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II DOMINGO DE CUARESMA

CUARESMA CAMINO DE TRANSFIGURACIÓN.

     ESTE DOMINGO 2º DE CUARESMA EN LA 1ª LECTURA ESCUCHAMOS EL LLAMADO QUE DIOS HACE A ABRAHAM, NUESTRO PADRE EN LA FE, PORQUE REALMENTE SIENDO UN HOMBRE CREYENTE EN MUCHOS DIOSES, SE ABANDONA Y LE CREE AL DIOS ÚNICO YAHVÉ, Y DEJÁNDOLO TODO SE CONFIA EN LA APASIONANTE AVENTURA DE CAMINAR HACIA LA TIERRA PROMETIDA, QUE DIOS LE HABÍA DICHO.

     Y NUEVAMENTE EL APÓSTOL SAN PABLO A TITO LE RECUERDA, COMO HOY A CADA UNO DE NOSOTROS QUE DIOS NOS HA LLAMADO PARA QUE LE CONSAGREMOS NUESTRA VIDA, NO PORQUE LO MERECIERAN NUESTRAS BUENAS OBRAS, SINO PORQUE ASÍ LO DISPUSO ÉL GRATUITAMENTE, ESTE TIEMPO DE CUARESMA ES UN MOMENTO PROPICIO PARA HACER UN ALTO EN NUESTRAS ACTIVIDADES DIARIAS, PARA MEDITAR Y REFLEDIONAR CÓMO ESTAMOS CUMPLIENDO O REALIZANDO LA VOLUNTAD DE DIOS EN NUESTRA VIDA.

     ASÍ PUES PARA QUE PODAMOS SER TRANSFORMADOS EN CREATURAS NUEVAS, DESPOJARNOS DEL HOMBRE VIEJO PARA REVESTIRNOS DEL HOMBRE NUEVO COMO LO EXPRESA SAN PABLO, ES IMPORTANTE QUE APRENDAMOS A DESPOJARNOS DE TODO AQUELLO QUE IMPIDE QUE LA GRACIA DE DIOS ACTUE EN NOSOTROS, ESO SIGNIFICA EL DAJARLO TODO DE LA 1ª LECTURA, ES IR DEJANDO QUE LA GRACIA DE DIOS, POCO A POCO VAYATRANSFORMANDO NUESTRA IRA EN SERVICIO, NUESTRO ODIO EN PERDÓN, NUESTRO EGOÍSMO EN ENTREGA GENEROSA, NUESTRAS ENVIDIAS Y RIVALIDADES EN COMUNIÓN, EN FRATERNIDAD, EN UNIDAD Y ASÍ SUCESIVAMENTE CADA UNO DE NOSOTROS HA DE SABER MUY BIEN QUE ES AQUELLO QUE NOS ESTA HACIENDO DAÑO PERSONALMENTE Y QUE TAMBIÉN DAÑA Y LASTIMA A LOS DEMÁS, ESE CARÁCTER, ESA MANERA TAN TOSCA Y BRUSCA DE HACER LAS COSAS O DE RESPONDER A LAS PERSONAS O TRATARLAS, COMO IR TRANSFORMANDO EN POSITIVO AQUELLO QUE NOSOTROS CREEMOS MALO, PERO QUE EN REALIDADLAS RAÍCES AGRIAS, SE PUEDE CONVERTIR EN DULCES, CUANDO LAS VAMOS ENDULZANDO.

     ME HA TOCADO ESCUCHAR QUE SI TU TIENE UN NARANJO QUE DA LAS NARANJAS MUY ASIDAS, LE VAYAS PONIENDO CADA DÍA UN POQUITO DE AZUCAR Y ESAS NARANJAS SE VAN POCO A POCO HACIENDO DULCES, ME IMAGINO QUE ASÍ NOSOTROS, AVECES TRAEMOS ALGUNAS COSAS QUE PUEDEN SER ASÍDAS, O AMARGAR, PERO CON EL DULCE DEL AMOR DE DIOS, CON EL DULCE DEL PERDÓN, CON EL DULCE DE LA MISERICORDIA, CON EL DULCE DE LA FE, DE LA ESPERANZA, DEL SERVICIO, NUESTRAS RAICES AMARGAS, SE VAN ENDULZANDO POCO A POCO, CUANDO DEJAMOS QUE EL DULCE DEL AMOR Y DEL PODER DEL ESPÍRITU SANTO ACTUE EN NOSOTROS CON TODO SU ESPLENDOR.

     CON ESTE PASAJE Y ACONTECIMIENTO DE LA TRANSFIGURACIÓN, NUESTRO SEÑOR JESÚS DICE A SUS APÓSTOLES Y DE IGUAL MANERA A CADA UNO DE NOSOTROS, QUE TODO LO TORTUOSO, SE PUEDE TRANSFORMAR EN LLANO, QUE LO ESCABROZO, SE PUEDE TRASFIGURAR EN VALLES HERMOSOS, QUE EL MIEDO EN GOZO, LA DESESPERANZA EN ILUSIÓN, EN GOZO, EN JUBILO, Y EL ORRORU OPROBIO DE LA CRUZ, EN GOZO DE RESURRECCIÓN,  PERO QUE NI JESÚS Y NINGUNO DE NOSOTROS, PODRÁ LLEGAR A LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN, SIN PASAR POR LA ENTREGA ABSOLUTA DE SU VIDA, SIN PASAR POR EL SUFRIMIENTO Y EL DOLOR,  SIN LA CRUZ MISMA, ASÍ LO DIJO PRECISAMENTE UNOS MOMENTOS ANTES DE LA TRANSFIGURACIÓN, CUANDO LE ANUNCIA EL MISTERIO DE SU PASIÓN Y MUERTE: “EL QUE QUIERA SEGUIRME, QUE RENUNCIE A SÍ MISMO, QUE CARGUE CON SU CRUZ Y QUE ME SIGA, PUES EL QUE QUIERA ASEGURAR SU PROPIA VIDA,, LA PERDERA, PERO EL QUE PIERDA SU VIDA POR MÍ, LA ENCONTRARÁ (Mt 16, 24—25) .

     ESA RENUNCIA A UNO MISMO FUE LO QUE DIOS PIDIÓ A ABRAHAM…  Y ABRAHAM DEJÓ TODO Y RESPONDIÓ SIN TITUBEOS Y SIN REMILGOS, SIN CONTRA—MARCHAS Y SIN MIRAR ATRÁS. ESA RENUNCIA A NOSOTROS MISMOS ES LO QUE NOS PIDE HOY EL SEÑOR, PARA PODER LLEGAR A LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN. NO HAY RESURRECCIÓN SIN EL MORIR A UNO MISMO Y TAMPOCO SIN LA CRUZ DE LA ENTREGA ABSOLUTA A LA VOLUNTAD DE DIOS. PUES QUIEN CREE TENER SEGURA SU VIDA, LA PIERDE, PERO QUIEN LA ENTREGA POR MÍ Y EL EVANGELEIO ESE LA SALVA.  AMÉN.

PBRO. CARLOS BARRIO REZA

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VIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

REFLEXIÓN PARA EL DOMINGO VIII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A

“Acuérdate que somos polvo. Y quien hizo al hombre del polvo y le dio vida, entregó a la muerte a su Hijo Único, por este barro. ¿Quién puede explicar, o al menos pensar dignamente, cuán grande es su amor?” (San Agustín).

Las lecturas de este domingo, son una invitación a poner la confianza en Dios como Padre, mientras vivimos en medio de las realidades cotidianas, exhortándonos a vivir con serenidad cada jornada, eliminando las preocupaciones inútiles y buscando sobre todo el Reino de Dios y su justicia, es decir, poniendo las preocupaciones espirituales por delante de las materiales.

“No se preocupen por su vida… no se inquieten…” nos dice nuestro Señor en el Evangelio; la preocupación estéril aumenta las dificultades y disminuye el deber del momento presente; y sobre todo, faltamos contra la confianza en la Providencia que el Señor ejerce sobre todas las situaciones de la vida.

Decía el Papa Benedicto XVI en el año 2011: “La fe en la Providencia, de hecho, no exime de la cansada lucha por una vida digna, sino que la libera de la preocupación por las cosas y del miedo del mañana”.

Preguntémonos en este momento ante Dios: ¿Qué cosas me inquietan o me preocupan? ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida?

A estas preguntas responde el Papa Francisco en el año 2014: “Si se deja a Dios el sitio que le corresponde, es decir, el primero, entonces su amor conduce a compartir también las riquezas, a ponerlas al servicio de proyectos de solidaridad y desarrollo, como muestran tantos ejemplos incluso recientes, en la historia de la Iglesia”

Y en el 2013, nos decía el Papa: “ El dinero sirve para realizar muchas obra buenas, para hacer progresar a la humanidad, pero cuando se transforma en la única razón de vida, destruye al hombre y sus vínculos con el mundo exterior”.

