“Miremos la cruz y sigamos a Jesús”

La comunidad del Seminario Arquidiocesano de Chihuahua se ha llenado de alegría por la reciente ordenación sacerdotal de dos de sus egresados: Francisco Javier Domínguez Meraz y Carlos Daniel Reyes Pérez, por manos de nuestro Arzobispo Constancio Miranda, acontecida el pasado 16 de febrero del 2015 en nuestra Iglesia Catedral.

Esta celebración no es sólo es acontecimiento de interés para los dos ordenados y sus familias, toda la iglesia de Chihuahua se encuentra en acción de gracias al Señor porque su constante súplica danos sacerdotes según tu corazón, sigue impulsando a cientos de jóvenes a entregarse generosamente al servicio de Dios y del pueblo chihuahuense.

Es por esta razón que les compartimos una entrevista realizada hace unos días a Javier Domínguez, quien ha querido contarnos un poco de su experiencia en el seminario. Él actualmente tiene 28 años y nació el 7 de agosto de 1986.

-Javier, nos gustaría nos contaras un poco de tu ingreso al seminario:
-Ingrese al seminario a los 19 años, en el 2005. Recuerdo que entramos 38 seminaristas. En aquel año ingrese a lo que se conocía como Curso Nivelatorio, una opción que anteriormente existía en el seminario para aquellos que aún no habíamos terminado la preparatoria. Ahí tuve la oportunidad de terminar mis estudios de prepa. 

-¿Qué experiencia marcó en tu formación pastoral el curso nivelatorio?
-Algo que me marcó mucho en este tiempo fue la oportunidad que tuve de acompañar a algunos jóvenes de la Correccional de Menores. Una experiencia muy impactante, porque a veces uno piensa que la gente de ahí esta privada de su libertad, y aunque ciertamente así es de alguna manera, pero lo que ahí aprendí es que es más desesperante el sentirse preso en el interior, en el corazón o en el alma. Ahí pude enriquecerme mucho porque ellos me enseñaron que la libertad en Jesucristo, ninguna pared la podía impedir.

- ¿Cómo seminarista de qué  manera vivías la pastoral durante las vacaciones?
-Recuerdo que durante el verano del curso introductorio realizamos la evangelización fundamental y también fue una experiencia muy importante. Además, en mis vacaciones, sentía la necesidad de seguir compartiendo el Evangelio. Esto es algo que muy pocos lo saben pero que ahora lo comparto a ustedes. Cuando yo estaba en filosofía, aprovechaba las vacaciones de verano para ir a los hospitales ya que sentía la  necesidad de ir con los enfermos, y esto era algo que hacia aparte de la pastoral del seminario. Recuerdo que aun siendo seminarista la gente se acercaba a mí y me decía: padre, ore por mí, ayúdame. Nunca olvidando que era sólo un seminarista, pude ver la necesidad que hay de sacerdotes, ya que aunque jamás hubiera podido equiparar mi acompañamiento con un sacramento como la Unción de los Enfermos, pero si podía con la oración reconfortar al enfermo y a su familia. Estando allí tuve una experiencia muy impactante, pude bautizar a un niño en peligro de muerte.

Fue así como el Señor me fue dando grandes enseñanzas que me fortalecieron mucho para seguir respondiendo en mi vocación.  

-¿Tuviste la experiencia de compartir tu pastoral con personas de la tercera edad?
-Sí, y fíjate, muchas veces uno ve a esas personas como hechas a un rinconcito. Como si fueran un yonke. Esto me hizo sensibilizarme mucho al ver que ellos siguen siendo personas. ¡Jamás dejan de ser personas! Y necesitan atención, así como cuando nosotros estábamos pequeños y requeríamos de nuestros papás. Es muy especial que yo pueda ser parte de su vida, aunque sea en sus últimas etapas. Esto es algo que me reconfortó mucho.

-¿Qué nos pudieras contar sobre la Pastoral Silente?
-Consiste en acompañar a los sordomudos. ¿Cómo buscar la manera en poder compartirles el mensaje de Dios? ¡Un reto! Todos estos momentos de mi pastoral fueron muy importantes ya que experimenté la presencia de Dios.

