Mc 16,15-20

Hoy celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. Acontecimiento plenificante donde contemplamos la exaltación y el paso de Jesús resucitado a la gloria del Padre.

El Señor Jesús una vez terminado su ciclo terrenal: Encarnación, vida y misión, muerte y resurrección, asciende glorioso.

Jesús resucitado manda a sus discípulos a todo el mundo, no hay límites territoriales, a proclamar la Buena Nueva (el Evangelio) v. 15, a toda creatura; es decir sin fronteras raciales, para que sean adheridos a Él por la fe. Los discípulos obedientes van en el nombre de Jesús Resucitado, con su respaldo y fuerza del Espíritu a la misión.

Posteriormente dirá el evangelista v. 19 “fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”. Así también lo proclamamos en el Credo.

No entramos imaginativamente en la esfera de la física o en el lenguaje de lugar o espacio. Nos remite a otra realidad más impactante: Evidencia el pleno poder salvador de Jesús en igualdad con el Padre y el Espíritu Santo como Dios que es.

La Iglesia, nuevo Pueblo de Dios, convencida de esta realidad proclama que la salvación está sólo en Cristo Jesús.

No podemos pasar por la vida indiferentes o pasivos, sabiendo que Jesús vive y reina por toda la eternidad.

Pbro. Ildefonso Acosta Corrales
Vicerrector Teología

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