Dios sabe la necesidad que padecemos; busquemos por tanto el reino de Dios y su justicia en primer lugar, y todo lo demás se nos dará por añadidura (cf. Mt 6,33). No se trata obviamente de ignorar las necesidades vitales de la existencia, el pan y el vestido, sino de decidir si en general todas las necesidades del cuerpo son las preocupación principal y única en la vida, o si habrá lugar para otra búsqueda más importante.

Trabajemos con ganas para que Dios reine en nosotros y en el mundo, sabiendo que el dinero y los bienes materiales son un medio, no los convirtamos en un fin.  Pongamos todo lo demás en sus manos paternales; el Señor no nos fallará.

Termino con esta invitación del Papa Benedicto XVI a ala luz de la Palabra de Dios de este domingo: “os invito a invocar a la Virgen María con el título de Madre de la divina Providencia. A ella le encomendamos nuestra vida, el camino de la Iglesia, las vicisitudes de la historia. En particular, invocamos su intercesión para que todos aprendan a vivir siguiendo un estilo más sencillo y sobrio en la vida cotidiana y en el respeto de la creación, que Dios ha encomendado a nuestra custodia”.

Que así sea.

Pbro. Lic. Leopoldo Prieto Rivero

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VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Mt 5, 38-48.

Obra siempre el bien

El Señor Jesús sigue siendo tajante al presentar el estilo de vivir de unverdadero discípulo, había partido todo desde las famosas bienaventuranzas, posteriormente, diciéndonos que somos luz del mundo y sal de la tierra, para después afirmar  que no ha venido a abolir la ley ni los profetas, ciertamente retoma el “antes se les dijo”, paraahora decirnos él: “pero yo os digo”. Dándonos a entender quesu Palabra tiene autoridad, es la de un legislador, que desde el amor,  perfecciona la  vida del nuevo creyente. Por eso afirmará. “Si su justicia no es mayorque la de los escribas y fariseos, no entrarán en el reino de los cielos” (5,20). No pide simplemente el cumplir una ley o mandato, por el hecho de cumplirlo; quiere ayudarnos a caer en la cuenta en el verdadero espíritu de ese mandato, ayudar a la persona vivir con integridad su dignidad de ser hijo de Dios y de verdadero discípulo suyo.

Somos invitados a tomar muy en serio la Palabra de Jesús: Haz el bien a tu prójimo, en cualquier circunstancia, sin medida y edificando. Nos invita a salir de parámetros comodinos y a los cuales nos acostumbramos creyendo que estamos bien, porque nos apegamos a la norma.

Nos anclamos a ideas, costumbres y estilos de ser que no delatan la vida de un hijo de Dios. Es fácil tratar bienal que me trata bien, saludar al que me saluda, ayudar al que me ayuda,  pero cuando las cosas no son así, se percibe quien está dispuesto a hacer vida el evangelio. Cuando estamos dispuestos a romper esquemas egoístas y viciados, comienza la libertad de alguien que ha hecho suyo el espíritu del evangelio, el amor al prójimo por amor a Dios.

Pidámosle al Señor un corazón como el suyo que sepa amar, perdonar, comprender, aceptar, valorar, servir a los demás y glorificar al Padre celestial. Y se hace realidad lo que nos decía el Señor semanas atrás. “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”

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V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo

Mt 5,13-16

Del mismo modo que la sal preserva la carne de la descomposición, los discípulos de Cristo producen el efecto de preservar a los hombres antes de que se corrompan interiormente y se echen a perder. Los cristianos no deben perder su maravilloso sabor, son como la sal en la sopa: su presencia discreta no se detecta; en cambio su ausencia no puede disimularse. El cristiano debe ser sal de la tierra, sal humilde, fundida, sabrosa, que actúa desde dentro, que no se nota, pero que es indispensable.  Quien está penetrado del Espíritu de Jesús tiene una influencia purificadora en su entorno.

El mismo que dijo: “Yo soy la luz del mundo”, dice también: “ustedes son la luz del mundo…alumbre así su luz a los hombres para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre”. En la primera lectura (Is 58, 7-10) se nos concreta qué significa ser luz para los demás: seremos luz, no tanto por lo que sabemos y decimos, sino por lo que hacemos (testimonio de nuestras obras de misericordia), partir el pan con el que no tiene, no oprimir a nadie, hospedar a los sin techo, no adoptar nunca un gesto amenazador…Sólo entonces seremos luz. Ésta es una idea esencial que Mateo proclama constantemente, une siempre el Reino de Dios con la justicia, no en el sentido paulino, sino el modo recto de actuar de los hombres. Cuando el hombre se comportacorrectamente, cuando cumple losmandatos de Jesús, el Reino de Dios llega a este mundo.   

San Agustín comenta este pasaje del Evangelio: el Señor manda que nuestras obras se vean, diciendo: nadie enciende una candela y la pone bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los de la casa. Y también: Brillen así vuestras buenas obras ante los hombres -dice- para que vean vuestras buenas acciones. Y no se paró ahí, sino que glorifiquen -añadió- a vuestro Padre que está en los cielos (Mt 5,15-16). Una cosa es buscar en la buena acción tu propia alabanza y otra buscar en el bien obrar la alabanza de Dios. Cuando buscas tu alabanza, te has quedado en la mirada de los hombres; cuando buscas la alabanza de Dios, has adquirido la gloria eterna. Obremos así, no para ser vistos por los hombres; es decir, obremos de tal manera que no busquemos la recompensa de la mirada humana. Al contrario, obremos de tal manera que busquemos la gloria de Dios en quienes nos vean y nos imiten, y caigamos en la cuenta de que si él no nos hubiera hecho así, nada seríamos. (Sermón 338)

Con la imagen de la luz, Jesús piensa no sólo en cada persona que se hace transparente a la luz de Dios, sino también en la comunidad cristiana, cuyo trato entre unos y otros impregnado de perdón y reconciliación se constituye en luz para el mundo. Que seamos luz para tantas personas desorientadas, que viven en crisis, en la oscuridad o en la penumbra.

Pbro. Luis Antonio Bañuelos

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IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

BIENAVENTURANZAS

LA RUTA PARA NUESTRA VIDA CRISTIANA

 

Leyendo el capítulo cinco del evangelio de Mateo encontramos un discurso de Jesús en la montaña y ahí contemplamos las tradicionalmente llamadas Bienaventuranzas; son el centro de la predicación de Jesús y la ley de Jesús, pero no es una ley al estilo de un nuevo código de conducta moral, ya que no podemos reducir el cristianismo simplemente a una serie de pautas de comportamiento. Las bienaventuranzas son un nuevo tipo de ley, una ley que responde a nuestra necesidad esencial de felicidad.

Las bienaventuranzas hemos de entenderlas como la invitación a ser felices, son como el mapa de ruta camino a la autentica felicidad. Me imagino a Jesús pronunciándolas con tal solemnidad que estalla de alegría ante la proximidad del Reino de los Cielos y pronuncia este sermón, pues Jesús es el hombre Bienaventurado.

Las bienaventuranzas son como una radiografía de Jesús, han sido su programa de vida, y se nos proponen como un retrato de Jesús para seguirlo. Ser bienaventurado es ser como Jesús: dichoso, feliz, gozoso. Todos tenemos el anhelo de esto, de ser felices, pues las bienaventuranzas nos ofertan esa felicidad. Éste es el camino a la felicidad: pobreza, mansedumbre, hambre de justicia y paz, misericordia, pureza de corazón y aunque caminemos por aflicción y persecución la felicidad nos aguarda en el Reino de los Cielos.

Son por tanto un ideal pero muy realizable en nuestro día con día, son nuestro programa de vida y de santidad, es por ello que se ha dicho que las bienaventuranzas son el tesoro espiritual más puro de la humanidad, sean pues nuestro tesoro, sean nuestra meta y vocación.  

