En este IV Domingo del tiempo Ordinario contemplamos en la segunda lectura el “Himno a la Caridad” del Apóstol Pablo. La exhortación es una invitación a aspirar al don mas excelente: el amor, lo mas grande y noble que hay en la vida de un ser humano, ya que la caridad siempre edifica y propaga felicidad. Estamos llamados a aspirar a este don para desbordarlo y contagiarlo.

El amor es este poder misterioso que hace a las personas acercarse y unirse. Sin embargo la tarea de amar es difícil ya que el amor es una realidad frágil, ¡Llevamos este tesoro en vasijas de barro!. Por tanto el amor necesita ser rodeado mediante la comprensión, el servicio, la generosidad, el perdón, la justicia, la verdad. ¡Gran tarea es esta! trabajar el amor.

Es por eso que para lograrlo hemos de encontrar en el texto de san Pablo un esbozo de proyecto personal de vida; gran riqueza hallaremos si nos comprometemos con este ideal con todo el corazón y bajo la mirada de Dios:

“El amor es comprensivo, es servicial y no tiene envidia, no es presumido ni se envanece, no es grosero ni egoísta, no se irrita ni guarda rencor, no se alegra con la injusticia, sino goza con la verdad… disculpa sin limites, espera sin limites, soporta sin limites.”

Pablo deja en claro en que consiste el bien amar; hoy en día es fácil concebir el amor bajo un mero sentimentalismo pero es algo mucho mas profundo, ya que amar al otro significa querer el bien de la persona amada, (amarlo como es, también con sus límites y defectos).

Por eso para amar como Pablo propone hemos de concebir el amor como una decisión, es el optar resolutivamente a hacer el bien por la persona amada. Y eso nos llevará a un amor oblativo, es decir, a no buscar en el amor el propio interés; el amor es desinteresado, pues el que ama se pone al servicio del otro, sin memoria de resentimientos, sin lista de quejas, sabiendo dar y pedir perdón. Este desinterés propio nos lleva la un amor oblativo. El amor que propone Jesús no es posesivo sino “OBLATIVO”. ¿Qué quiere decir esto? Un amor desinteresado que tiende al bien del otro y no a la búsqueda del propio bien. Que no busca poseer sino dar. El amor oblativo es capacidad de dar perdonar, compadecerse y alegrarse no en el recibir sino en el dar.

 

¡ES PUES TODO UN PROYECTO DE VIDA!. El vivir el amor de esta manera es posible pero siempre y cunado tengamos la ayuda de Dios. ¡El apóstol Pablo no exagera cuando nos propone este ideal! Este es el verdadero amor y se puede llevar a cabo. RECORDEMOS QUE  DIOS NO PIDE COSAS IMPOSIBLES.

Pbro. José Carlos Chávez 

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