En el Evangelio que hoy nos presenta San Marcos, podemos distinguir dos secciones: 1a. Respecto al empleo del nombre de Jesús, el que no está contra nosotros está a nuestro favor, dice el Señor; 2a. Acerca del escándalo: hemos de evitarlo a toda costa para entrar en el Reino de Dios.

 

En la primera parte, a pesar de los esfuerzos de Jesús por enseñarles a vivir como Él, al servicio del Reino de Dios, haciendo la vida de las personas más humana, más digna y dichosa, los discípulos no terminan de entender el Espíritu que lo anima: su amor grande a los más necesitados.

 

El relato de Marcos es muy iluminador. Los discípulos informan a Jesús de un hecho que los ha molestado mucho. Han visto a un desconocido «expulsando demonios». Está actuando «en nombre de Jesús» y con su estilo: se dedica a liberar a las personas del mal que les impide vivir de manera humana y en paz. Sin embargo, a los discípulos no les gusta su trabajo liberador. No piensan en la alegría de los que son curados por aquel hombre. Su actuación les parece una intrusión que atenta contra la exclusividad de su maestro en ofrecer la compasión y misericordia para con los necesitados.

 

Le exponen a Jesús su reacción: «Se lo hemos querido impedir porque no es de los nuestros». Aquel extraño no debe seguir curando porque no es miembro del grupo. No les preocupa la salud de la gente, sino su prestigio de grupo. Pretenden monopolizar la acción salvadora de Jesús: nadie debe curar en su nombre si no es parte del grupo.

 

Jesús reprueba la actitud de sus discípulos y se coloca en una lógica diferente. Él ve las cosas de otra manera. Lo primero y más importante no es el crecimiento de aquel pequeño grupo, sino que la salvación de Dios llegue a todo ser humano, incluso por medio de personas que no pertenecen al grupo: «el que no está contra nosotros, está a favor nuestro». El que hace presente en el mundo la fuerza curadora y liberadora de Jesús está a favor de su grupo.

 

Jesús rechaza la postura sectaria y excluyente de sus discípulos que sólo piensan en su prestigio y crecimiento, y adopta una actitud donde lo primero es liberar al ser humano de aquello que lo destruye y hace desdichado. Éste es el Espíritu que ha de animar siempre a sus verdaderos seguidores.

 

Comentando el evitar los escándalos, ya hemos señalado que para Jesús, lo primero dentro del grupo de sus seguidores es olvidarse de los propios intereses y ambiciones y ponerse a servir, colaborando juntos en su proyecto de hacer un mundo más humano. No es fácil. A veces, en vez de ayudar a otros creyentes, les podemos hacer daño.

 

Es lo que preocupa a Jesús. Que entre los suyos, haya quien «escandalice a uno de esos pequeños que creen». Que entre los cristianos, haya personas que, con su manera de actuar, hagan daño a creyentes más débiles, y los desvíen del mensaje y el proyecto de Jesús. Sería desvirtuar su misión y la continuidad de la obra de salvación por medio de sus seguidores.

 

Jesús emplea imágenes para que cada uno “arranque” de su vida aquello que se opone a su estilo de entender y de vivir la vida. Está en juego «entrar en el Reino de Dios» o quedar excluido, «entrar en la vida» o terminar en la destrucción.

El lenguaje de Jesús es metafórico. La «mano» es símbolo de la actividad y el trabajo. Jesús empleaba sus manos para bendecir, curar y tocar a los excluidos. Es malo usarlas para herir, golpear, someter o humillar. «Si tu mano te hace caer, córtatela» y renuncia a actuar en contra del estilo de Jesús.

 

También los «pies» pueden hacer daño si nos llevan por caminos contrarios a la entrega y el servicio. Jesús caminaba para estar cerca de los más necesitados, y para buscar a los que vivían perdidos. «Si tu pie te hace caer córtatelo», y abandona caminos errados que no ayudan a nadie a seguir a Jesús.

Los «ojos» representan los deseos y aspiraciones de la persona. Pero, si no miramos a las personas con el amor y la ternura con que las miraba Jesús, terminaremos pensando sólo en nuestro propio interés. «Si tu ojo te hace caer córtatelo» y aprende a mirar la vida de manera más evangélica.

Pidamos al Señor nos enseñe a mostrar un Evangelio creíble, evitando el monopolio del Espíritu y, conducidos por él, no ser ocasión de pecado para la gente sencilla.

 

Pbro. Rogelio Marquez Nevarez

 

 

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