Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo

Mt 5,13-16

Del mismo modo que la sal preserva la carne de la descomposición, los discípulos de Cristo producen el efecto de preservar a los hombres antes de que se corrompan interiormente y se echen a perder. Los cristianos no deben perder su maravilloso sabor, son como la sal en la sopa: su presencia discreta no se detecta; en cambio su ausencia no puede disimularse. El cristiano debe ser sal de la tierra, sal humilde, fundida, sabrosa, que actúa desde dentro, que no se nota, pero que es indispensable.  Quien está penetrado del Espíritu de Jesús tiene una influencia purificadora en su entorno.

El mismo que dijo: “Yo soy la luz del mundo”, dice también: “ustedes son la luz del mundo…alumbre así su luz a los hombres para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre”. En la primera lectura (Is 58, 7-10) se nos concreta qué significa ser luz para los demás: seremos luz, no tanto por lo que sabemos y decimos, sino por lo que hacemos (testimonio de nuestras obras de misericordia), partir el pan con el que no tiene, no oprimir a nadie, hospedar a los sin techo, no adoptar nunca un gesto amenazador…Sólo entonces seremos luz. Ésta es una idea esencial que Mateo proclama constantemente, une siempre el Reino de Dios con la justicia, no en el sentido paulino, sino el modo recto de actuar de los hombres. Cuando el hombre se comportacorrectamente, cuando cumple losmandatos de Jesús, el Reino de Dios llega a este mundo.   

San Agustín comenta este pasaje del Evangelio: el Señor manda que nuestras obras se vean, diciendo: nadie enciende una candela y la pone bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los de la casa. Y también: Brillen así vuestras buenas obras ante los hombres -dice- para que vean vuestras buenas acciones. Y no se paró ahí, sino que glorifiquen -añadió- a vuestro Padre que está en los cielos (Mt 5,15-16). Una cosa es buscar en la buena acción tu propia alabanza y otra buscar en el bien obrar la alabanza de Dios. Cuando buscas tu alabanza, te has quedado en la mirada de los hombres; cuando buscas la alabanza de Dios, has adquirido la gloria eterna. Obremos así, no para ser vistos por los hombres; es decir, obremos de tal manera que no busquemos la recompensa de la mirada humana. Al contrario, obremos de tal manera que busquemos la gloria de Dios en quienes nos vean y nos imiten, y caigamos en la cuenta de que si él no nos hubiera hecho así, nada seríamos. (Sermón 338)

Con la imagen de la luz, Jesús piensa no sólo en cada persona que se hace transparente a la luz de Dios, sino también en la comunidad cristiana, cuyo trato entre unos y otros impregnado de perdón y reconciliación se constituye en luz para el mundo. Que seamos luz para tantas personas desorientadas, que viven en crisis, en la oscuridad o en la penumbra.

Pbro. Luis Antonio Bañuelos

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