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Dichosa tú, que has creído. Pronto acompañaremos el nacimiento de Jesús. Pronto viviremos y experimentaremos el gozo y la alegría de una vida que cambia por un encuentro. Dos mujeres embarazadas conversan sobre lo que están viviendo en lo íntimo de su corazón. María saluda a Isabel. Le desea todo lo mejor para su hijo que está esperando. Su saludo llena de paz y gozo la casa en donde se encuentran. El niño salta de alegría. Hay muchas maneras de saludar. El saludo de María da paz, alegría y bendición de Dios.

Este encuentro provoca a vivir con fe este misterio cercano de la encarnación. Las dos mujeres nos invitan a colaborar en el plan de Dios Nuestros ojos están en: María la madre de mi Señor. María la creyente. María la evangelizadora. María, la portadora de paz y alegría. María nos enseña hoy que la fe es una decisión, una amistad, buenos hace enfrentar la vida con dicha y plenitud. ¿Por qué muchos cristianos no descubren a Dios como el mejor amigo de su vida? Parece que se ha perdido la experiencia original, ese encuentro que vivifica todo. Muchos vivirán de manera fría y congelante los acontecimientos de su historia.

Es necesario vivir convencido de que en Jesús se puede encontrar la plenitud de la vida. María dichosa tú que has creído. Una fe pasiva nos lleva a la indiferencia y a la mediocridad. La fe es una experiencia personal. La fe es confianza, no es un accesorio que nos vendan en las tiendas. Un cristiano vive confiado, abandonado, sumergido en Dios, de ahí saca las virtudes, de ahí actúa. ¿Confío en Dios o me quedo atrapado en otras cuestiones secundarias?

La fe es una disposición de estar atentos, en escucha a Dios, abiertos a la cercanía y amor de Él. Este estar atentos a Dios inmediatamente nos lanza a estar atentos con nuestro prójimo. Un creyente sabe acudir con el que esta necesitado de nuestra ayuda.

Acompañar en la vida del que está solo, del que esta bloqueado por la depresión, del que está atrapado por la enfermedad, del que se encuentra vacío. No se trata de hacer cosas grandes, sino sencillamente ofrecer la amistad de Jesús a la familia, al vecino, al compañero de trabajo, es tener paciencia con el anciano, estar junto al que sufre una perdida, es estar en el otro para ofrecerle un amor salvador, es comunicar esperanza y aliento Dichosa tú, que has creído. Pongamonos en camino, presurosos, para llevar a Alguien.

 

Pbro. Ricardo Gómez 

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