Nuestra comunidad ha sufrido graves dolores que llegan hasta el fondo de nuestros corazones, nuestra existencia es el don más grande que puede haber en nosotros, lo más bello que nos conforma y nos hace ser lo que realmente somos; tenemos un soplo dentro de nosotros y ese soplo nos lo da Dios mismo, y nos llena a cada suspiro con muchas más ganas de seguir viviendo. La realidad es esta: la vida está llena de maravillas y estamos aquí para ser felices; tú no estás solo amigo mío, en todo momento alguien está junto a ti y ese Alguien te quiere feliz.

Sin embargo, parece que en la actualidad, todos estamos para hacernos caer los unos a los otros sin importar el medio por el cual lo obtengamos. El término bulling ha tomado gran importancia desde hace algunos años, sólo porque entonces recibió el nombre que tiene actualmente. El suicidio ha herido en gran medida nuestra comunidad, teniendo como víctima a una persona que no encuentra un “sentido” conciso al por qué está en este mundo. Cada uno tiene una misión importante para la cual está enviado a cumplir, a disfrutar y a vivir intensamente. La pregunta que muchos se hacen es: “¿La existencia tienen sentido?”, la verdad, tengo que decirte una cosa, hay que hacerse a la idea de que la vida no tiene un sentido, ¡tiene una misión! Esto es lo que tenemos que enseñarnos entre nosotros, apoyarnos como una hermandad, no hacer caer al hermano por que el fin último de toda convivencia social es apoyarnos cuando más necesitamos ayuda; y expresar el amor hacia el prójimo.

Hay ocasiones que rechazamos esta felicidad que se nos ofrece y nos dejamos llevar por lo que sentimos interiormente; pensamos que no hay solución a los problemas que nos atormentan y nos rodean; pareciera que no tenemos razón alguna para ser felices, creo que por esto es más frecuente ver en el día a día más noticias malas que noticias buenas. Creemos que a este mundo se vino a sufrir. Vemos un mundo que es gris y cruel, frio y devastador. Pero te repito, sufrir no es nuestro fin.

         Déjame te cuento que la felicidad está muy al alcance y que la ayuda puede llegar de quien menos lo imaginas, y en un principio sólo hace falta que te dejes amar, y no por cualquiera, sino por Quien desde el principio, mucho antes de nacer ya te amaba (Jr. 1,5), y con mucho amor nos dio la vida. No obstante más que preguntarse: ¿Qué es el amor? Será necesario más bien cuestionarse ¿Quién es el Amor? Y la respuesta indudable a esto es Dios mismo, como diría el apóstol Juan en su carta: “Dios es amor” (1 Jn 4,8).

“El amor es paciente y bondadoso; no tiene envidia ni orgullo ni arrogancia. No es grosero ni egoísta, no se irrita ni es rencoroso; no se alegra de la injusticia sino que su alegría está en la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor. 13, 4 – 7).

De esta manera podemos ver que el suicidio no es opción para librarse de los problemas ni un camino por el cual se debe seguir para acabar pronto con el dolor. Al contrario, más bien el camino que debemos seguir es el de Aquel que solamente quiere nuestra felicidad, nuestra realización, y que a sí mismo se ha nombrado como Camino, Verdad y Vida (cfr Jn 14, 16). En el momento menos esperado puedes encontrarte con Él y siempre estará ahí para ofrecerte su ayuda, Él es quien nos consuela, quien nos sana. Puede sanarte a ti y a mí si vamos a su encuentro, sólo nos hace falta eso, acercarnos, así como el ciego que grita: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!” (Mc 10, 46-52), así debemos ir con Él.

            Ten animo, Él solo quiere amarte y verte feliz.

Javier Alberto Portillo Guzmán

Filosofía I

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