Lc 2, 15-20

Este episodio nos habla de la fiesta que suscitó el pesebre de Belén. Los cielos se desbordan de júbilo, “la multitud del ejército celestial alababa a Dios”, frente al gran acontecimiento del nacimiento de Jesús. Se unen a esta fiesta los pastores, son los únicos que perciben el testimonio de los ángeles. El nacimiento de Jesucristo es buena noticia para los pobres. Este acontecimiento le arranca al cielo  una celebración espectacular; hace que el hombre y Dios se encuentren: la gloria de Dios es el hombre vivo(San Ireneo)  y la paz de los hombres es Dios. Pero, ¿qué es lo que causa todo este “alboroto”? Belén, con todo y ser una ciudad pequeña, era la ciudad de David, pero el anuncio del ángel se refiere al nacimiento del salvador. Los pastores aceptan participar en la “fiesta del nacimiento de Dios”. Se van a toda prisa hacia Belén, y reconocen los signos del gran anuncio de la corte celestial en el humilde pesebre. Los que habían sido invitados, no quisieron ir, por eso Dios salió a los cruces de los camino a invitar a todos. Los pastores no se sintieron desilusionados porque ahí sólo encontraron un matrimonio pobre que cuidaba a su hijo recién nacido, en el lugar donde comen los animales porque no habían encontrado sitio en el albergue.

No se avergonzaron de lo que veían, sino que daban testimonio con mucha alegría de que aquel niño era el Mesías.  El pesebre simboliza nuestra fe, esta consiste en que Dios siendo rico se hizo pobre para enriquecernos(Flp 2, 6-10; 2Cor 8, 9).  En el pesebre comenzó un mundo nuevo, ahí se sembró la semilla de la nueva humanidad. La renovación del mundo en la encarnación del Hijo de Dios, tiene que ver con la pobreza, es decir, con postrarnos humildemente frente al proyecto fraterno de Dios. Debemos someter todas nuestras ambiciones delante de la justicia divina. Celebramos la navidad, pero sin el espíritu de la navidad. La navidad es el pesebre, y este es abandono total en Dios y en los hombres. La pobreza es principalmente un tema espiritual: dar la primacía a Dios en nuestras vidas, esto es cierto si afecta la manera de administrar los bienes. No es real la pobreza espiritual si se es indiferente al hambre, y demás necesidades de los hermanos. Por espiritualidades que promueven una “pobreza de espíritu” indiferente al sufrimiento de los hermanos, “hemos dado inicio a la cultura del “descarte. Ya nos se trata simplemente del fenómenos de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive… Los excluidos no son “explotados” sino desechos, “sobrantes”(EG 53). Jesucristo realizó su misión desde el pesebre, desde los pobres. Esto significa que reconoció el misterio de Dios en ellos y denunció todas las riquezas que atentaban contra su dignidad. En nuestro tiempo tenemos reservas para acudir al pesebre de Jesucristo, la fraternidad, la compasión, la solidaridad, son acusadas de ser ideológicas. Lo más redituable hoy es adorar al antiguo becerro de oro (Ex 32, 1-35), por eso tenemos la violencia. Queremos paz, vayamos a Belén, no hay otro camino.

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