En cierta medida, el texto evangélico de este domingo hace una fotografía de dos características del hombre de hoy: un hombre atareado y estresado. Vemos a una mujer, Marta, muy agitada, casi desbordando en lo compulsivo, pero así comparable con tantas expresiones actuales: ¿de que sirve rezar tanto? Lo importante es obrar bien, o quien dice que no es muy religioso pero se esfuerza por hacer el bien, hay incluso quien personas tan entregadas en hacer acciones de bien, que no tienen tiempo para un encuentro de escucha con Dios. Hay mucho ruido que pretende invadir hasta nuestros espacios mas íntimos, basta pensar en quien se despierta y lo primero que hace es revisar el celular, porque es importante que tenga batería suficiente, de lo contrario puede ser un mal día. El ultimo gesto del día puede ser revisar el celular o apagar la televisión. Es cierto que la comunicación y la información es importante, sin embargo ello dificulta la concentración, la reflexión, la interiorización, en una palabra la paz interior, porque todo se impone desde afuera que sin filtrarlo, analizarlo y hacer opciones personales se corre el riesgo de vivir una vida que no es nuestra, vivir una vida impuesta.

 

Marta es la imagen de quien vive estresado, de quien lleva una agenda muy apretada y de quien dice: «no tengo tiempo», «estoy cansado», «me gustaría, pero no me ajusta el tiempo», de quien se ocupa tanto en hacer cosas, incluso muy buenas, pero no sabe ser bueno. Y como a Marta, Jesús nos dice: «no vivas tu vida tan frenéticamente, de una lado a otro, quiero tu compañía».

 

Con todo, debemos decir que no se trata simplemente de dos alternativas que reducirían nuestro actuar: o acción o contemplación, sino de buscar un equilibrio. De una acción contemplativa y de una contemplación activa. Jesús en múltiples pasajes del evangelio también quiere que quien le sigue haga acciones, él mismo recorre ciudades de norte a sur. Trabaja mucho, pero ora mucho, a veces noches enteras y siempre antes de decisiones (acciones) importantes en su vida. La vida transcurre entre la oración y la acción.

 

Quizá la gran enseñanza sea pues aprender a estar a los pies de Jesús, como María, es decir que entre la vida tan agitada podamos encontrar en Dios un descanso verdaderamente reparador a través del silencio, de la oración y de la convivencia. ¿Qué crees que te pide el Señor? ¿Más oración? ¿Una mayor intensidad en la calidad de la convivencia con la familia o con los amigos? Porque en el recuperar todo ello, seguramente, como María, saldremos reanimados de ese encuentro y encontraremos paz a los pies del Señor.

 

Pbro. Edgar Estrada León

 

 

 

 

 

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