Pbro. José Carlos Chávez

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III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Homilía

22 de enero

Juan Bautista, el Precursor, el que tiene la misión o ministerio de abrir el camino para la llegada del Salvador, es arrestado, con la particularidad que el evangelio literalmente da a entender que es entregado, sin embargo, su testimonio continua porque es martirizado; así, con su misma vida, se convierte en un testigo verdadero; y es interesante que justo en el momento en el cual Juan sale del escenario, entonces entra la figura de Jesús, y de Nazaret, donde había crecido, se transfiere a Cafarnaúm desde donde lanza una predicación: «conviértanse porque el Reino de los cielos está cerca». Cafarnaúm se convierte en la ciudad de Jesús, desde donde arranca su ministerio caracterizado por la luz porque quien camina en tinieblas no sabe a donde ir, por el contrario quien está en la luz ve el camino y es capaz de seguirlo. Jesús es la luz que resplandece para iluminar. Su predicación, igual a la del Bautista, es muy precisa: convertirse, teniendo una motivación grande, es decir, el Reino mismo. Sin embargo, también se destaca una divergencia respecto a Juan. Si en el bautista, el énfasis estaba en el cambio de mentalidad (eso significa convertirse) para hacernos consientes de la condición de pecado y sobre todo para hacernos disponibles a la salvación que está por llegar, en Jesús es por el Reino mismo que está ya cerca, en medio de nosotros, con sus misma presencia. Él es la encarnación del Reino de los cielos, en Él se cumple la promesa. Un reino en medio de nosotros capaz de contrastar las tinieblas de la mentalidad de este mundo, un reino caracterizado por una ley nueva, es decir, la ley de la misericordia, del perdón, de la fidelidad, de la pureza, de Cristo mismo. Esta inauguración de la predicación del Reino, tendrá después su continuidad con mas claridad, pues en la trasmisión de la fe que harán los apóstoles, Jesús mismo será el Kerigma, el contenido de la nueva predicación. Él es el hombre que desvela el sentido humano al hombre mismo, es el mismo que ha llegado hasta nosotros, hasta nuestro corazón. Ahora nos toca dejar que nuestro interior siga siendo iluminado por su presencia, que cada sentimiento, que cada decisión, palabra y pensamiento, sea llena de Dios; que los criterios de Vida traídos por Jesús, vayan provocando una cierta dirección de nuestra acción personal, familiar y eclesial. Solo la fuerza del Evangelio nos puede conceder caminar hacia la plenitud de la existencia, pues el camino ha sido abierto por Él pues como dice el mismo evangelista, ha venido al mundo la luz verdadera, la que ilumina a cada hombre. Deseando que la conversión sea la luz que ilumine nuestro caminar, dejémonos guiar por Jesús. Fundamentalmente es dejar que él nos transforme, para con su gracia ser luz para los demás.

Pbro. Lic. Edgar Iván Estrada León 

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II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

II DOMINGO ORDINARIO

15 DE ENERO 2017

Las primeras comunidades cristianas se preocuparon de diferenciar bien el bautismo de Juan que sumergía a las gentes en las aguas del Jordán y el bautismo de Jesús que comunicaba su Espíritu para limpiar, renovar y transformar el corazón de sus seguidores. Sin ese Espíritu de Jesús, la Iglesia se apaga y se extingue.

Sólo el Espíritu de Jesús puede poner más verdad en el cristianismo actual. Sólo su Espíritu nos puede conducir a recuperar nuestra verdadera identidad, abandonando caminos que nos desvían una y otra vez del Evangelio.

El Papa Francisco sabe muy bien que el mayor obstáculo para poner en marcha una nueva etapa evangelizadora es la mediocridad espiritual. Lo dice de manera rotunda. Desea alentar con todas sus fuerzas una etapa “más ardiente, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin, y de vida contagiosa”. Pero todo será insuficiente, “si no arde en los corazones el fuego del Espíritu”.

Por eso busca para la Iglesia de hoy “evangelizadores con Espíritu” que se abran sin miedo a su acción y encuentren en ese Espíritu Santo de Jesús “la fuerza para anunciar la verdad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente”.

La renovación que el Papa quiere impulsar en el cristianismo actual no es posible “cuando la falta de una espiritualidad profunda se traduce en pesimismo, fatalismo y desconfianza”, o cuando nos lleva a pensar que “nada puede cambiar” y por tanto “es inútil esforzarse”, o cuando bajamos los brazos definitivamente, “dominados por una dureza que seca el alma”.

Su Santidad Francisco nos advierte que “a veces perdemos el entusiasmo al olvidar que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas”. Sin embargo, no es así. El Papa expresa con fuerza su convicción: “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo solo con la propia razón”.

Todo esto lo hemos de descubrir por experiencia personal en Jesús. De lo contrario, a quien no lo descubre, “pronto le falta fuerza y pasión; y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”.

Antes de narrar su actividad profética, los evangelistas nos hablan de una experiencia que va a transformar radicalmente la vida de Jesús. Después de ser bautizado por Juan, Jesús se siente el Hijo querido de Dios, habitado plenamente por su Espíritu. Alentado por ese Espíritu, Jesús se pone en marcha para anunciar a todos con su vida y su mensaje la Buena Noticia de un Dios amigo y salvador del ser humano.

Esta renovación de la Iglesia solo puede nacer de la novedad del Evangelio. El papa nos invita a escuchar también hoy el mismo mensaje que Jesús proclamaba por los caminos de Galilea, no otro diferente. Hemos de «volver a la fuente para recuperar la frescura original del Evangelio». Solo de esta manera «podremos romper esquemas aburridos en los que pretendemos encerrar a Jesucristo».

Como Jesús, hace ya más de dos mil años, hoy el Papa nos invita a ser una Iglesia en la que sólo nos preocupe comunicar la Buena Noticia de Jesús al mundo actual. El papa nos llama a construir «una Iglesia con las puertas abiertas», pues la alegría del Evangelio es para todos y no se debe excluir a nadie.

Pbro. Rogelio Márquez Nevares

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EPIFANÍA DEL SEÑOR

DOMINGO

LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

Mt. 2, 1-12

En los planes de Dios nadie queda fuera de la salvación que se ha manifestado en Jesucristo: “…por el evangelio Dios llama a todas las naciones a participar, en Cristo Jesús, de la misma herencia, del mismo cuerpo y de la misma promesa que el pueblo de Israel” (Ef 3, 6). Por ello el Papa Francisco invita a aprovechar cualquier “grieta” en la vida de las personas para hacerles la propuesta del evangelio. Él no imagina una Iglesia sólo para los más puros, sino que la contempla como un “hogar para todos”; no debe ser una “pequeña capilla dedicada a la doctrina, la ortodoxia y una acotada agenda limitada a enseñanzas morales”. “No dejar a nadie fuera”, ha dicho otra vez el Papa Francisco. Que no quede por parte de la Iglesia no haber hecho la propuesta de salvación, sino de quien se descarta a sí mismo. La invitación de Dios es a formar el pueblo de la nueva alianza, pero los criterios no son ya la raza, las tradiciones, un territorio, el templo, sino la fe en Jesucristo (Gal 2, 16): “Cristo es nuestra paz. Él hizo de judíos y de no judíos un solo pueblo, destruyó el muro que los separaba y anuló en su propio cuerpo la enemistad que existía” (Ef. 2,14). Si alguno busca en la religión un refugio para ponerse a salvo de este mundo tan perdido y afianzarse a sí mismo o a su pequeño círculo en una supuesta pureza o santidad, habrá que revisar sus motivaciones. Nada más contrario al espíritu religioso y sobre todo al evangelio que la vida sectaria o amafiada, grupos cerrados donde sólo caben los que son afines desde criterios acordados desde intereses muy particulares. En este episodio de la visita de los así llamados reyes magos, representantes del mundo pagano, al recién nacido, Dios deja claro que nadie se puede adueñar de él, y que nadie en su nombre puede excluir a los demás de la fiesta de la vida y de la salvación. Dios no es propiedad privada de nadie, es completamente libre de realizar su obra con quienes sean dóciles a su voluntad, sean del partido o religión que sean. No tiene por qué rendirle cuentas a ninguno por ser bueno. Esto cuestiona nuestros criterios instintivos de selección del “los mejores” o de hacer limpias sobre “los sobrantes”, “los desechables”, los pobres. Es muy fácil que el espíritu fraterno quede sometido a los bajos instintos de discriminación, y muchas veces en nombre de Dios. No le carguemos a Dios nuestros “ascos”, como si a él le diera náusea lo que es problema nuestro. En ocasiones nosotros hacemos divisiones a partir de criterios muy superficiales, pretendiendo defender a Dios o la pureza de costumbres, y sin embargo atropellamos un principio fundamental: “…todos ustedes son hermanos…” (Mt 23, 8).  Nos olvidamos de la justicia hacia al prójimo y defendemos celosamente algunos ritos, fórmulas o dogmas. Vuelven a resonar las palabras de Jesús: “…cuelan el mosquito, pero se tragan el camello.”(Mt. 23, 24). Si no queremos entrar, dejemos entrar a otros (Mt 23,13).

Pbro. Luis Martin Barraza Beltrán

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XXXI Domingo del tiempo ordinario

Reflexión

XXXI Domingo del tiempo ordinario

Y Jesús se detuvo, no pasó de largo precipitadamente, lo miró sin prisa, lo miró con paz. Lo miró con ojos de misericordia; lo miró como nadie lo había mirado antes. Y esa mirada abrió su corazón, lo hizo libre, lo sanó, le dio una esperanza, una nueva vida como a Zaqueo, a Bartimeo, a María Magdalena, a Pedro y también a cada uno de nosotros. Aunque no nos atrevemos a levantar los ojos al Señor, Él siempre nos mira primero. Es nuestra historia personal; al igual que muchos otros, cada uno de nosotros puede decir: yo también soy un pecador en el que Jesús puso su mirada. Los invito, que hoy en sus casas, o en la iglesia, cuando estén tranquilos, solos, hagan un momento de silencio para recordar con gratitud y alegría aquellas circunstancias, aquel momento en que la mirada misericordiosa de Dios se posó en nuestra vida.

