REFLEXIÓN PARA EL DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A

“Acuérdate que somos polvo. Y quien hizo al hombre del polvo y le dio vida, entregó a la muerte a su Hijo Único, por este barro. ¿Quién puede explicar, o al menos pensar dignamente, cuán grande es su amor?” (San Agustín).

Las lecturas de este domingo, son una invitación a poner la confianza en Dios como Padre, mientras vivimos en medio de las realidades cotidianas, exhortándonos a vivir con serenidad cada jornada, eliminando las preocupaciones inútiles y buscando sobre todo el Reino de Dios y su justicia, es decir, poniendo las preocupaciones espirituales por delante de las materiales.

“No se preocupen por su vida… no se inquieten…” nos dice nuestro Señor en el Evangelio; la preocupación estéril aumenta las dificultades y disminuye el deber del momento presente; y sobre todo, faltamos contra la confianza en la Providencia que el Señor ejerce sobre todas las situaciones de la vida.

Decía el Papa Benedicto XVI en el año 2011: “La fe en la Providencia, de hecho, no exime de la cansada lucha por una vida digna, sino que la libera de la preocupación por las cosas y del miedo del mañana”.

Preguntémonos en este momento ante Dios: ¿Qué cosas me inquietan o me preocupan? ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida?

A estas preguntas responde el Papa Francisco en el año 2014: “Si se deja a Dios el sitio que le corresponde, es decir, el primero, entonces su amor conduce a compartir también las riquezas, a ponerlas al servicio de proyectos de solidaridad y desarrollo, como muestran tantos ejemplos incluso recientes, en la historia de la Iglesia”

Y en el 2013, nos decía el Papa: “ El dinero sirve para realizar muchas obra buenas, para hacer progresar a la humanidad, pero cuando se transforma en la única razón de vida, destruye al hombre y sus vínculos con el mundo exterior”.

Dios sabe la necesidad que padecemos; busquemos por tanto el reino de Dios y su justicia en primer lugar, y todo lo demás se nos dará por añadidura (cf. Mt 6,33). No se trata obviamente de ignorar las necesidades vitales de la existencia, el pan y el vestido, sino de decidir si en general todas las necesidades del cuerpo son las preocupación principal y única en la vida, o si habrá lugar para otra búsqueda más importante.

Trabajemos con ganas para que Dios reine en nosotros y en el mundo, sabiendo que el dinero y los bienes materiales son un medio, no los convirtamos en un fin.  Pongamos todo lo demás en sus manos paternales; el Señor no nos fallará.

Termino con esta invitación del Papa Benedicto XVI a ala luz de la Palabra de Dios de este domingo: “os invito a invocar a la Virgen María con el título de Madre de la divina Providencia. A ella le encomendamos nuestra vida, el camino de la Iglesia, las vicisitudes de la historia. En particular, invocamos su intercesión para que todos aprendan a vivir siguiendo un estilo más sencillo y sobrio en la vida cotidiana y en el respeto de la creación, que Dios ha encomendado a nuestra custodia”.

Que así sea.

Pbro. Lic. Leopoldo Prieto Rivero

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