La Palabra de Dios que la Iglesia nos propone hoy en su liturgia aborda dos realidades fundamentales en la vida del cristiano que, viviendo y realizando el camino cuaresmal, lo conducirán a la plena alegría pascual: los diez mandamientos (1ª lectura) y Jesús, el nuevo Templo de Dios (Evangelio).

Los diez mandamientos no son un fardo pesado e imposible de cumplir. Están a la altura espiritual e intelectual de cualquier hombre para que éste los pueda cumplir y, mediante su cumplimiento, pueda lograr la verdadera libertad interior, que es hacia donde nos conduce el cumplimiento de este decálogo. Dios se los da a Israel en su trayecto por el desierto; el pueblo ha dejado de ser esclavo en Egipto y ahora tiene que aprender a vivir, a afrontar su libertad. Dios es quien lo conduce y quien le enseña cómo puede alcanzar no sólo la libertad externa, sino y, sobre todo, la libertad interior. El camino cuaresmal es un camino que conduce hacia la libertad que nos trae y aporta la Pascua de Jesucristo. Los mandamientos no son una realidad que queda fuera de este empeño, sino una realidad que nos acompaña para poder alcanzar la verdadera libertad: la libertad del espíritu, la libertad interior.

En el Evangelio contemplamos una escena, que podemos describir como una escena violenta: Jesús tira las mesas de los casacambistas y se enfrenta a los vendedores de palomas. Se trata de un actuar de Jesús violento, provocador. Sus hechos podrían ser catalogados, incluso, como sacrílegos, ya que los realiza en el lugar más sagrado del judaísmo: el Templo.

El Templo se había convertido en un lugar de comercio, de negocio, de explotación, de abuso. En vez de ser un lugar de consuelo, de tranquilidad, de diálogo con Dios y de encuentro con los que comparten y celebran la misma fe. Jesús quiere rescatar y tomar el verdadero significado del Templo: que sea, nuevamente un lugar de diálogo y de encuentro con Dios y con los hermanos.

El actuar del Señor nos demuestra que ahora no importa la construcción material de un templo suntuoso, sino que ahora él es el nuevo Templo: en él podemos encontrar la misericordia, la gloria, la paz, el consuelo de Dios. Dirige nuestra mirada hacia su persona: en tres días lo reconstruiré. Gracias a Jesús, ahora el hombre puede toparse con la gloria de Dios, el hombre puede acercarse a él y experimentar su paz, su consuelo, su misericordia, su amor. En Cristo y por Cristo el hombre aprende a amar al mismo Dios y por él, también aprende a amar al hombre, al hermano. San Pablo nos dice en la segunda lectura: Cristo es la sabiduría y la fuerza de Dios. Esa sabiduría y esa fuerza que nos permite y empuja a vivir y cumplir los diez mandamientos; sabiduría y fuerza que nos permite reconocer el nuevo templo donde Dios habita: en Cristo (su Iglesia, los sacramentos, la Palabra de Dios, la oración) y en los hermanos (templos vivos de Dios.

Ahora a Dios lo podemos encontrar entre piedras vivas, entre hombres y mujeres que se reúnen alrededor de Jesús muerto y resucitado.

Que este domingo el Señor nos permita reconocerlo donde él se encuentra y ser fieles en el cumplimiento de su voluntad y en el recorrido libre y gozoso al que nos lanza la vivencia y experiencia de sus mandamientos.



Pbro. Lic. Juan Martín Morales Juárez

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