Desde niño siempre fui un poco introvertido, pero mis amigos me consideran sociable y amiguero; provengo de una familia católica 100%, unida, fui educado en base a los valores morales y éticos, de hecho hasta muy conservador es el núcleo familiar donde crecí, mis padres siempre me dieron ejemplo de un matrimonio estable y sólido (claro con sus problemas como todo matrimonio), pero a fin de cuentas basado en el amor, en el respeto y sobre todo en Dios; se me inculcó la ilusión el formar a futuro una familia cimentada en tales principios.

Tengo mi grupo de amigos con los cuales crecí desde la escuela primaria y quienes igual que yo han madurado y se puede decir que estamos en la etapa de tomar decisiones radicales para el resto de nuestras vidas.  He tenido cuatro novias formales a lo largo de mi vida, pero creo que no estaba lo suficientemente preparado para formalizar una relación, por lo que le pedí a Dios que me mandara a la compañera de mi vida cuando yo estuviera preparado.

Hace dos años conocí a esa persona que llegó a cambiarme la vida, su nombre Mariel, una chica hermosa en todos los aspectos. Coincidió que llegó a trabajar en la misma empresa que yo; tuve la fortuna de entrevistarla y confieso que debido a que me impactó, se quedó con el puesto en la empresa.

Comenzamos siendo compañeros de trabajo y cada vez me convencía más de la persona que era; me atreví a los 3 meses de conocerla y de llegar a ser su amigo, a pedirle que fuera mi novia lo cual hacia de mi el hombre más feliz, y yo agradecía infinitamente a Dios la bendición que había enviado a mi vida. Con el paso del tiempo compartimos gustos y pasatiempos. Dios ¡encontré a la mujer perfecta!.

Pero tiene un defecto, no comparte la misma profesión de fe que mi familia y yo. Es cristiana. Te podrás imaginar que eso llega a dificultarme la vida, puesto que prevengo de una familia completamente católica y cuando mis padres se enteraron comenzó un cierto rechazo, no evidente, pero está claro que dificulta mi relación con Mariel. Además de que la familia de ella también es practicante en su religión, puesto que su padre es Pastor y en ocasiones me echa indirectas de que me ingrese a esa Iglesia (obvio yo no quiero). Ambos hemos decido compartir nuestra fe en los distintos lugares de culto, pero no es igual yo creo en la Eucaristía y demás sacramentos, además de la fe que le tengo a nuestra madre la Virgen María de Guadalupe.

He decidido que Mariel es la mujer de mi vida y  estamos enamorados, por lo que estoy a punto de formalizar mi relación con ella, sin embargo me coloco entre la espada y la pared porque no quiero ir en contra de mi fe católica, deseo contraer matrimonio con la bendición de Dios en el rito católico y no puedo hacer que ella se convierta a mi religión. Pienso además en el futuro, en nuestros hijos y quiero que crezcan dentro del catolicismo, en los mismo principios que recibí de mis padres, quienes tampoco no están de acuerdo con que contraiga matrimonio en esas condiciones.

¿Qué amor es el que tengo que decidir? ¿Me arriesgo a casarme sólo por la ley humana, o de qué manera le hago para que ella acepte casarse conmigo en el rito católico, o es mejor dejarla y que cada quien siga su camino?

Investigando y pretendiendo una respuesta ante mi situación, encontré en  el catecismo de la Iglesia católica los siguiente en el numeral 1637:"En los matrimonios con disparidad de culto, el esposo católico tiene una tarea particular: ­-Pues el marido no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente (1-Corintios 7,14)-. Es un gran gozo para el cónyuge cristiano y para la Iglesia  que esta "santificación" conduzca a la conversión libre del otro cónyuge a la fe cristiana. El amor conyugal sincero, la práctica humilde y paciente de las virtudes familiares y la oración perseverante pueden preparar al cónyuge no creyente a recibir la gracia de la conversión"

Entonces debo preguntarme también si mi futura esposa va a respetar lo que yo más quiero, si se va a poder integrar en estos ambientes a los que yo no estoy dispuesto a renunciar porque los considero básicos en mi vida, si acaso ella estaría dispuesta a colaborar en que le proporcionemos a nuestros hijos lo que considero que es lo mejor para ellos en el campo espiritual, si acaso he visto cierta sensibilidad al querer acercarse aunque sea de forma elemental hacia mi religión.

Si mi ideal de familia es una familia cristiana en la que mi futura esposa y yo favorezcamos de manera activa la educación integral de nuestros hijos y nos  ayudemos para vivir nuestra fe, entonces no debo renunciar a ello; si es al contrario, debo seguir pidiendo la gracia de Dios para discernir mejor la situación antes de que sea tarde de arreglar lo no que no se hizo a su tiempo terminando en consecuencias difíciles de remediar.

El CuentaHistorias

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