Los vitrales son medios por los cales la luz penetra a los templos. El Señor por su parte ha dicho: ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo (Cf. Mt. 5, 13, 14)”. Los jóvenes son vitrales por los cuales entra la luz al mundo con diferentes colores; con la riqueza  de vida, virtudes  y cualidades  que cada quien tiene; cada quien  es un evangelio actualizado al lenguaje del ambiente en el cual cada quien se desempeña: es  un evangelio actualizado al lenguaje que cada quien habla. 

La revolución consiste en ser nosotros mismos desde el Evangelio, con el Evangelio, y desde el Evangelio; así seremos un cartel, un spot, un video, una publicidad del Evangelio; más aún, seremos un Evangelio viviente, encarnado. Los patriarcas, los jueces, los profetas, los reyes de Israel, Nuestro Señor Jesucristo, los Apósteles, los santos fueron revolucionarios e innovadores de su tiempo. Pero una revolución en el amor porque si la revolución no viene del amor no transforma de raíz al mundo ni al hombre, sino que los destruye.

Hoy hacen falta artistas del amor, que inspirados en Dios, dejen surgir la creatividad; sin creatividad no puede haber  revolución, un artista es aquel  modelador de la materia que Dios le ha dado y poniendo las herramientas de su voluntad  transforma la realidad. El artista es aquel que contempla a los dioses con la cabeza descubierta, habla con ellos y les trasmite el mensaje a los hombres, es un poeta (Cf. Hidegguer, Arte y Poesía).

Hace falta, sin duda, una revolución  artística-creativa donde los jóvenes sean modeladores de los materiales bajo las herramientas de sí mismos y la realidad, pues los creativos revolucionan el mundo, los conservadores cuidan de él, pero se puede caer en el riesgo de ser llamado siervo infiel al no explotar la propia creatividad  (Mt. 25, 26). Se trata de revolucionarios que hablen con el corazón más que con palabras, que arriesgan en tinta de sangre y de tiempo para rejuvenecen la Iglesia con su capacidad creativa. 

En síntesis, esto significa creatividad: las cosas no vuelven a suceder de dos maneras diferentes, pues cada creyente las hace únicas e irrepetibles. Por eso Dios siempre se manifiesta como renovador, siempre nuevo.  A cada persona la ha hecho única e irrepetible, y el ama de una manera única e irrepetible, sin embargo su amor es el mismo. Es así que, cuando volvemos al primer amor Dios no enamora como siempre, pero si como nunca (Ap. 2, 5). 

Esta debe ser la expresión de cristiano artista, la cara intermitente después de bajar de la oración, el susurro de una brisa suave, el poema al corazón orquestado en el desierto pues Dios siempre vuelve nuevas todas las cosas. Dios hace revolución. 

Dicen que de continuo una joven madre llevaba a su hijo a la catedral gótica de la ciudad, mientras el niño contemplaba los vitrales le preguntaba a su mamá que sí que eran esas luces: la madre le decía que eran los santos. En una ocasión les pregunto la maestra de catecismo que si alguien sabía que eran los santos. El niño respondió: son aquellos que permiten que la luz de Dios penetre a través de ellos y la luz de Dios la convierten en diferentes colores los cuales alumbran en medio de la oscuridad del mundo. Los santos hacen revolución en medio de la oscuridad del mundo con la luz del amor de Dios. 

 Luis Ramon Mendoza Lopez
IV Teología 

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