Su amor nos precede, su mirada se adelanta a nuestra necesidad. Él sabe ver más allá de las apariencias, más allá del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. Sabe ver más allá de la categoría social a la que podemos pertenecer. Él ve más allá de todo eso. Él ve esa dignidad de hijo, que todos tenemos, tal vez ensuciada por el pecado, pero siempre presente en el fondo de nuestra alma. Es nuestra dignidad de hijo. Él ha venido precisamente a buscar a todos aquellos que se sienten indignos de Dios, indignos de los demás. Dejémonos mirar por Jesús, dejemos que su mirada recorra nuestras calles, dejemos que su mirada nos devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida.

Zaqueo que era un hombre pecador se encuentra con Jesús. Pero este encuentro no sucede de manera fortuita, sino que nace de la curiosidad de este hombre, que seguramente admiraba a Jesús en secreto. Al pasar Jesús por Jericó había mucha gente reunida con la esperanza de ver cómo era ese profeta del que tanto se oía. Uno de ellos era Zaqueo, hombre de mala reputación, ya que se dedicaba a cobrar impuestos y además era muy rico. Su baja estatura le impedía ver a Jesús. Entonces corrió adelantándose para subirse a un árbol y desde ahí poder contemplar a Jesús en el momento en que pasara. Y al pasar Jesús miró hacia arriba y le dijo "Zaqueo, baja enseguida, pues hoy tengo que quedarme en tu casa". Él bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Y todo el pueblo murmuraba: "Se ha ido a casa de un rico pecador". Zaqueo dijo resueltamente a Jesús: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres y a quien le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más". Jesús le contestó: "Hoy ha entrado la salvación a esta casa, pues también este hombre es un hijo de Abraham. El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido"

Cuán transformante habrá sido el encuentro de Zaqueo con Jesucristo para que este hombre decidiera corregir el rumbo de su vida. Probablemente desde el momento en que Zaqueo con tanto interés buscó a Jesús, sabía que su modo de actuar no era el correcto y sabía que conocer a ese profeta le cambiaría la vida, aunque esto tuviera muchas consecuencias. Zaqueo al subir al árbol, vence el respeto humano. Pone los medios necesarios para un encuentro cara a cara con el Señor. No imaginó que Jesucristo le pediría hospedarse en su casa. Y bajó del árbol rápidamente y lo recibió con alegría.

Qué actitud tan hermosa la de Zaqueo, que conociendo sus pecados, acepta al Señor y atiende rápidamente a su petición. Todos los cristianos podemos imitar esta actitud de prontitud ante los reclamos del Señor y una prontitud alegre, porque no hay mayor motivo de felicidad y alegría que Jesús nos llame y lo hace todos los días. Zaqueo no podía seguir siendo el mismo después de conocer personalmente a Cristo. Decide restituir a toda persona que haya engañado. Y Cristo, que conoce el corazón de cada hombre, le da la buena noticia: "Hoy la salvación ha entrado a su casa".

S.S. Francisco

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XXX DOMINGO ORDINARIO

REFLEXIÓN DEL XXX DOMINGO ORINARIO

(DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES)

23 DE OCTUBRE DE 2016

El domingo pasado, nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio, nos enseñaba la importancia de la oración perseverante; en este domingo, nos enseña que la oración también tiene que ser humilde. Para poderlo entender mejor, se vale de una parábola en la que dos hombres, uno fariseo y el otro publicano, se dirigieron al templo con un mismo fin. Sin embargo, sólo uno hizo oración, el otro no.

¿Por qué sólo uno (el publicano) hizo oración, y el otro no? Porque, esencialmente, la oración es diálogo con Dios. El fariseo fue al templo, pero no habló con Dios, sino sólo consigo mismo, y por sus palabras reflejaba que se bastaba a sí mismo, realmente no necesitaba de Dios. Se consideró justo, descuidando de esta manera el mandamiento más importante: el amor a Dios y al prójimo. El publicano, en cambio, habló con humildad a Dios. La humildad, es la base de la oración. La humildad, dice el Catecismo de la Iglesia Católica, es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios (n. 2559). 

El Papa Francisco, en la audiencia general del 27 de septiembre de este año, nos decía que no es suficiente preguntarnos cuánto rezamos, sino también cómo rezamos, examinando nuestro corazón, evaluando nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, extirpando toda arrogancia e hipocresía. Y más adelante, el Papa nos dice que esta parábola nos enseña, que se es justo o pecador, en definitiva, por el modo de relacionarse con Dios y por el modo de relacionarse con los hermanos.

Hoy celebramos el Domingo Mundial de las Misiones (Domund), en el que también el Papa Francisco nos recuerda que, “en virtud del mandato misionero, la Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos lo hombres se salven y experimenten el amor del Señor... Él es el Dios bondadoso, atento, fiel; se acerca a quien pasa necesidad, para estar cerca de todos, especialmente de los pobres; se implica con ternura en la realidad humana del mismo modo que lo haría un padre y una madre con sus hijos (cf. Jer 31, 20).

 El mandato del Evangelio: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28, 19-20), no está agotado, es más, nos compromete a todos, en los escenarios y desafíos actuales, a sentirnos llamados a una nueva “salida” misionera… Todos somos invitados a aceptar este llamado; salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial de mas Misiones 2016).

La vida de nuestra Madre Santísima, la Virgen María, fue un continuo empeño de su parte para que en Ella se cumpliera la voluntad del Señor. A Santa María nos encomendamos, rogándole nos conceda un espíritu humilde, sincero, que busque agradar y amar a Dios, tanto en nuestra oración, como en nuestro modo concreto de cumplir, según nuestra vocación y estado de vida, con el mandato y con nuestra condición de discípulos-misioneros. Así sea.

                                                                                                                       Pbro. Leopoldo Prieto 

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DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

REFLEXIÓN 

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

Siempre me ha llamado poderosamente la atención la frase que dice Nuestro Señor al final del trozo del evangelio que escuchamos en la Liturgia de hoy: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?” Y pienso, ¿qué quiso decir el Señor Jesús con semejantes palabras? E inmediatamente volteo a mirar a mi alrededor, pienso en esta sociedad en la que me ha asignado mi lugar Dios, esta sociedad tan enfocada en el bienestar económico y material, tan deslumbrada por las cosas de la tierra, por los avances tecnológicos, por la comodidad y el consumismo, tan repleta de aparadores que ofrecen toda clase de productos y servicios, abarrotada de ruidos e imágenes, y tan olvidada de la fe, del silencio y de la oración… Creo que estas palabras del Señor se aplican de manera muy significativa a esta sociedad de mi siglo.

La enseñanza del Evangelio de hoy se centra en la importancia de la oración, una oración que no debe conocer el desfallecimiento, que debe “importunar” a Dios a toda hora para ser escuchados y atendidos. Por supuesto, Dios es más bueno y misericordioso que el juez inicuo que aparece en la parábola. En realidad, Dios está siempre pendiente de nosotros sus hijos, cuidándonos. Como dice el Salmo 120: “Jamás se dormirá o descuidará el guardián de Israel”. Esto es cierto, jamás se duerme o descuida Dios de sus hijos. Él está siempre velando sobre nosotros, como vela una madre el sueño de su hijo que tiene fiebre o está enfermo. Dios no se descuida, Dios no es como nosotros, sus descuidados hijos del siglo XXI que tantas veces nos olvidamos de hablarle y sentirle cercano.

La oración insistente de la que habla Jesús consiste entonces, más que en palabras y palabras, en una actitud interior de confianza en Dios que está cuidándonos siempre,  que sabe lo que necesitamos y hace todo lo que está de su parte por darnos lo mejor… Ojo: “hace TODO lo que está de su parte” (siendo que es Todopoderoso, no creo que se quede a medias en esto), lo cual significa que sólo nos resta hacer lo que está de parte nuestra: abandonarnos en su querer, en su misericordia y amor. Siento que esta actitud es la que nos muestra la Primera Lectura de la Misa de hoy: Moisés confía en que Dios está de su lado, Dios es quien da la victoria a su pueblo, pero sabe que a él le toca “levantar las manos al cielo” para interceder. Es decir, la oración consiste en levantar nuestras manos al cielo, hacia Dios nuestro Padre, esperando que Él haga lo que mejor sabe hacer: cuidarnos… ¿Apoco no se parece este gesto al de aquellos niños pequeños que en cuanto ven a su papá o mamá levantan las manos para que los tomen en brazos? Mi mamá dice que cuando un niño hace eso está “embracilado”; ¡pues ojalá todos estuviéramos embracilados con Dios! Amén.

