Las lecturas de este domingo, en sintonía con el tiempo que estamos viviendo, nos invitan a la espera, a la esperanza, a la atención y vigilancia, a la acogida y a compartir; antes de continuar es conveniente saber identificar y diferenciar la espera y la esperanza que si bien, en el sentido que le vamos a dar estan íntimamente relacionados, no por eso podemos dejar de lado sus diferencias. Explico: La esperanza se refiere más al sentido de fe en que, lo que deseamos, va a pasar, un sustantivo; la espera evoca más al lapso de tiempo que ocurre en lo que se cumple la esperanza, un verbo. En los hospitales encontramos una sala de espera, donde quienes la ocupan tienen la esperanza de que, a quien esperan, saldrá con positivos resultados. El niño tiene la esperanza que su papá llegará temprano de trabajar y lo espera detrás de su ventana que da a la calle principal. Así pues, el judio que tiene la esperanza de la pronta llegada del mesías y lo espera (primera lectura/salmo),  el cristiano tiene la esperanza de la segunda venida del mesías (segunda lectura) y lo espera.

Espera

El cristiano hoy, está en actitud de espera, pero no una espera pasiva sino activa, espera y se prepara; quien espera una visita no se sienta a ver la tele si la casa no está alzada, la comida preparada o el ambiente armonizado.

¿Cómo debe esperar el cristiano hoy? La respuesta la encontramos en la primera lectura: "Consolad, consolad a mi pueblo" No es necesario hacer un gran esfuerzo para lograr ver la situación de dolor que está viviendo nuestra gente, estragos de la ya conocida cultura de la muerte, pero sobre todo consecuencia de pretender vivir sin Dios. ¿Cómo consolad el pueblo de Dios? con aquel antiguo nuevo mensaje: el evangelio, gritar junto con el profeta: "Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres".

Esperanza

¿En qué tenemos nuestra esperanza?, en lo que nos recuerda Pablo: "El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan" ¿De cuál promesa hablamos? del Reino de Dios, de un cielo nuevo y una tierra nueva, donde habite la justicia, donde se nos limpie de toda lágrima, pues no habrá más dolor sino puro gozo, (Ap 21,1-4), donde no habrá ni abominación ni mentira alguna (Ap 21,27) donde el lobo vivirá con el cordero, el tigre con el cabrito, el león con el becerro (Is 11,6). Nuestra esperanza esta en el maranatá

Atención y vigilia

¿A qué debemos estar atentos? a la voz que clama en el desierto, a "interpretar los signos de los tiempos" (Lc 12,54-59) para descubrir que el Señor ya está cerca; escuchar que "Dios nos regala su paz" (salmo). Así como una pelicula de terror crea un ambiente tenso antes de sorprendernos, así nosotros ver la actualidad como el eterno momento culmen en el cual Dios puede llegar en cualquier momento.

O ¿Quién de nosotros no estaba preparado para  el frio sabiendo que la fecha se acercaba? Estar pues atentos a la voz que grita en el desierto, y ¿Qué grita? grita pidiendo amor, justicia, libertad, fe, grita pidiendo que nos levantemos, que actuemos, que ayudemos. Que la voz del mensajero no se quede en el desierto y que llegue a nuestros corazones.

Acoger y compartir

La misa del 2º domingo de adviento termina como todas las misas, invitando a la misión "ite misa est"; a compartir lo que aquí hemos celebrado. Este acoger y compartir no se limita ni este domingo ni al adviento sino a todo el año litúrgico. No podemos quedarnos solo con una parte del mensaje ni podemos solo compartir una bendición. Toda la enseñanza debe ser asumida para ser predicada, principalmente predicada con la propia vida. 

Roberto Misael Enríquez Botello
III Teología

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