V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mc 1,29-39

El Evangelio de este quinto domingo ordinario, nos presenta dos partes que podemos distinguir perfectamente. La primera manifiesta la acción sanadora de Jesús que compadeciéndose de los enfermos y poseídos por el demonio, se presenta como el salvador y el liberador que ofrece una vida nueva a todos los que sufren enfermedad y opresión. La segunda parte nos muestra a un Jesús que después de orar decide partir a los pueblos cercanos para predicar allá el Evangelio, siendo consciente que a eso lo ha enviado el Padre.

Hablando de la acción sanadora, El Evangelio nos muestra muchas veces a Jesús aliviando el sufrimiento humano, sobre todo curando enfermedades y expulsando demonios. Y sabemos que a veces Dios sana y a veces no, y que Dios puede sanar directamente en forma milagrosa o indirectamente a través de la medicina, de los médicos y de los medicamentos. Todas las sanaciones tienen su fuente en Dios. También puede Dios no sanar, o sanar más temprano o más tarde. Y cuando no sana o no alivia el sufrimiento, o cuando se tarda para sanar y aliviar, tenemos a nuestra disposición todas las gracias que necesitamos para llevar el sufrimiento con esperanza, para que así produzca frutos de vida eterna y de redención.

Entonces, ¿qué actitud tener ante el sufrimiento, las enfermedades, las calamidades? ¿Oponerse?, ¿Reclamar a Dios?, Dios puede aliviar el sufrimiento, lo sabemos. Dios puede sanar, y puede hacerlo -inclusive- milagrosamente; pero sólo si Él quiere, y Él lo quiere cuando ello nos conviene para nuestro bien último, que es nuestra salvación eterna. Así que en pedir ser sanados o aliviados de algún sufrimiento, debemos siempre orar como lo hizo Jesús antes de su Pasión: “Padre, si quieres aparta de mí esta prueba. Sin embargo, no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc. 22, 42). Y, mientras dure la prueba, mientras dure el sufrimiento o la enfermedad, unir nuestro sufrimiento al sufrimiento de Cristo, para que pueda servir de redención para nosotros mismos y para otros.

 

Pbro. Rogelio Márquez Nevárez

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