Pbro. Javier Arias 

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Domingo XXVIII Tiempo ordinario, ciclo C

Reflexión sobre Lc 17,11-19

         Nos encontramos con un texto del capitulo 17 del evangelio de san Lucas. En este contexto la narración llega a la última etapa del camino de Jesús hacia Jerusalén. Solo Lucas nos describe el episodio de la sanación de los 10 leprosos. El ambiente donde se desarrolla la escena es que, una persona que padecía una enfermedad, era considerada impura y como consecuencia era apartada de la comunidad, pues las desgracias y las enfermedades, especialmente las que dejan huellas o marcas repugnantes, en aquel tiempo eran creídas como un castigo de Dios. Este era el caso del leproso, obligado o mas bien marginado a vivir fuera del pueblo, sin contacto con nadie. Sólo. Apartado. Cuando se sentía sanada, la persona debía presentarse ante el sacerdote, de cuyas manos recibía un certificado de buena salud que lo reintegraba a la comunidad (cfr. Lv 14).  Además, Lucas agrega un detalle interesante: Jesús camina en medio de una región que podríamos llamar «tierra de nadie» en el sentido de que la religiosidad en aquella región no estaba bien definida, había gente que igual creía ciertas doctrinas que no pertenecían a la tradición de los judíos, y digo que es interesante porque es ya una enseñanza esta actitud de Jesús, pues el hecho de que haga milagros e instruya fuera de un ambiente judío, quiere decir que todos —especialmente quien quizá se siente desprotegido— estamos llamados a tener una experiencia de Dios.

         Un grupo de 10 enfermos, dice Lucas, se detuvieron a lo lejos y gritaban: «¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!». Este grito resume por así decirlo, el grito de tantos hombres que conscientes de sus necesidades llaman a las puertas del misterio buscando ayuda. Los leprosos llaman concretamente a Jesús, quizá porque seguramente han escuchado quien es, de sus milagros, porque esperanzados quizá en el valor liberador de sus enseñanzas, se confían. Ese es el significado que salen a su encuentro. Jesús sigue las normas prescritas por la legislación, por ello les manda presentarse delante de los sacerdotes. Cuando ellos se confían y son obedientes, se realiza el milagro y es justamente en ese preciso momento en el cual las vidas y el destino de aquellos hombres, que han sido sanados, comienzan a ser diferentes. Nueve de ellos, judíos —como especifica Lucas— aceptan con naturalidad y alegría el hecho y por ello prosiguen por el camino, con la intención seguramente de reintegrarse en los diversos aspectos de la vida social, económica y religiosa del pueblo. En el fondo, la sanación para ellos no ofrece nada nuevo, porque regresan a ser lo que antes eran, es decir, judíos, miembros del pueblo de Israel, con lo cual quiere Lucas denotar que para ellos el encuentro con Jesús ha sido simplemente superficial y pasajero.

         He aquí otro detalle de Lucas: aquel que vuelve con Jesús era samaritano, ya marginado sólo por pertenecer a un grupo étnico minoritario, además de la enfermedad. Cuando se siente sanado, no sabe a donde ir, porque ninguna comunidad, ni los samaritanos, ni los judíos le ofrecen garantías es por ello que regresa «alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias». Ponerse a los pies de Jesús es la actitud del discípulo que aprende del maestro. De este modo el samaritano, el que a los ojos de los demás era el heterodoxo, herético, despreciado, marginado, descartado…entra a formar parte de la comunidad de los seguidores de Jesús. Este es quizá un punto para nuestra reflexión a la luz de la Palabra: creyente es el hombre que, habiendo recibido el don de Dios, lo traduce en una nueva forma de ser y existir en el mundo. Al respecto Jesús hace una observación. Los nueve restantes recibieron la salud externa, sin embargo, en su interior continuaron vinculados a viejos esquemas, es decir, que por el hecho de cumplir la ley —lo que el samaritano no podía hacer— ellos creían que recibir una gracia era normal, tanto que no era necesario agradecer. Pensaban en el viejo esquema del merito, o como lo expresa el Papa Francisco, vivían en la actitud de la “meritocracia”, que no permite ser agradecido. El samaritano, por el contrario entra en el campo del don gratuito de Dios y que Cristo le ha ofrecido, por ello el milagro en él no ha sido solo exterior, sino pleno, total, en toda su persona.

         Jesús, sabe apreciar a la persona que no da nada por descontado, a quien se abre a la sorpresa, a quien sabe asombrarse y consecuentemente sabe ser agradecido. La gratitud es la memoria del corazón. No fue una manera de buena educación, sino el reconocimiento que la propia vida, en su totalidad, ha dado un vuelco a raíz del encuentro con Jesús que transforma la persona.

         «Levántate y vete. Tu fe te ha salvado». En este caso la fe de aquel hombre, fue manifiesta en la capacidad de interpretar la sanación recibida espontáneamente como un gesto de Dios. En otras palabras comprendió que su vida no podía ser como antes, porque ahora no era mas un incrédulo sino un creyente. Lo que había comenzado como una sanación física se transformó en salvación definitiva. Solo quien es capaz de descubrir este amor generoso y gratuito de Dios puede regresar siempre a Él, se puede transformar en su discípulo, puede posponer todo (familia, amigos, bienes, incluso a si mismo) con tal de seguirlo.

 

Pbro. Edgar Estrada

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¿CÓMO AUMENTAR NUESTRA FE?

Lc. 17, 5-10. En el Evangelio de este domingo, Jesús nos invita a recapacitar en nuestra fe y nuestro servicio.

Los apóstoles le piden a Jesús que les aumente la fe, es necesario leer un poco más lo que ha sucedido desde que tomó la decisión de subir a Jerusalén para comprender por qué la petición de los discípulos, pero más allá de la cantidad, Jesús, quiere advertir que es la calidad la que mueve no sólo tu interior, sino que serías capaz de mover al mundo.

Es decir, la fe firme aunque sea pequeña, pero cuando hay fe no es necesario aumentarla, sino que es necesario reavivarla, porque creemos en alguien, no en algo. Jesús no se puede multiplicar, pero nuestra confianza en él si puede aumentar, no hay cantidad, sino calidad, nuestra entrega puede ser decisiva para ese mover aquellas cosas que parecen ser sólidas.

El servicio. Cuando verdaderamente tenemos fe, la ponemos en práctica y nos entregamos al servicio.

Cuando nos entregamos tanto a este mundo, podemos dejar la oración, y poner en cantidad la fe que nos lleva al servicio, y al ponerle cantidad a la fe podemos caer en muchas tentaciones. Se puede engrandecer las acciones que hacemos para ser aplaudidos y en vez de servir a Dios queremos servirnos de Él. Puedo uno buscar imponerse por encima de los demás o buscar ser el protagonista de la historia. Y al llegar del campo, Dios simplemente nos pondrá a seguir trabajando, no te aplaudirá por haber hecho sólo aquello que te correspondía, no caigamos en la tentación de buscar ser la estrellita, el titularismo o el imponernos a los demás, sino que busquemos servir; servir y amar con fe y sobre todo con humildad.

A amar se aprende amando, a servir se aprende sirviendo y a creer en Jesús sólo se aprenderá creyendo y reavivando nuestra fe en Él día a día. La gratuidad sólo puede estar basada en el amor.

Seminarista: Isael Villalba, Teología I

 

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Domingo XXV del Tiempo Ordinario

 

"El administrador sagaz"

Hace dos domingos nos enseñaba Jesús a buscar la verdadera sabiduría: distinguir lo que es importante y lo que no lo es en nuestra vida, para renunciar, si es el caso, a las cosas secundarias y asegurarnos las que en verdad valen la pena. Hoy nos pone un tema siempre actual ¿Qué uso debemos hacer del dinero, para que no nos estorbe, sino al contrario nos favorezca para conseguir un crecimiento en nuestra fe? Según el uso qué hagamos de los bienes materiales de esta vida estamos mostrando nuestra sensatez o nuestra insensatez.

Jesús con una parábola que nos puede parecer extraña, porque parece alabar a un administrador injusto, por la astucia con que había procedido, al conceder rebajas a sus acreedores, renunciando a su propia comisión. Pareciera que Jesús hace suya esta alabanza, pues lo pone como ejemplo para los hijos de la luz ¿Que diremos nosotros? ¿Es que puede presentarse como modelo a un sinvergüenza? ¿Jesús se pone de parte del injusto? Si queremos comprender la enseñanza del Señor, es necesario aclarar el sentido de la misma: el amo no aprueba la gestión de su administrador, al que despide precisamente por fraude, sino que alaba su previsión del futuro, queriendo ganarse amigos para los tiempos malos que se le avecinan. Por tanto el administrador infiel es alabado por astuto, no por injusto, es así que los hijos de la luz deben imitar la agudeza, astucia y previsión que en sus negocios ponen los hijos de este mundo: no es la falta de honradez y la corrupción lo que se pone de modelo, sino la sagacidad.

