LA NOVEDAD QUE SE NOS PUEDE AÑEJAR,

DIOS ES PADRE MISERICORDIOSO

 

En este IV domingo de cuaresma se nos proclama una de las parábolas que tal vez la mayoría conocemos bastante bien y se le suele llamar “del hijo pródigo”. Pero que indudablemente trata de lo que Jesús ha venido a recordarnos, que Dios es un Padre amoroso y misericordiosamente a querido venir a nuestro encuentro una y otra vez.

 

Y es precisamente esta característica divina la que el Papa Francisco quiere que meditemos durante este año de la Misericordia que ha convocado, y más que meditar nos atrevamos a vivir y gozar esta experiencia de Amor y Misericordia con nuestro buen Dios.

 

Meditando el Evangelio es en torno a esta parábola donde encontramos plasmado ese rostro misericordioso de un Padre que no deja ni dejará de amarnos, pudiéramos decir que somos su debilidad, somos sus hijos amados aún con todas nuestras debilidades y pecados, Él siempre está dispuesto a acogernos, y es precisamente esta actitud de Jesús la que inquieta a los fariseos y maestros de la ley que murmuran “este recibe a los pecadores y come con ellos”.

 

Ante estas murmuraciones Jesús se planta con seguridad para dirigirles esta parábola que indudablemente podríamos llamar “el Padre Misericordioso”, novedad que en ocasiones se nos puede añejar en la “monotonía” del trato con Dios, y es aquí donde podemos detenernos y adentrarnos en el Evangelio para contemplar tres actitudes que Jesús nos revela del Padre:

 

Dios nos da libertad y espera que sepamos vivir en ella, ante el reclamo del hijo más joven que le dice “Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde” , Él simplemente reparte su fortuna y pone en nuestra manos las decisiones que queramos tomar y dirigir nuestra vida, desafortunadamente el hijo más joven decide vivir de manera desordenada y mal gastar su propia vida.

 

Dios siempre esta atento e interesado en nosotros y a pesar de nuestras decisiones, buenas o malas, Él esta al pendiente de nosotros para salir inmediatamente a nuestro encuentro ante el más mínimo gesto de nuestra parte de querer volver a Él, así nos lo hace ver el Evangelio: “Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y, conmovido profundamente, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó con ternura”. Y es eso precisamente lo que Él desea con ansia, que nos dejemos abrazar con su amor y misericordia, espera que nosotros tan solo nos dejemos amar y volvamos a Él para acogernos con ternura.

 

Dios es insistente, le interesas, te quiere junto a Él; a pesar de nuestro pecado u obstinación y orgullo, como le pasó al hijo mayor ante el festejo que el padre organizó por el regreso de su hijo menor: “tanto se enojó y no quería entrar. Su padre tuvo que salir a rogarle que entrara”. Wowwww!! El padre sale a rogar, está dispuesto a rogarnos que estemos con Él, quieres, desea, anhela que siempre estemos a su lado.

 

Ante este Dios de amor creo yo que no hay corazón que se pueda resistir, no nos resistamos, evitemos caer en cualquiera de las dos actitudes de estos hijos, no seamos obstinados como el hijo menor que ante el engaño de una proclamación de nuestra libertad la podemos mal gastar y echarla a perder y perdernos; o como el hijo mayor que orgulloso e inconsciente nunca se dio cuenta que tenía todo lo que su padre le compartía día con día y lo peor del caso es que no fue capaz de compartir ese amor que su padre le brindaba y saber acoger a su hermano.

 

Que el Señor no permita que caigamos en la obstinación, orgullo o inconciencia del amor que constantemente nos invita a experimentar, dejémonos abrazar por Él para que viviendo esta experiencia de reconciliación y amor en esta cuaresma, también nosotros podamos ser manifestación de amor y misericordia para saber acoger al hermano que va a nuestra lado en este peregrinar de la vida.

 

Pbro. Francisco Esparza

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