Is 40,1-5.9-11; Sal 103; Tit 2,11-14;3,4-7; Lc 3,15-16.21-22

 

Con esta celebración terminamos el tiempo litúrgico de la Navidad. Los tres Evangelios sinópticos comienzan la vida pública de Jesúscon su bautismo administrado por Juan el Bautista. No podemos reflexionar en el Bautismo de Cristo, sin pensar en nuestro propio bautismo, pues son idénticos los elementos que lo constituyen: el cielo abierto, el don del Espíritu Santo, la filiación divina y la llamada al compromiso misionero. Está claro que el bautismo de Jesús es una revelación Cristológica, una manifestación de su divinidad.

La apertura del cielo sirve de introducción a todo el resto del Evangelio: el cielo abierto simboliza la llegada del perdón de los pecados. El gran misterio radica en que Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, ungido con el Espíritu Santo y presentado por el Padre, abre el camino para que los seres humanos caídos se incorporen a Cristo por el bautismo y reciban de igual forma el Espíritu, y sean adoptados como hijos de Dios (Cirilo de Alejandría). Así también para nosotros se ha abierto el cielo en nuestro bautismo. Desde este momento, el Espíritu acompañará siempre a Jesús en su ministerio público, pues el Espíritu es siempre el Espíritu de Jesús (Gregorio Nacianceno). En cuanto “Ungido”, Jesús se halla en las aguas del Jordán tanto en solidaridad con nosotros como en sustitución nuestra (Cipriano). Al entrar en el Jordán en nuestro nombre, Jesús santifica el agua de nuestro bautismo (Máximo de Turín). La aparición del Espíritu Santo en forma de paloma evoca a Noé, donde vemos a la Iglesia, para quien la paloma es un símbolo de la paz, y señalando a Cristo, cuya Iglesia es su cuerpo. La manifestación de que Jesús es el Hijo muy amado de Dios constituye lo esencial de su bautismo, y muestra la unidad existente entre el Padre y el Hijo (Ambrosio). La predilección del Padre, se trata de la aprobación que recibe Jesús como el que estará completamente identificado con la voluntad del Padre. Así la manifestación de Dios en este momento es ratificación y declaración de todo su apoyo y respaldo a la misión del Hijo. Jesús enfocará, toda su vida, su acción y sus esfuerzos a mantener viva y operante esta confirmación del Padre.

Hoy renovemos nuestro compromiso bautismal, para asumir que también Dios se nos manifiesta y nos confirma como a sus hijos muy amados. En nuestra vida cotidiana: ¿Se mantiene viva y operante esa confirmación divina? Tratemos de vivir los elementos de nuestro bautismo: la presencia del Espíritu Santola identidad de hijos de Dios, la misión evangelizadora, el cielo abierto, como lo dice San Lucas de Jesús, mientras oraba. A Lucas le parece importante subrayar la actitud orante de Cristo, su estar en oración, su diálogo filial con el Dios vivo. En efecto a partir de esta actitud de comunión, y de diálogo es como se abre el cielo y Dios hace oír su voz, es como Jesús cumple su misión.  La oración de Jesús, nos motiva para ser evangelizadores que oran y que trabajan, con un fuerte compromiso social y misionero, con una espiritualidad que transforme el corazón. Siempre hace falta cultivar un espacio interior que otorgue sentido cristiano al compromiso y a la actividad (EG 262).

Que por la maternal intercesión de santa María Virgen, Dios nos conceda a sus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, nos conservemos siempre dignos de su complacencia.      

 

Pbro. Luis Antonio Bañuelos

 

 

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