Seremos listos en el uso del dinero, si lo usamos como un medio, sin convertirlo en un fin absoluto. Si nos dejamos esclavizar por él, si caemos víctimas de su fascinación, llegando incluso a injusticias evidentes, no hemos sabido o querido entender lo que es importante y lo que no lo es. 

Tenemos que ser astutos, sagaces, creativos para las cosas espirituales como lo somos seguramente para las económicas y materiales de nuestra vida.  En el empeño por conseguir los bienes y la meta definitiva del reino de Dios, los creyentes debemos imitar el esfuerzo y la dedicación de los que aspiran alcanzar sólo los bienes terrenos: hacer dinero, adquirir un puesto, asegurar el éxito; si por estos fines el hombre es capaz de gastar todas sus energías, cuanto más debe hacerlo por Dios que es la fuente de todos los bienes recibidos por la humanidad.

Con esta propuesta, Jesús nos invita a no ser ingenuos, estamos llamados a orientar nuestra vida con sagacidad. Con esta parábola, podemos reconocer que: aún de los errores se aprende, mientras hay vida, hay esperanza. Debemos aprovechar la culpa como una ocasión para ponernos en relación con los demás. La culpa nos invita a tratarnos humanamente unos a otros. El administrador hace lo único posible: deja que se vaya su culpabilidad y acorta su culpa. De esta manera tiene La esperanza de que la gente le acogerá en su casa. Él se comporta creativamente con su culpa. Es creativo para ver cómo puede sacar lo mejor de su falta. Hay que ganar amigos con el dinero injusto, para que, cuando nos falte, nos reciban en las moradas eternas.

Pbro. Luis Antonio Bañuelos  

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XXIV Domingo del tiempo ordinario

 

 

Lc 15, 1-32

     CENTRA MI ESPECIAL ATENCIÓN LA 1ª LECTURA DE ESTE DOMINGO: EXÓDO 32,7—11.13—14 CUANDO DICE: “SE HAN HECHO UN BECERRO DE METAL, SE HAN POSTRADO ANTE ÉL Y LE HAN OFRECIDO SACRIFICIOS Y LE HAN DICHO: “ESTE ES TU DIOS, ISRAEL, ES EL QUE TE SACÓ DE EGIPTO” LEYENDO Y MEDITANDO NUESTRO PROYECTO DE PASTORAL DIOCESANO EN SUS PÁGS. 45—47ME PREGUNTE A MI MISMO ¿Cuál ES EL BECERRO DE METAL QUE NOS PRESENTA HOY EL MUNDO ACTUAL? Y RESULTO QUE ES EL SECULARISMO EXPRESADO PALPABLE Y COTIDIANAMENTE EN EL RELATIVISMO ¿Qué ES ESTO? QUE CADA PERSONA QUIERE QUE SU VERDAD SEA LA ÚNICA, Y SE HACEN DIOSES A SU MEDIDA, OLVIDÁNDOSE DEL ÚNICO DIOS VERDADERO, Y DE SU GRANDEZA FRENTE A NUESTRA PEQUEÑEZ Y DE QUE LO NECESITA. ESTE ABANDONAR A DIOS, CONDUCE A LA GENTE A FALSAS ESPIRITUALIDADES, FALSAS SALIDAS, PÉRDIDA DEL SENTIDO DE LA EXISTENCIA, SE DEJA CADA VEZ MÁS A DIOS AUN LADO, AUNQUE SE LE NECESITA.  POR LO TANTO LA PEOR POBREZA NO ES EL HAMBRE FÍSICA, SINO LA MISERIA ESPIRITUAL Y CULTURAL QUE NOS DEJA SOLOS FRENTE A LA TIRANÍA DEL “TANTO TIENES, TANTO VALES”

     LLEGANDO A COMPROMETER LO MAS SAGRADO QUE TENEMOS, NUESTRA PROPIA CONCIENCIA YDIGNIDAD COMO PERSONAS, NUESTRA IMAGEN Y SEMEJANZA CON DIOS, PERO ESTO NO ES TODO, LO MÁS ESCÁNDALOSO ES CUANDO EL espíritu del mundo SE APODERA DE LOS LUGARES SANTOS, DE ESOS ESPACIOS QUE SON LUGARES DE FE, DE ORACIÓN, DE ENCUENTRO CON DIOS, LUGARES DE FRATERNIDAD, DE AMOR, COMO SON EL MATRIMONIO, LA FAMILIA, LAS COMUNIDADES CRISTIANAS, LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS, DE LOS ADOLESCENTE Y JÓVENES, ENVOLVIÉNDOLOS EN FALSAS ILUSIONES, LOS PASTORES.

    LLEVÁNDONOS A UN HEDONISMOS ESPIRITUAL, ¿Qué ES HEDONISMO ESPIRITUAL? REVOLVER A LA FE CUANTO SE TE PONGA ENFRENTE, SUPERSTICIÓN, BRUJERIA, HOROSCOPOS, LECTURA DE CARTAS, DEL TAROT, GRUPO LA ESPERANZA,  NEW EAGE, Y TANTAS Y TANTAS COSAS QUE SE LE AÑADE A LA PUREZA DE LA FE Y A LA VERDAD DEL EVANGELIO, DE DIOS Y DEL HOMBRE, POR CONSECUENCIA, ESTOANESTESIA NUESTRAS CONCIENCIAS, NUESTRO ESPÍRITU, NUESTRO CORAZÓN, NUESTRAS ALMAS Y NO RESPONDE A LAS INTERROGANTES FUNDAMENTALES, NI SALVA, NI HACE COMUNIDAD, AL CONTRARIO, NOS ALEJA DE DIOS, NOS DEJA VACIOS Y SIN SENTIDO A NUESTRA RAZÓN DE EXISTIR.

     TAL COMO VEMOS EN EL EVANGELIO DE HOY, NUESTRO SEÑOR JESÚS NOS PROPONE TRES PARÁBOLAS, LA OVEJA PERDIDA, LA MUJER QUE SE LE PIERDE UNA MONEDA Y EL HIJO QUE ENCARANDO A SU PADRE LE PIDE LA PARTE DE LA HERENCIA QUE LE TOCA, POCOS DÍAS DESPUÉS, TOMANDO LO SUYO, SE VA DE LA CASA PATERNA, SE ALEJA DEL PADRE, DE DIOS, DE SU ORIGEN, DE SU PRINCIPIO Y FUNDAMENTO, DE SU FIN ÚLTIMO, EMPIEZA A MALGASTAR TODO CUANTO POSEÍA, SE LE VA ACABANDO SUS ANHELOS, SUS ESPERANZAS, HASTA QUEDAR COMPLETAMENTE VACIO, SIN SENTIDO NI RAZÓN DE SER. PERO ENTRANDO DENTRO DE SÍ, SE PUSO A REFLEXIONAR, ¿CUANTOS TRABAJADORES EN LA CASA DE MI PADRE TIENEN PAN DE SOBRA Y YO ESTOS AQUÍ MURIÉNDOME DE HAMBRE? NO HAY NADA MÁS SAGRADO QUE RECONOCER Y ACEPTAR QUE DIOS, NO ES UNA IMPOSICIÓN, SINO UNA NECESIDAD, EL SER HUMANO TIENE HAMBRE Y SED, Y SE APASIONA POR EL PODER, POR EL TENER, POR TODA CLASE DE VICIOS HABIDOS Y POR HABER, PERO NO SE DA CUENTA QUE DE LO QUE TIENE HAMBRE Y SED ES DE DIOS, DE ESE SER ABSOLUTOS, MISERICORDIOSO E INFINITO QUE NOS CREÓ A SU IMAGEN Y SEMEJANZA, SOLO HAY QUE DARNOS ESE ESPACIÓ, PARA MEDITAR, PARA REFLEXIONAR Y RECAPACITAR, COMO ESTE HOMBRE DEL EVANGELIO. Y ENTONCES SE DIJO: “ME LEVANTARÉ Y VOLVERÉ A MI PADRE, Y LE DIRÉ,  PADRE HE PECADO CONTRA EL CIELO Y CONTRA TI, YA NO MEREZCO LLAMARME HIJO TUYO, TRATAME COMO A CUALQUIERA DE TUS TRABAJADORES.”

