Cada domingo somos convocados por nuestra Santa Madre la Iglesia para celebrar la victoria de nuestro Señor Jesucristo sobre el pecado y sobre la muerte; y de manera más intensa en este tiempo litúrgico en el que nos encontramos: la Pascua. Es precisamente en celebración de la Eucaristía donde, entre otras gracias ybendiciones que recibimos, se nos brinda la oportunidad de pensar, meditar, reflexionar, tomar conciencia del Cielo, de las realidades eternas, del Reino de Dios. Porque es muy fácil que, por las prisas y las muchas actividades de la vida diaria, nos olvidemos de buscar los bienes de arriba, donde está Cristo; de pensar y poner el corazón en los bienes del Cielo, no en los de la tierra (cf. Col 3, 1-2).

 

En este IV domingo de Pascua, conocido como el “domingo del Buen Pastor”, tanto la Palabra de Dios como las oraciones propias de la liturgia, nos hablan del Cielo: de gozar de las alegrías celestiales (cf. oración colecta), de los que están destinados a la vida eterna (cf. 1ª. Lect.), de una muchedumbre que está de pie delante del trono y del Cordero (cf. 2da. Lect.), de las ovejas que escuchan la voz del Buen Pastor y Él les da la vida eterna (cf. Evangelio), de que los misterios pascuales que celebramos, se conviertan para nosotros en causa de eterna felicidad (cf. oración sobre las ofrendas), y de que el Buen Pastor se digne conducir a las ovejas a las praderas eternas (cf. oración después de la Comunión).

 

Pensar en el Cielo, desear el Cielo, es lo que nos hace vivir la virtud gozosa de la esperanza, a la cual nos invitaba el Papa Francisco a vivirla y a acrecentarla, en su homilía de la Vigilia Pascual del pasado sábado 26 de marzo.

 

Nos decía el Papa: “La esperanza cristiana es un don que Dios nos da si salimos de nosotros mismos y nos abrimos a Él. Esta esperanza no defrauda porque el Espíritu Santo ha sido infundido en nuestros corazones (cf. Rm 5,5). Hay tanta necesidad de ella hoy. ¿Cómo podemos alimentar nuestra esperanza? La liturgia de esta noche nos propone un buen consejo. Nos enseña a hacer memoria de las obras de Dios. La Palabra viva de Dios es capaz de implicarnos en esta historia de amor de Dios, alimentando la esperanza y reavivando la  alegría. No olvidemos su Palabra y sus acciones, de lo contrario perderemos la esperanza” (Papa Francisco, Vigilia Pascual, 26 de marzo de 2016).

 

Y quienes tenemos la misión específica de enseñar, santificar, y conducir, guiar al pueblo de Dios al Cielo, de alimentar y acrecentar en los fieles la fe, la esperanza y la caridad, somos los sacerdotes. Que este “domingo del Buen Pastor”, en el que el Papa nos llama a participar en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, sea una oportunidad para orar por la santificación de todos los sacerdotes y, a la vez, de pedir por las vocaciones consagradas, especialmente sacerdotales, para que seamos muchos los pastores que sepamos, por gracia de Dios, cumplir con la misión encomendada por Jesús, el Buen Pastor, y así podamos alcanzar juntos, rebaño y Pastor, la eterna felicidad. Amén.

 

Pbro. Leopoldo Prieto

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