Mc 1, 14-20

Marcos nos presenta el inicio de la misión de Jesús, invitando a la conversión frente a la llegada del Reino y llamado a los primeros discípulos. Queda muy claro en este evangelio que Jesús no empalma su ministerio con Juan, sino que inicia “después de que arrestaron a Juan el Bautista”. Esto es una forma de decir que la misión de Juan consistía en presentar a Jesús como él mismo lo refería, pero también honrar la persona del Bautista que fue la única voz en el desierto de Judea hasta su arresto, Jesús no le hizo sombra, da comienzo a su obra porque se ha apagado la predicación del Bautista. Pareciera que se trata de dos caminos paralelos, sin embargo están relacionados. Llama la atención esto porque en el evangelio de Juan sí se da una coincidencia en el ministerio de Juan y de Jesús, incluso algunas fricciones entre los discípulos de ambos(Jn 3, 25-27). Lo más importante es que esta referencia sirve para indicar el inicio de la misión de Jesús y, sobretodo, porqué –alejarse de Herodes- comienza en Galilea. La relación entre Juan y Jesús es testimonio en favor de la única obra salvífica de Dios, esta es la que da razón de toda la tradición bíblica que a través del Bautista se cumple en Jesús. Este es obligado a ir a la periferia, a la Galilea de los paganos (Mt 4, 15-16). Llama la atención la decisión y la radicalidad de Jesús en sus palabras: “Se ha cumplido el tiempo”, “el Reino de Dios ya está cerca”. Está brotando en su persona lo definitivo, la intervención tan esperada de Dios. No es una propuesta tímida, es muy clara: Dios quiere que le entreguemos toda nuestra vida, no el tiempo que nos sobra; la fe en él no es un adorno o un relleno, tenemos que construir toda nuestra vida sobre él, no debe haber huecos al margen de su luz. ¿Cómo poder ser mensajero creíble de una Buena Noticia que pretende renovar totalmente nuestra vida, denunciando al mismo tiempo el vacío y la mentira que vivimos. Ciertamente que Jesús anuncia principalmente el Reino de Dios como un tesoro y una perla(Mt 13, 44-46), pero esto supone una denuncia al mismo tiempo. Suena muy ambicioso e irreverente el proyecto de Jesús. El hombre moderno, tan celosos de su espacio y de sus libertades, se sentiría un tanto ofendido con esta propuesta tan atrevida por parte de Jesús: “el que quiera salvar su vida la pierde y el que la pierda por mí y por el evangelio la salvará”(Jn 12, 25). Frente a la exigencia tan radical de Jesús no se sabe cuál es la ganancia finalmente; ¡Salvar la vida! ¡La felicidad! Dice Jesús. Como prueba de lo impresionante y sensato de la persona y la propuesta de Jesús, Marcos, nos pone el testimonio de cuatro hermanos: Pedro, Andrés, Santiago y Juan, que fueron cautivados por la llamada de Jesús. Ellos tenían su mundo, aparentemente lleno de todo lo que un ser humano puede necesitar, seguramente modesto y con algunas limitaciones, pero con lo más importante, se sentían dueños de todo aquello. Ahora se les pide abandonar su mundo “pleno” para entrar en el mundo de otro supuestamente más pleno. Se repite la historia de Abraham. Y dice Marcos que “inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”. El mérito, primeramente es de Jesús, que transmite confianza, seguridad, paz, y después de los  pescadores que se lanzan. Jesús sigue saliendo al encuentro de los hombres para hacerles sentir su seguridad y su llamado. Expongámonos a su presencia y a su palabra.

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