     PERO OH SORPRESA, EL PADRE NO SE CANSA DE ESPERARNOS, NO SE CANSA DE BUSCAR, SALE A NUESTRO ENCUENTRO, NOS ABRAZA, NOS COLMA DE BESOS, NOS PONE LAS SANDALIAS, LA TÚNICA, UN ANILLO EN EL DEDO, MATA EL BECERRO GORDO Y HACE UNA GRAN FIESTA,  Y EXPREZA ALGO MUY, PERO MUY INTERESANTE: ESTE HIJO MIO, ESTABA PERDIDO Y LO HEMOS ENCONTRADO, ESTABA MUERTO Y HA VULTO A LA VIDA” SEPARARSE DE DIOS, ES PERDERSE, Y EL SALARIO DEL PECADO ES LA MUERTE, VOLVER A DIOS, ES VOLVER A LA VIDA Y RECOBRAR EL SENTIDO DE LA MISMA, VOLVIENDO A NUESTRO CORAZÓN LA ALEGRÍA Y LA FELICIDAD.

     POR ESO RETOMANDO NUEVAMENTE EL PROYECTO DE PASTORAL DIOCESANO DICE: “ES NECESARIA UNA ADECUADA Y PERMANENTE FORMACIÓN DESDE EL EVANGELIO, QUE NOS PERMITA DISCERNIR NUESTRA ACTUACIÓN FRENTE AL MUNDO Y SUS ÍDOLOS QUE NOS PRESENTA, DISCERNIR NUESTRA PROPIA VIDA, NUESTRA RAZON DE EXISTIR, PARA NO HABITUARNOS O ACOSTUMBRARNOS AL MAL, COMO LO HACIAN LOS ESCRIBAS Y FARISEOS QUE REPRESENTAN AL HERMANO MAYOR, Y NO SOLO NOS HABITUAMOS A ELLO, SINO QUE HASTA NOS ENOJAMOS, CUANDO ALGUIEN SALE DE SU ERROR, PARA VOLVER A DIOS, Y HASTA QUISIERAMOS CERRARLE LAS PUERTAS O PONERLE SANCADILLAS, PARA QUE SIGA EN EL ERROR, LA MENTIRA Y EL ENGAÑO DEL MAL QUE SE CIERNE EN NUESTRO MUNDO. DIOS ES , QUIEN NOS ESPERA PARA COLMARNOS DE VIDA, DE ALEGRÍA, DE AMOR, Y EXPERIMENTEMOS SU MISERICORDIA, PARA ANUNCIARLO Y LLEVARLO A TODOS, QUE TODOS CONOZCAN A ESTE PADRE BUENO, Y MISERICORDIOSO, QUE NOS ESPERA, QUE NOS RECIBE, QUE NOS ABRAZA Y NOS COLMA DE SU PAZ.

    2ª LECT. DE HOY; 1ª Timoteo 1,12—17.  NOS DIRÁ EL APÓSTOL SAN PABLO, QUIEN EXPERIMENTO EN SU SER EL AMOR DE DIOS, MANIFESTADO EN JESUCRISTO: “ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MI” Y NO SE CANSÓ NUNCA DE AGRADECERLE A DIOS, TAN GRAN DON, COMO HOY DICE: DOY GRACIAS A AQUEL QUE ME HA FORTALECIDO, A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, POR HABERME CONCIDERADO DIGNO DE CONFIANZA AL PONERME A SU SERVICIO. DIOS CONFÍA EN TI, DIOS CREE EN TI Y PONE A TU DISPOCISIÓN INFINIDAD DE MINISTERIOS (DE SERVICIOS) QUE HAY EN TU PARROQUIA, EN TU COMUNIDAD, SEGUIRÁ DICIENDO EL APÓSTOL: EN MI INCREDULIDAD OBRÉ POR IGNORANCIA Y LA GRACIA DE NUESTRO SEÑOR SE DESBORDÓ SOBRE MÍ, AL DARME LA FE Y EL AMOR QUE PROVIENE DE CRISTO JESÚS.  EN ÉL EN CRISTO ESTA LA FUENTE, LA RAÍZ Y LA RAZÓN DE NUESTRA VIDA. HE AHÍ EL PORQUE DE LA ALEGRÍA Y GRATITUD CONSTANTE DE SAN PABLO. CRISTO JESÚS ME PERDONO, PARA QUE FUERA YO EL PRIMERO EN QUIEN EL MANIFESTARÁ TODA SU GNEROSIDAD Y SIRVIERÁ YO DE EJEMPLO A LOS QUE HABRÍAN DE CREER EN ÉL, PARA OBTENER LA VIDA ETERNA.  EN CRISTO DIOS LE REVELA EL HOMBRE AL HOMBRE, SU VOCACIÓN Y SU MÁS ALTA DIGNIDAD (SAN JUAN PABLO II) QUE SANTA TERESA DE CALCUTA QUE SUPO DISCERNIR QUE QUERÍA DIOS DE SU VIDA Y NUESTRA MADRE SANTÍSIMA LA VIRGEN MARÍA, POR SU INTERSESIÓN NOS CONCEDAN A TODOS VOLVER NUEVAMENTE CON TODA SINCERIDAD Y HONESTIDAD A DIOS.

 

Pbro. Carlos Barrio Reza

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Si alguno quiere seguirme... XXIII Domingo Ordinario

Lc 14,25-33

 

El evangelio de éste domingo nos remitea uno de esos tantos momentos en que el Señor Jesús es rodeado por una muchedumbre. Y siempre será una oportunidad para comunicar el mensaje de la salvación, y de alguna manera las exigencias en su seguimiento. Nos dice textualmente: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún así mismo, no puede ser mi discípulo”. Expresiones que nos pueden parecer muy radicales y difíciles de vivir. No podemos perder de vista que el amor a Cristo y a los demás no están en la misma línea de intensidad. El primer mandamiento tienesólo unobjetivo, Dios. Y nadie que no sea Dios puede ser puesto ahí, nadie puede ser amado con amor de adoración (sería idolatría), de entrega absoluta, de discípulo sin condiciones. El amor que tenemos y sentimos por nuestros seres queridos, es y debe ser de distinta manera, amarlos a la luz de Dios, pero sin que ocupen el lugar de Dios.  Cuando se ama a Dios como debe de ser, entonces Él nos capacita para darles el justo lugar y amor a los que nos rodean.

Cargar la cruz, es permanecer fieles al Señor en cualquier circunstancia de nuestra vida, es caminar en comunión con Cristo hacia el calvario por su obediencia al Padre Eterno. Cargar la cruz no se reduce puesa no desalentarnos en medio de los sufrimientos o situaciones adversas de la vida. Pero no es cargarla por cargarla oporqueno nos queda de otra, ni pretende ser masoquismo, sino la oportunidad privilegiada de asumir la vida como tiempo de gracia y bendición.

Ya al final del evangelio, el Señor Jesús también nos exhorta a no vivir esclavizados a los bienestemporales. No podemos ser verdaderos discípulos si no somos capaces de desprendernos de todo aquello que ata nuestros corazones. Como nos cuesta ser libres, libertad que nos haga capaces de abrazar los bienes eternos. Que los bienes temporales sean nada más medios que nos faciliten llegar al fin último, que es la Vida Eterna, la salvación.

Pbro. Ildefonso Acosta

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DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

En cierta medida, el texto evangélico de este domingo hace una fotografía de dos características del hombre de hoy: un hombre atareado y estresado. Vemos a una mujer, Marta, muy agitada, casi desbordando en lo compulsivo, pero así comparable con tantas expresiones actuales: ¿de que sirve rezar tanto? Lo importante es obrar bien, o quien dice que no es muy religioso pero se esfuerza por hacer el bien, hay incluso quien personas tan entregadas en hacer acciones de bien, que no tienen tiempo para un encuentro de escucha con Dios. Hay mucho ruido que pretende invadir hasta nuestros espacios mas íntimos, basta pensar en quien se despierta y lo primero que hace es revisar el celular, porque es importante que tenga batería suficiente, de lo contrario puede ser un mal día. El ultimo gesto del día puede ser revisar el celular o apagar la televisión. Es cierto que la comunicación y la información es importante, sin embargo ello dificulta la concentración, la reflexión, la interiorización, en una palabra la paz interior, porque todo se impone desde afuera que sin filtrarlo, analizarlo y hacer opciones personales se corre el riesgo de vivir una vida que no es nuestra, vivir una vida impuesta.

 

Marta es la imagen de quien vive estresado, de quien lleva una agenda muy apretada y de quien dice: «no tengo tiempo», «estoy cansado», «me gustaría, pero no me ajusta el tiempo», de quien se ocupa tanto en hacer cosas, incluso muy buenas, pero no sabe ser bueno. Y como a Marta, Jesús nos dice: «no vivas tu vida tan frenéticamente, de una lado a otro, quiero tu compañía».

