La solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, cierra el año litúrgico con el acento escatológico y apocalíptico propio de los últimos domingos de cada ciclo.

Es precisamente en el curso del proceso civil de la pasión del Señor donde la lectura evangélica de hoy sitúa el tema de la realeza de Cristo. Él es rey, sin embargo su reino no es de este mundo, ni es poder triunfalista, sino servicio a la verdad.

El reino de Jesús es el poder divino de dar la Vida eterna, de liberar del mal, de vencer el dominio de la muerte. Es el poder del Amor que no pierde jamás. Este Amor, sabe sacar el bien del mal, ablandar el corazón más endurecido, llevar la paz al conflicto más violento, brotar la esperanza en la oscuridad más terrible.

Reconocer a Jesús como nuestro Rey es dejar que se cumplan en nosotros los frutos de su total donación en la cruz: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Jn 3, 16.

Reconocer y aceptar a Jesús como Rey, implica escuchar su voz, es decir, creer y vivir de su Palabra, renunciando a vivir de cualquiera otra palabra.

Reconocer y aceptar a Jesús como Rey, es sentirse atraído por su forma de reinar que es servir y dar la vida; es mirar la vida con otros ojos, porque Jesús Rey, nos comparte que la vida sólo tiene sentido cuando se entrega por los demás, rompiendo los egoísmos, las luchas, porque se vive de la “verdad, de la vida, de la santidad, de la gracia, de la justicia, del amor y de la paz “. (Prefacio del día).

Quien reconoce a Jesús como Rey, tendrá que acudir a la Virgen María. La primera en creer que su Hijo heredaría el trono de David y reinaría para siempre (Lc 1, 32-33). Ella se preguntó qué tipo de reinado sería el de Jesús, y lo fue comprendiendo al escuchar sus palabras, pero sobre todo al participar íntimamente del misterio de su muerte y resurrección. Ella es pues, Maestra en el cómo tener a Jesús como Rey, y en el dar testimonio de él en toda nuestra existencia.

¡Qué actualidad tiene la solemnidad de este día al interior de nuestra Iglesia y para el mundo!

 

Pbro. J. Raúl Hernández Arellanes.

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