericordia”. Un año en el que se pretende lograr llegar a Las periferias (en palabras del papa Francisco) más lejanas, llevando la misericordia de Dios, recordándole a las gentes que  siempre está latentey no es exclusiva de este año que se aproxima. Es importante reconocer la labor tan importante que tienen en ello los sacerdotes como administradores de esta misericordia, particularmente en el sacramento de la confesión.

Y qué mejor que para inaugurar este año de la misericordia, la presencia de tres Franciscos: el Papa francisco que proclama el año de la misericordia siguiendo el ejemplo de Jesus. El testimonio de Francisco de Asís, de donde se inspira el Papa para tomar su nombre como sucesor de Pedro,como el Santo que da ejemplo en la vida de misericordia sobre todo para con los más pobres, y la gran amistad que hace con Francesco Forgione (Padre Pio) a invitarlo para formar parte de su orden de frailes menores.

Aunado a esto, es de gran relevancia que el cuerpo de padre pio se encuentre presente en el vaticano. Un cuerpo incorrupto que habla por sí mismo de la santidad del hombre que entregó gran parte de su ministerio sacerdotal, a llevar una vida de esfuerzos para poder hacer palpable la misericordia de Dios con sus hermanos.

Bendito sea Dios por este gran acontecimiento en el que esperamos todos que el Señor siga fijando su rostro sobre nosotros, y que tal como lo dice la acción de gracias de Padre Pio después de comulgar, podamos decir con él: “¡Quédate, Señor, conmigo! A Ti solo busco: tu amor, tu gracia, tu voluntad, tu corazón, tu espíritu, porque te amo y no quiero otra recompensa que amar. Y que se puedan, así, seguir escribiendo historias como esta, que dan testimonio de que la misericordia de Dios está siempre cerca y no abandona.

Jesus Heber

Telogía III

 

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