 

Con todo, debemos decir que no se trata simplemente de dos alternativas que reducirían nuestro actuar: o acción o contemplación, sino de buscar un equilibrio. De una acción contemplativa y de una contemplación activa. Jesús en múltiples pasajes del evangelio también quiere que quien le sigue haga acciones, él mismo recorre ciudades de norte a sur. Trabaja mucho, pero ora mucho, a veces noches enteras y siempre antes de decisiones (acciones) importantes en su vida. La vida transcurre entre la oración y la acción.

 

Quizá la gran enseñanza sea pues aprender a estar a los pies de Jesús, como María, es decir que entre la vida tan agitada podamos encontrar en Dios un descanso verdaderamente reparador a través del silencio, de la oración y de la convivencia. ¿Qué crees que te pide el Señor? ¿Más oración? ¿Una mayor intensidad en la calidad de la convivencia con la familia o con los amigos? Porque en el recuperar todo ello, seguramente, como María, saldremos reanimados de ese encuentro y encontraremos paz a los pies del Señor.

 

Pbro. Edgar Estrada León

 

 

 

 

 

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HACERSE PRÓJIMO. DOMINGO XX, TIEMPO ORDINARIO

Lc 10, 25-37

Un maestro de la ley era un celoso guardián de la recta doctrina. Sabía exponer con elocuencia y defender con agudeza la ley del Señor. Si ahora se acerca a Jesús uno de ellos, no es porque le interese aprehender nada, aunque se presenta con la máscara de discípulo. Seguramente habría escuchado algo de Jesús y quería cuestionarlo. Su fuerte era el “rollo”, la discusión. De ellos Jesús pensaba que “burlaban el mandamiento de Dios con preceptos humanos”(Mt 15, 3). Jesucristo le cierra tajantemente ese camino, porque en ellos era casi enfermizo. Hace al maestro de la leyenunciar lo esencial de los mandamientos de Dios y lo invita a ponerlo en práctica. A quien se mueve mucho en el mundo de la ideas, puede llegar a confundir realidad con su imaginación, por eso se le deba ayudar a aterrizar. El Papa Francisco nos dice que la realidad debe preceder a la idea. La propuesta de Jesús no es una doctrina que satisfaga el morbo intelectual, sino que es una experiencia de vida, se trata más bien de un encuentro personal antes que de una decisión ética, nos dice el Papa Benedicto XVI.  El conocimiento debe estar al servicio de la fe y de la acción. No se trata de menospreciar el conocimiento, sino de darle su justo lugar. La parábola de las dos casas está en función de poner de manifiesto la importancia del hacer la voluntad de Dios(Mt 7, 24-27). Jesús parece decir que peor que la ignorancia, es el conocimiento que no es llevado a la vida. ¡Si pusiéramos en práctica lo poco que sabemos, el mundo sería otro!  No se debe caer, tampoco, en el enfrentar la razón y la fe, diciendo que si está una no debe estar la otra, como se ha pretendido a veces, sobre todo por los que endiosan a la razón. La vida no se podrá resolver nunca con la pura ciencia, siempre permanecerán cuestiones abiertas al misterio, que reclaman la fe no como impotencia, sino que hay cosas que simplemente se deben obedecer. No es raro que algunos que van avanzando en sus estudios y se van adentrando en el mundo de la ciencia vayan abandonando la fe. Desde el principio el cristianismo fue amenazado por ser reducido a una doctrina, al alcance de ciertos privilegiados que teníanun buen razonamiento, unos de ellos se llamaban los gnósticos. Para creyentes demasiado intelectualistaso espiritualistas, Jesús diseña una parábola que quedará como criterio de que la fe goza de buena salud, en cualquier tiempo. Es la respuesta de Jesús frente a quien insiste en seguir perdiendo el tiempo en discusiones estériles. La parábola del buen samaritano es consagrar el amor al prójimo como el mejor culto que se puede dar a Dios, superando toda barrera que se pretenda poner: racial, religiosa, moral, cultural, etc. La mejor religión es la que cura las heridas, la que promueve la dignidad del ser humano; la verdadera inteligencia es saber tener compasión de su hermanos: “La religión pura y sin manchadelante de Dios es esta: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones…”(St. 1, 27)  

 

Pbro. Martin Barraza

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"Como Corderos en medio de Lobos"

(Lucas 10, 1-12, 17-20)

En el gran discurso misional del evangelio, Jesús envía a sus discípulos «como corderos en medio de lobos». Hoy día vemos hombres, que se comportan como lobos con respecto a la familia. Y ahora que quieren minar en su misma base la familia, diciendo que cualquier relación puede ser un “matrimonio igualitario”, ¡a dónde vamos a parar! Eso no es familia; eso no es matrimonio; eso es propiciar un caos social, que se nos viene encima. El contenido básico de la evangelización es el reino de Dios, inaugurado en Jesús. Fruto de este anuncio es la paz de Dios. La paz bíblica (shalom), la paz de Cristo, no es la mera ausencia de guerra, sino la síntesis de todas las bendiciones. Cristo introdujo una nueva realidad en el curso de la historia, la familia, el perdón, la paz; y nos envía a todos para anunciar el evangelio de la vida, del matrimonio y de la familia. Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual.

El Papa Francisco, en su Exhortación La alegría del amor, dice: “La sociedad y la política no terminan de percatarse de que una familia en riesgo pierde la capacidad de reacción para ayudar a sus miembros. Notamos las graves consecuencias de esta ruptura en familias destrozadas, hijos desarraigados, ancianos abandonados, niños huérfanos de padres vivos, adolescentes y jóvenes desorientados y sin reglas. Como indicaron los Obispos de México, hay tristes situaciones de violencia familiar que son caldo de cultivo para nuevas formas de agresividad social, porque las relaciones familiares también explican la predisposición a una personalidad violenta. Las familias que influyen para ello son las que tienen una comunicación deficiente; en las que predominan actitudes defensivas y sus miembros no se apoyan entre sí; en las que no hay actividades familiares que propicien la participación; en las que las relaciones de los padres suelen ser conflictivas y violentas, y en las que las relaciones paterno-filiales se caracterizan por actitudes hostiles. La violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básicas” (AL 51).

“Nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio es algo que favorece a la sociedad. Ocurre lo contrario: perjudica la maduración de las personas, el cultivo de los valores comunitarios y el desarrollo ético de las ciudades y de los pueblos. Ya no se advierte con claridad que sólo la unión exclusiva e indisoluble entre un varón y una mujer cumple una función social plena, por ser un compromiso estable y por hacer posible la fecundidad” (AL 52).

“El varón juega un papel igualmente decisivo en la vida familiar, especialmente en la protección y el sostenimiento de la esposa y los hijos. La ausencia del padre marca severamente la vida familiar, la educación de los hijos y su integración en la sociedad” (AL 55).

Salvemos la familia, no sólo defendiendo que debe estar formada por un hombre y una mujer, sino procurando que haya amor, diálogo, responsabilidad y educación en valores, en cada una de nuestras familias, mostremos que este proyecto de Dios es un camino de felicidad. 

 

Pbro. Luis Antonio Bañuelos

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XI DOMINGO ORDINARIO

Lc 7,36-8,3

 

Si algo aparece muy marcado a lo largo de los evangelios, es la actitud que tuvo Cristo Jesús con los pecadores. El mismo texto de hoy nos da muestra de cómo al ver un corazón herido y lastimado por el pecado, le ofreceel perdón y la paz.

Dice el evangelio que habíasido invitado Jesús a comer en casa de un fariseo y en ese momento llega una mujer que cargaba con el peso de ser señalada como pecadora pública. Situación que la tenía sometida, aplastada y humillada. Ella seguramente había oído hablar de Jesús de Nazaret, y va en búsqueda de Él. Ella seguramente tiene la esperanza de encontrase con Alguien que la comprenda, la ame y la valore de verdad.

Por las acciones que realiza: “y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume”.  Se acerca a Jesús con arrepentimiento, con dolor de sus pecados; cuantos recuerdos traería a su mente donde ella se sintió burlada, usada y cosificada y a la vez darse cuenta de cómo no se había valorado ella misma.

Su corazón herido la condujo al ser más perfecto de la humanidad, Cristo Jesús. Se encontró con quien le tendería la mano sin juzgarla, y quien la amaría incondicionalmente, así como levantarla para iniciar una vida nueva.

Cuando la voz de Jesús llego a su corazón, “ tus pecados quedan perdonados”…tú fe te ha salvado. Vete en paz,”  aquella mujer se sintió la más libre y en paz, comenzaba una vida nuevagracias a la misericordia que él Señor Jesús había tenido con ella.

Jesús había visto en ella sincero arrepentimiento, había mostrado a Cristo mucho amor.

No dudemos en acercarnos a Jesús con plena confianza, él nos va a esperar siempre con un corazón inundado de ternura y bondad, confiemos en su misericordia.

 

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