La Palabra de Dios en este domingo, destaca, en sus tres lecturas, el elemento de la vocación: La vocación de Isaías en la primera lectura (cf. Is 6, 5-8), la explicación que el apóstol San Pablo hace de su vocación apostólica (cf. 1-Cor 15, 8-11), y la vocación de Simón Pedro: “no temas, desde ahora serás pescador de hombres” (Lc 5, 10).

 

En este contexto, cabe reflexionar el aspecto vocacional, el cual se hace presente, o debería hacerse, en cada bautizado, pues la llamada de Dios no se dirige a unos de manera exclusiva (sacerdotes, religiosos, religiosas), sino que, como lo ha confirmado el Concilio Vaticano II, se dirige a todos y cada uno de los bautizados.

 

La vida cristiana consiste fundamentalmente en seguir al Señor; y para seguirle, es preciso escucharle. El Papa Francisco, en su homilía del 5 de septiembre de 2013, decía: “nuestra oración debe tener siempre estos tres momentos. Ante todo la escucha de la Palabra de Jesús, una Palabra a través de la cual Él nos da la paz y nos asegura su cercanía. Después el momento de nuestra renuncia: debemos estar dispuestos a dejar algo: “Señor, ¿qué quieres que deje para estarte más cerca?”. Tal vez en aquel momento no lo dice. Pero nosotros hagamos la pregunta, generosamente. Finalmente, el momento de la misión: la oración nos ayuda siempre a entender lo que “debemos hacer”.

 

Cada uno de nosotros está invitado a trabajar por la salvación de los hermanos, pero esta labor que podríamos llamar, “de apostolado”, debe ser consecuencia del encuentro personalcon Cristo. Pues como vemos en el Evangelio, es la Palabra de Jesús la que ha llenado las redes de Simón Pedro, y de la misma manera, es la Palabra de Cristo la que hace eficaz el trabajo del discípulo. En otras palabras: la acción del hombre sin Cristo, es estéril, mientras que con Cristo, se vuelve fecunda.

 

Por esta razón, en el apostolado, la fe y la obediencia son indispensables. Sin obediencia todo es inútil ante Dios. Así lo llega a expresar San Juan Crisóstomo: “Dios no necesita de nuestro trabajo, sino de nuestra obediencia”. Responder a su Palabra, obedeciendo incluso cuando un mandato pueda parecer absurdo o inútil. En el Evangelio, Pedro le dice al Señor que han estado trabajando toda la noche sin pescar nada; de hecho, pescaban ordinariamente a esas horas, y ahora viene la Palabra del Señor que les pide lanzar las redes de día… ¿Cómo pescar de día? Pero Pedro obedece al Señor: “confiado en tu palabra, echaré las redes”; a pesar del cansancio, a pesar de hora inoportuna para esa tarea, a pesar de la ausencia de peces, Simón Pedro confía, y obedece… “y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían”.

 

La enseñanza que nos deja esta Palabra de Dios es que, sólo cuando se reconoce la propia inutilidad y se confía en el Señor, utilizando a la vez todos los medios humanos disponibles, el apostolado es eficaz, pues “toda fecundidad en el apostolado, depende de la unión vital con Cristo” (Decreto Apostolicam Actuositataem, n. 4).  

 

Pbro. Leopoldo Prieto Rivero

 

 

 

 

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