La postura que, en general, asume el hombre ante la realidad tiene que ver con un “justificar” sus actos con el argumento del “ser libre”. Resultan escasos los vínculos que se forman entre ser humano y los distintos criterios de moralidad que predominan, pues ante las decisiones, el único que determina lo decidido es el mismo hombre. Se es testigo de un “divorcio” entre hombre y criterios morales, ya que cualquiera de éstos se toma como un atentado a su preciada libertad. Sin embargo, ésta defensa radical de dicho valor, y el afán del ser humano por ver en sí mismo el medio y finalidad de la existencia, le ha conducido a un estado de egoísmo e individualismo. Esta mentalidad se ha impregnado de tal manera en la cultura contemporánea que exige reflexiones serias y objetivas sobre la misma.

Son diversos los modos en que se manifiesta la mentalidad mencionada y la posición respecto a la existencia, cada uno de ellos otorga numerables aspectos dignos de ser debatidos. Uno de estos modos es el aborto, directo o provocado, siendo conscientes que los puede haber indirectos  o espontáneos.

El problema del aborto a adquirido fuerza, da de qué hablar puesto que existe interés de la misma sociedad respecto a él, sea a favor o en contra. La ciencia, los derechos humanos, la constitución, la Iglesia, han presentado su postura ante dicho problema, quedando aún un sendero profundo e incierto por recorrer. Resulta ingenuo creer o pretender que en escasos párrafos aparecerá el veredicto final respecto a la aprobación o no del aborto, sin embargo, es un problema de tal magnitud ante el cual se debe mostrar gran responsabilidad y minuciosa vigilancia.

El que aborta de manera intencional, movido por intereses egoístas, atenta contra la vida, no sólo contra la del ser humano al cual le es arrebatada, sino contra la vida en su sentido universal, contra la existencia misma. No se trata de seguir un criterio eclesial, social o personal (para aquellos a los que les causa conflicto), es más bien reconocer el orden que la naturaleza posee, incluyendo la del ser humano. El mayor bien para un ser es precisamente existir, y su mayor mal es la no-existencia. Por lo tanto, la existencia es el primer y fundamental valor. Los que se ocupan en imponer ciertos valores por encima de la existencia se contradicen, pues ¿de qué manera los defienden? Sólo en cuanto existen pueden hacerlo; existo, luego actúo. ¿Atentan contra el valor que les da la oportunidad de defender sus ideales? ¿Quieren eliminar la fuente de la cual surgen los valores que defienden? ¿Cómo el hombre poseerá libertad o dignidad si él mismo se aferra en colocar obstáculos a su existencia? Vaya contradicción.

Ni la “victoria” ni la “derrota” están implicadas en la legalización o no del aborto, se trata más bien de un cambio de mentalidad, de una nueva postura ante la vida, de rescatar y luchar realmente por los valores fundamentales, siendo el primero de ellos el de la existencia, sin “disfrazarlos” con la intención de ocultar beneficios particulares o por seguir tal o cual tendencia a la cual se tiene afinidad. Con mentalidad abierta, mas no por ello permisiva, con pensamiento arraigado, mas no por ello cerrado. Sin dar espectáculos, pues el apasionamiento desmedido por defender la postura asimilada impide el diálogo y cierra las puertas al progreso. Que la pasión, mejor aún, gire en torno a la Verdad y al bien común.

Alan Barrio.

Filosofía III

 

Fuentes de apoyo:

-       Amor y Responsabilidad. Karol Wojtyla

-       Cruzando el umbral de la esperanza. Juan Pablo II

-       Introducción a la Ética. Raúl Gutiérrez Sáenz

Comment