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La semana pasada hemos contemplado en las redes sociales crueles imágenes que han recorrido al mundo. (Como la “fotografía de la vergüenza”, donde aparece un niño sirio de 3 años de edad sin vida, Aylan Kurdi, muerto en la orilla de una playa turca) Esto ha llevado al hombre a despertar y enfocar la mirada en Medio Oriente. La guerra no es un tema nuevo, no pocos han huido de los países que lo componen. Familias enteras migrando, muchas sólo encuentran muerte, otras tantas no terminan el trayecto. Peregrinan hacía lo que ellos piensan será un lugar mejor, donde poder educar a sus hijos, lejos del horror que contemplan diariamente, superando así las escenas traumáticas de a diario. 

¿Dónde está el mundo? ¿Dónde está la ONU? ¿Dónde está la protección del patrimonio internacional? ¿Dónde están esos organismos, qué hacen?, el papa Francisco ha dicho: “¡La humanidad tiene necesidad de ver gestos de paz y de escuchar palabras de esperanza y de paz!”, ¿dónde estamos los cristianos del mundo frente a esta situación de nuestros hermanos de Medio Oriente?, tendremos que decir que hemos sido indiferentes, hemos cerrado los ojos y los oídos al clamor de estos inocentes que han sufrido el horror más grande que puede vivir la humanidad: la guerra, este odio que traspasa las fronteras. 

Ante los conflictos en Siria, el papa Francisco exclamó: “Queremos un mundo de paz, queremos ser hombres y mujeres de paz, queremos que en nuestra sociedad, desgarrada por divisiones y conflictos, estalle la paz; ¡nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra!” Como resultado de la jornada de oración y ayuno por la paz en Medio Oriente, se consiguió parar un ataque bélico contra Siria que estaba anunciado ya por parte de EE.UU. Dios escucha las peticiones de los hombres y puede actuar en el mundo, pero para que esto suceda es necesario abrir el corazón, compadecerse de los que sufren y clamar a la misericordia divina de un Dios de amor. 

Están en juego principios fundamentales; el valor de la vida, la dignidad humana, la libertad religiosa y la coexistencia pacífica y armoniosa entre los individuos y los pueblos. Este fenómeno continúa, las violaciones contra los derechos humanos y del derecho internacional humanitario por el llamado Estado Islámico (ISIS). El drama de la migración en las últimas semanas, con el que Europa se ha visto obligada a intervenir, es una prueba irrefutable de esta tragedia. ¿Es acaso necesaria una imagen desgarradora la que se tenga que exponer para sensibilizar a los pueblos, y que así se abran las puertas a los migrantes? Oremos por nuestros hermanos, por aquellos que sufren la guerra y el horror, por los que mueren al emigrar. 

¡Nunca más la guerra! Es el grito apremiante que, desde nuestros corazones y de los corazones de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, se eleva al Príncipe de la paz. 

Jorge Reyes

 Teología II

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