Pareciera que el mundo y el estado de vida tan acelerado que se nos presenta hace que nos olvidemos de las cosas mas esenciales de la vida. ¿A caso no somos todos personas? Responder a esta pregunta es un poco difícil, no porque la pregunta lo sea, sino porque al hombre se le ha olvidado lo mas esencial de su existencia que es el “Ser”.

Cuando la persona es capaz de reconocerse para los demás, deja de cerrarse al simple orgullo y cerrazón de corazón, es capaz de abrirse al horizonte de la vida, es capaz de respetar la vida de cada persona. Ser para el otro es reconocer la igualdad que tienen las demás personas.

Reconocernos como personas es lo que hace falta en un mundo que nos presenta a los otros como medios para algo y no como "alguien para", un medio es tomado simplemente para un tiempo y un espacio determinado, en cambio cuando acepto a alguien “para mi vida” es para siempre, no basta con medirnos con el estatus social, ni medirnos por el que tenga más, basta medirnos con la igualdad.

Hace falta reconocer hoy en día el bien de cada persona en la vida, este bien permite al hombre vivir de manera humana, “soy para mí” “soy para el otro” y “soy con los otros” tenemos que caer en la cuenta que nuestra vida esta en relación para los demás, una relación que me tiene que llevar a lo común.

Basta de creernos autosuficientes, basta de no sentirnos necesitados de los demás, basta de usar a la otra persona para mis bienes o fines, basta de ponerle precio a la vida.
Hoy mas que nunca debemos de sentirnos llamados reconocer lo mejor que me presenta cada persona, por eso hay que afirmar lo que dice Carlos Díaz “Hay cosas mas admirables en la persona que de desprecio.

Juan Manuel Girón Olivas

Teología IV

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