23 de noviembre 2014

"VENGAN BENDITOS DE MI PADRE; TOMEN POSESIÓN DEL REINO PREPARADO PARA USTEDES DESDE LA CREACIÓN DEL MUNDO"

 

En el último domingo del año litúrgico se celebra la solemnidad de Cristo Rey del Universo. 

En el libro de Ezequiel nos presenta a Dios que desea congregar a todas sus ovejas de "todos los lugares por donde se dispersaron un día en la niebla y oscuridad" para apacentarlas, curar a las heridas, robustecer a las débiles y cuidarlas. Esas ovejas somos cada uno de nosotros. Él desea ser nuestro Pastor que guíe nuestra vida por los senderos de paz y de justicia, en verdes praderas donde nos dará reposo, donde nos puede conducir hacia las fuentes tranquilas, en otras palabras, a la felicidad eterna. Este deseo de Dios será cumplida al final de los tiempos y esta gran esperanza se apoya en la experiencia salvadora del pueblo de Dios y en la actitud de Dios que es fiel a su palabra y a su proyecto. El destino de la humanidad no es la disgregación sino la comunión en el amor y en la vida.

En el evangelio según san Mateo hemos escuchado el discurso escatológico del Juicio universal que, bajo una forma narrativa revela lo que sucederá al final de los tiempos. Jesús vendrá "rodeado de su gloria, acompañado de sus ángeles, se sentará en su trono de gloria" con esto da inicio el relato escatológico con una escenificación de estilo apocalíptico (Cfr. Ap 21 y22). Luego en los siguientes versículos hay dos elementos importantes: 

1- "se sentará en su trono de gloria"  con esto quiere expresar la soberana de Cristo sobre todas las criaturas y el poder de juzgar.

2- "entonces serán congregadas ante él todas las naciones" aquí se cumple la profecía de Ezequiel que hemos escuchado anteriormente. Es Cristo quien lleva a plenitud las promesas hechas en el Antiguo Testamento, es Él quien ahora se congrega todas las naciones. 

El rey comienza a separar los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos. Cristo es misericordioso y bondadoso pero también no hay que olvidar que es un juez Justo, y da a cada uno según sus obras. "Vengan benditos de mi Padre..." Este juez invita a las ovejas a participar de la gloria y la bienaventuranza eterna ¿porque? La respuesta es sencilla:  porque han sabido "amar" a sus hermanos aún a los más insignificantes, los más débiles, los pobres, los que no sirven, los que estorban para la sociedad, es decir, los olvidados del mundo, aquellos que el mismo Señor se ha identificado con cada uno de ellos:  "yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron". Y a diferencia de las ovejas, a los cabritos les niega la entrada a la bienaventuranza ¿porque? Por que no supieron amar, por su indiferencia ante la injusticia, la desdicha y el dolor del hermano. No basta el no hacer el mal, estamos llamados también a hacer el bien, en ayudar a nuestros hermanos, en servir a Jesús escondido en todos ellos sin preguntas previas. Nuestra vida debe ser Cristocéntrica, es decir, que Cristo sea el centro de toda nuestra vida, deseos, meta, alegría, en el Amor. 

Hay que proclamar con nuestra actitud, ejemplo y obra, más que con la voz, que Cristo reina en nuestra vida y que como soldados o servidores de Cristo Rey,  sirvamos le con alegría y generosidad a nuestros hermanos más pequeños y necesitados pues en ellos está Cristo ya que “Si ponemos en práctica el amor a nuestro prójimo, según el mensaje evangélico, entonces dejamos espacio al señorío de Dios, y su reino se realiza en medio de nosotros. Esta es la misión de la Iglesia ayer, hoy y siempre: anunciar y testimoniar a Cristo, para que el hombre, todo hombre, pueda realizar plenamente su vocación”(Benedicto XVI) 

Horacio Quiñones A.
Teología IV

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