El Evangelio de Marcos se terminó de escribir, probablemente, durante o poco después de la destrucción de Jerusalén ocurrida en el año 70 de nuestra era. Esa tragedia marcó mucho a las comunidades cristianas. Está presente en todo el texto, sobre todo, en el capítulo 13. Fue el primero en ser escrito y sirvió de texto base para los demás evangelistas. El objetivo de escribir el Evangelio de Marcos, fue disipar las dudas, dejar bien claro quién era Jesús para que se pudiera seguirlo con confianza y sin miedo. Presenta un itinerario de fe viva, exigente y apasionante: a) Invita a sus destinatarios a superar una fe superficial, emocional, insegura y distorsionada; b) Revela el verdadero rostro de Jesús de Nazaret: Mesías, siervo sufriente, pobre humilde, valiente, liberador, verdadero Hijo de Dios, crucificado y resucitado; c) Invita a vivir una fe consciente y comprometida, rompiendo con las ideologías y mentalidades dominadoras; d) Marcos enseña la belleza del seguimiento a Jesús, sin miedo de asumir el camino de la cruz; e) Ser discípulos de Jesús y asumir la cruz son cosas inseparables; f) Invita a la vigilancia, esperanza y la confianza; g) A pesar de tantas dificultades y conflictos, el seguimiento tiene futuro porque Dios es el garante y porque Jesús de Nazaret, el crucificado, está vivo. ¡Él ha resucitado! En resumen, el mensaje principal que Marcos quiere transmitir es: ¡Jesús de Nazaret, el crucificado, es el Hijo de Dios! (15,39) ¡Él resucitó y está vivo! (16,6). Por tanto, ¿vale la pena asumir las cruces por la causa del Evangelio, porque el resultado es la resurrección y la vida! (8, 34-36). Vale la pena testimoniar esa Buena Noticia (16,15).

En el Evangelio de Marcos, Jesús dice poco y hace mucho. Después de anunciar: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”, vienen una serie de milagros, de los cuales acabamos de escuchar el primero. Llama la atención la fuerza con la que Jesús anuncia la presencia de algo definitivo. En el tiempo presente somos muy conscientes del cambio, tenemos la sensación de que no hay nada permanente. Los compromisos para siempre, la fidelidad no es característica de esta época. Todo es “por mientras”, provisorio. Esto fragmenta demasiado los procesos personales y comunitarios. Se viven muchas vidas en una sola. Que tengamos que desempeñar diferentes rolles, o jugar diferentes posiciones es comprensible. Pero que pongamos toda nuestra persona al servicio de varias opciones fundamentales es una locura. Frecuentemente nos sorprenden las contradicciones tan profundas que puede tener una persona: de día es una, de noche es otra; en lo público una cosa, en lo privado otra; de un día a otro puede revelarse una personalidad totalmente opuesta a lo que parecía. Hay desconfianza  hacia personas que tradicionalmente eran fiables completamente, porque se ha abusado de las incoherencias. Ya no hay en quién confiar, de pronto escuchamos decir.  Frente a tanta volubilidad, llama la atención que hubo alguien que se plantó en este mundo y dijo: creo absolutamente en Dios, en su proyecto, en la posibilidad de hacer de este mundo una familia, pongo toda mi vida al servicio de lo que creo. Me parece que de esta manera se pueden traducir las primeras palabras de Jesús en el Evangelio de Marcos, antes que ser un anuncio son la revelación de Jesús que hace presente la fidelidad de Dios. El gran servicio de Jesucristo fue el introducir en este mundo la fe en el proyecto definitivo de Dios, que él llamó Reino de Dios. Hasta entonces todo era duda, expectativa, Jesús afirma su cumplimiento en su persona. Antes de anunciar algo fuera de él, indica algo que está dentro de él: su pasión por las cosas de Dios su Padre. De esto se trata la novedad y autoridad que en este texto admira la gente: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Jesús está identificado plenamente con la voluntad de Dios, no tiene dudas sobre la sabiduría de la palabra de Dios. Logra transmitir su convicción, su entrega a la obra de Dios. La originalidad de Jesús está desde el acuñar el término Reino de Dios, como  expresión del lugar central y absoluto que debe tener Dios en este mundo. Jesús manifestó un celo admirable por las cosas de Dios su Padre. Ya es bastante concebir esta imagen del Reino de Dios que corresponde a la experiencia de su amor. Mayor originalidad fue dar los signos del lugar que él le daba a Dios en su vida. Alguien le pudiera reclamar: “de lengua me como un taco”, aquí todos los días aparece un Mesías con sus discursos catastróficos, pero todo sigue igual. Sin embargo, Jesús da pruebas de su autoridad con hechos. El domingo pasado veíamos cómo pronunció su palabra: Sígueme, sobre algunos pescadores, y estos dejando inmediatamente las redes, unos, y a su padre con los trabajadores, otros, los siguieron. No es fácil contagiar con la fe en Dios y animar a que alguien cambie su vida. Es muy difícil hacer que una persona cambie su vida para bien, casi nos parece imposible. El cambio de vida de las personas desde lo más profundo del corazón es de los milagros más grandes que pueda haber. Podrán levantarse muertos de la tumba y curarse muchos enfermos, pero lo que suena más imposible es que un corazón se convierta a Dios. Todos los milagros que hace Jesús en el Evangelio se reducen a esto: cambiar el corazón del hombre de egoísta a sentir el amor de Dios y amar a los demás. Inculcar el amor de Dios en el corazón del hombre es de los servicios más grandes que se puede hacer a los demás. Después hay que decir que eso sólo lo puede hacer el Espíritu Santo, pero a través de nosotros. Este es el primero y el más grande de los signos que realizó Jesús, haber convertido a aquellos humildes pescadores en instrumentos de la santidad de Dios, esto no se dio mágicamente, fue un proceso largo que le costó a Jesús la vida; la transformación de aquellos hombres quedó sellada en la resurrección. En el texto que meditamos, enfrenta Jesús la duda, la dispersión, la incoherencia, el relativismo, la mentira. El espíritu  inmundo es eso. Marcos no nos narra las tentaciones de Jesús en el desierto después de ayunar cuarenta días, sin embargo enfrentó al tentador durante todo su ministerio. El método es parecido al del tentador del desierto, al de la serpiente del paraíso: intriga, seducción, engaño. El único pecado es la duda, la falta de fe, y a ello se encamina el interrogatorio del espíritu inmundo: confundir, dividir, romper la unidad, hacer caer en la incoherencia, destruir la autoridad. Todos los problemas comienzan cuando nos bebemos el veneno de la duda e intentamos caminos opuesto al del amor de Dios para alcanzar la felicidad. El mal espíritu parece que se arrodilla y que adora, pero en realidad está usando un culto falso, fustiga a Jesucristo con títulos divinos( el Santo de Dios) pero en realidad busca arrancarlo de Dios. Hay cultos satánicos que parecen sagrados, es decir, pretenden apoderare de Dios para someterlo a sus caprichos. En apariencia alagan, pero en realidad su intención es perversa. Jesús como si se defendiera, manifiesta toda su confianza en Dios, reafirma su decisión de amar a Dios por sobre todas las cosas: “¡Cállate y sal de él!” Lo que no pudieron hacer Adán y Eva, de cortar la lengua venenosa de la duda, Jesucristo lo reivindica en estas palabras llenas de autoridad. Lo más diabólico es lo que más denigra al ser humano y esto es la mentira, la mentira de pretender ganar el mundo entero rechazando la voluntad de Dios.

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