"El administrador sagaz"

Hace dos domingos nos enseñaba Jesús a buscar la verdadera sabiduría: distinguir lo que es importante y lo que no lo es en nuestra vida, para renunciar, si es el caso, a las cosas secundarias y asegurarnos las que en verdad valen la pena. Hoy nos pone un tema siempre actual ¿Qué uso debemos hacer del dinero, para que no nos estorbe, sino al contrario nos favorezca para conseguir un crecimiento en nuestra fe? Según el uso qué hagamos de los bienes materiales de esta vida estamos mostrando nuestra sensatez o nuestra insensatez.

Jesús con una parábola que nos puede parecer extraña, porque parece alabar a un administrador injusto, por la astucia con que había procedido, al conceder rebajas a sus acreedores, renunciando a su propia comisión. Pareciera que Jesús hace suya esta alabanza, pues lo pone como ejemplo para los hijos de la luz ¿Que diremos nosotros? ¿Es que puede presentarse como modelo a un sinvergüenza? ¿Jesús se pone de parte del injusto? Si queremos comprender la enseñanza del Señor, es necesario aclarar el sentido de la misma: el amo no aprueba la gestión de su administrador, al que despide precisamente por fraude, sino que alaba su previsión del futuro, queriendo ganarse amigos para los tiempos malos que se le avecinan. Por tanto el administrador infiel es alabado por astuto, no por injusto, es así que los hijos de la luz deben imitar la agudeza, astucia y previsión que en sus negocios ponen los hijos de este mundo: no es la falta de honradez y la corrupción lo que se pone de modelo, sino la sagacidad.

Seremos listos en el uso del dinero, si lo usamos como un medio, sin convertirlo en un fin absoluto. Si nos dejamos esclavizar por él, si caemos víctimas de su fascinación, llegando incluso a injusticias evidentes, no hemos sabido o querido entender lo que es importante y lo que no lo es. 

Tenemos que ser astutos, sagaces, creativos para las cosas espirituales como lo somos seguramente para las económicas y materiales de nuestra vida.  En el empeño por conseguir los bienes y la meta definitiva del reino de Dios, los creyentes debemos imitar el esfuerzo y la dedicación de los que aspiran alcanzar sólo los bienes terrenos: hacer dinero, adquirir un puesto, asegurar el éxito; si por estos fines el hombre es capaz de gastar todas sus energías, cuanto más debe hacerlo por Dios que es la fuente de todos los bienes recibidos por la humanidad.

Con esta propuesta, Jesús nos invita a no ser ingenuos, estamos llamados a orientar nuestra vida con sagacidad. Con esta parábola, podemos reconocer que: aún de los errores se aprende, mientras hay vida, hay esperanza. Debemos aprovechar la culpa como una ocasión para ponernos en relación con los demás. La culpa nos invita a tratarnos humanamente unos a otros. El administrador hace lo único posible: deja que se vaya su culpabilidad y acorta su culpa. De esta manera tiene La esperanza de que la gente le acogerá en su casa. Él se comporta creativamente con su culpa. Es creativo para ver cómo puede sacar lo mejor de su falta. Hay que ganar amigos con el dinero injusto, para que, cuando nos falte, nos reciban en las moradas eternas.

Pbro. Luis Antonio Bañuelos  

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