“Jesús preguntó a Pedro; Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Jn. 21, 16

Jesús tambien pregunta a N, hij@ de N, ¿me amas más que éstos?

JESÚS ES UN BUSCADOR DEL AMOR. Él interroga al corazón sobre el amor, sobre la realidad más profunda y verdadera. Jesús no busca explicación de hechos ocurridos o pretextos de negaciones pasadas.

 

Él excava el corazón vacilante del apóstol, entre la desconfianza y el abatimiento, para buscar lo mejor que hay dentro. Jesús pregunta sobre el amor y espera encontrar aquello que busca. Jesús interroga: ¿sabes amar?, una pregunta fundamental en cuya respuesta se juega tu vida.

 

Jesús hoy interroga:

·      ¿Los valores de la amistad, del amor y de la felicidad,  son para ti los valores más grandes?

·      ¿El amar a Dios sobre todas las cosas es una realidad en ti?

·      ¿Estarías dispuesto a entregar la vida y sacrificarla por amor?

·      ¿El egoísmo, el placer, el poder, el tener, sofocan el fuego de amor que Jesús viene a encender con su resurrección?

·      ¿Manifiestas el amor que me tienes en la oración, en la adoración, en la eucaristía?

Si haz fallado en el amor, llora tu pecado como Pedro en tus noches de traición y tristeza, llora tu haber abandonado a Jesús. Pero con el corazón arrepentido y ardiente lánzate a Cristo sin reservas:

“Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor… se lanzó al agua” Jn. 21, 7

Se tiró al agua para llegar a  la orilla a encontrarse con Jesús, porque Pedro deseaba ser encontrado por el “buscador del amor”.

¿Deseas ser encontrado? o, ¿prefieres el anonimato ante Dios? ¡JÓVEN, TEN EL VALOR DE DEJARTE ENCONTRAR POR AQUEL QUE TE BUSCA!. Cuando huyes de Jesús para esconderte es porque tus obras no están cargadas de amor. Y eso Jesús ya lo sabe, él conoce tu pobre corazón de discípulo vacilante pero lo busca para llamarle “Pedro”, es decir piedra, fortaleza, cimiento. A pesar de tus faltas de amor Jesús vuelve a llamarte y te dice: “Sigueme” Jn. 21, 19.

Esta llamada te dará fuerzas para seguir adelante, Esta conmovedora escena nos anima a que a pesar de las negaciones, le queremos y le decimos:

“Señor tú lo sabes todo sobre mí:

sabes que te quiero y que te niego;

pero me acojo a tu misericordia,

hoy quiero dejarme examinar por tu amor,

hoy quiero de ti aprender a amar,

hoy te quiero seguir”.

 

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