Ante la realidad en la que vivimos ¿Qué debemos hacer?

Es la pregunta que le hacen a Juan el Bautista aquellos que se acercaban para que los bautizara luego de que él mismo lanzara una fuerte crítica a los que se creían “salvados” o “justificados” por el simple hecho de pertenecer a una casta o religión diciendo “tenemos por padre a Abraham” ,  pensamiento que lamentablemente puede merodear en nuestro sentir como cristianos y católicos; ya por el simple hecho de creer, pensamos que las situaciones de nuestros hermanos ya no nos incumben, diciendo en nuestro interior: “yo soy bueno, creo en Dios y los demás que se las arreglen como puedan”, nooo!!!! No podemos caminar por la vida como cristianos calmando nuestra conciencia conformándonos con “creer” y dejarnos de preocupar por el hermano necesitado.

Cual es el mandamiento principal le preguntaron a Jesús y la respuesta es contundente y sin oportunidad de ambigüedades, “Amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo” (cfr. Mt 22, 36-39), y el mismo apóstol San Juan nos recuerda claramente: “quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (1Jn 4, 20), ahora pues pongamos de nuevo atención a la pregunta que le hacen a Juan el Bautista, entonces nosotros que nos decimos cristianos, que nos podemos creer “buenos”, que estamos próximos a celebrar la Navidad y proclamamos que Jesús vive en medio de nosotros, ¿qué debemos hacer?, la respuesta la concretizaría en dos cosas:

CARIDAD: “El que tenga dos túnicas que comparta con el que no tiene, y quien posea alimentos que haga lo mismo”. ¿Qué pudieras compartir en estos días con el necesitado?, ojala el desprendimiento fuera una actitud arraigada en nuestra vida para no acumular sino para compartir constantemente con nuestro hermano.

HONESTIDAD: “No cobren más de lo establecido… no extorsiones a nadie y no hagan falsas denuncias”. Y no voltees a ver a las autoridades solamente, porque esa podría ser la tentación inmediata; tú personalmente en tus actitudes en el trabajo, en tu negocio, en tus compras navideñas, en tu relación con el prójimo ¿eres realmente honesto, honrado y respetuoso con tu prójimo?, o ante la mínima oportunidad ¿buscas sacar ventaja?.

Una religiosidad que no llega a los demás esta vacía, una fe sin amor al prójimo es una mentira; Juan el Bautista nos invita a mirar hacia afuera, al Mesías que estamos por festejar entorno a la Navidad hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados, amando a nuestro prójimo.

Y así entonces se pueda ver reflejado el clamor de San Pablo:

“Que la bondad de ustedes sea conocida por todos lo hombres” (Flp 4, 5), y así entonces realmente será proclamado que Jesucristo está entre nosotros. 

 

Pbro. Francisco Esparza

 

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