(Lucas 10, 1-12, 17-20)

En el gran discurso misional del evangelio, Jesús envía a sus discípulos «como corderos en medio de lobos». Hoy día vemos hombres, que se comportan como lobos con respecto a la familia. Y ahora que quieren minar en su misma base la familia, diciendo que cualquier relación puede ser un “matrimonio igualitario”, ¡a dónde vamos a parar! Eso no es familia; eso no es matrimonio; eso es propiciar un caos social, que se nos viene encima. El contenido básico de la evangelización es el reino de Dios, inaugurado en Jesús. Fruto de este anuncio es la paz de Dios. La paz bíblica (shalom), la paz de Cristo, no es la mera ausencia de guerra, sino la síntesis de todas las bendiciones. Cristo introdujo una nueva realidad en el curso de la historia, la familia, el perdón, la paz; y nos envía a todos para anunciar el evangelio de la vida, del matrimonio y de la familia. Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual.

El Papa Francisco, en su Exhortación La alegría del amor, dice: “La sociedad y la política no terminan de percatarse de que una familia en riesgo pierde la capacidad de reacción para ayudar a sus miembros. Notamos las graves consecuencias de esta ruptura en familias destrozadas, hijos desarraigados, ancianos abandonados, niños huérfanos de padres vivos, adolescentes y jóvenes desorientados y sin reglas. Como indicaron los Obispos de México, hay tristes situaciones de violencia familiar que son caldo de cultivo para nuevas formas de agresividad social, porque las relaciones familiares también explican la predisposición a una personalidad violenta. Las familias que influyen para ello son las que tienen una comunicación deficiente; en las que predominan actitudes defensivas y sus miembros no se apoyan entre sí; en las que no hay actividades familiares que propicien la participación; en las que las relaciones de los padres suelen ser conflictivas y violentas, y en las que las relaciones paterno-filiales se caracterizan por actitudes hostiles. La violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básicas” (AL 51).

“Nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio es algo que favorece a la sociedad. Ocurre lo contrario: perjudica la maduración de las personas, el cultivo de los valores comunitarios y el desarrollo ético de las ciudades y de los pueblos. Ya no se advierte con claridad que sólo la unión exclusiva e indisoluble entre un varón y una mujer cumple una función social plena, por ser un compromiso estable y por hacer posible la fecundidad” (AL 52).

“El varón juega un papel igualmente decisivo en la vida familiar, especialmente en la protección y el sostenimiento de la esposa y los hijos. La ausencia del padre marca severamente la vida familiar, la educación de los hijos y su integración en la sociedad” (AL 55).

Salvemos la familia, no sólo defendiendo que debe estar formada por un hombre y una mujer, sino procurando que haya amor, diálogo, responsabilidad y educación en valores, en cada una de nuestras familias, mostremos que este proyecto de Dios es un camino de felicidad. 

 

Pbro. Luis Antonio Bañuelos

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