-¿Cómo viviste tu formación espiritual en el seminario?
-Además del acompañamiento del director espiritual y del asesor, lo fundamental es la oración. Sobre todo en los momentos de dudas y crisis, recurrir a la oración, al encuentro con Jesús que te ha llamado es algo trascendente, importante en la vida del hombre.

Muchos pudieran decir que en Teología ya no se duda o ya no se tiene crisis. Y algo muy interesante, pienso yo que el último año junto con el primero son los más difíciles. Son momentos en que debes de hacer un cambio en tu vida, tomar una decisión. Y entran muchas incertidumbres porque se trata de tu vida. No solamente lo que irás a hacer sino a lo que quieres entregarte.

-Por último, Javier, ¿para ti qué es el sacerdocio?
-El sacerdocio, sobre todo en el momento de la ordenación sacerdotal, es subir a la cruz. El sacerdote debe estar con Jesús en la cruz. Y para estar en la cruz hay que pasar por el calvario. Y este camino no apunta a las glorias humanas, no, ese camino apunta a la vida Eterna y a la gloria que Dios puede dar. Yo durante todo éste tiempo, incluso antes de entrar al seminario, le digo al Señor: Si Tú me llamas, aquí estoy.

¿Y que más me queda decir? Muchos me han preguntado: ¿Estás feliz? ¿Estás emocionado? ¿Estás nervioso? Se pueden hacer muchas interrogantes ante este momento que un está pasando. Yo todo eso lo pudiera resumir en una sola frase: yo estoy agradecido con Dios, porque Él se ha fijado en mí y me ha llamado por mi nombre. Humano si, mientras viva nunca dejaré de serlo. Que me falta todavía mucho por crecer, también, porque no soy un ángel. Soy llamado a la santidad. Y el prototipo siempre es Jesús.

He conocido varios sacerdotes que me han marcado, que se han vuelto modelos para mí. Pero todos ellos me han enseñado a mirar a Jesús. Esto no es iniciativa de hombres, esto es de Dios para hombres, la iniciativa es de Dios. Él llama a personas muy concretas. Él conoce toda nuestra historia, nuestra familia, sabe de dónde venimos, de la arcilla por la cual estamos hechos, y aun así y por eso nos invita a seguirlo.

Yo sé que Jesús ha estado conmigo, está conmigo en este momento. Ha habido noches de oración donde, aunque suene romántico, pasaba momentos de pasión con Él. Sentía que mi corazón quemaba, ardía. Y siempre: ¡Señor que se haga tu voluntad!

 Recuerdo a los profetas que ponían sus limitaciones humanas por delante, pero sobre todo, por delante de estas limitaciones estaba Aquel que los llamaba, puesto que la obra es de Él y nosotros solo colaboradores  y no dueños de esta.

Vemos algunos ejemplos. Moisés, tartamudo, que decía que enviara a otro. Jeremías diciendo que era muy joven, anteponiendo su juventud y pensando que le falta mucho por vivir. Y en todos ellos había miedo, sin embargo la presencia del Señor se hacía notar. Isaías, que se sentía de labios impuros, y un serafín con una braza los tocó para purificarlos y amonos. Ante estas preguntas que el profeta percibió: ¿A quién enviaré? ¿Y quién irá de parte nuestra? Él dijo: heme aquí, envíame a mí.

Samuel, un niño, escuchando la voz del Señor. Él vivía con un sacerdote que lo instruyó para que pudiera identificar y escuchar la voz de Dios en su vida. Es así, como te digo, viendo esta imagen de Samuel, pienso en la presencia de los padres. Ellos son muy importantes en la formación sacerdotal, deben ser hombres de oración y de amistad con Dios para formar humana, cristiana y pastoralmente a los seminaristas, porque al seminarista no se forma en montón sino que a partir de lo que tiene y desde lo que es, debe ser formado para lo que ha sido llamado.

Ahora yo pudiera decirles: no tengan miedo, y si tienen miedo que bueno. Y si tienen dudas que bueno porque es ahí donde surge el momento que te impulsa a confiar. Si no hay miedo ¿cómo puedes aprender a confiar? Si no hay dudas ¿cómo puedes acudir al Espíritu que te puede ayudar a clarificar en aquel momento? En nuestra vida podrá haber sombras, pero delante de Jesús que es la luz del mundo, esas sombras se disipan y puedes ver lo hermoso, lo grande que es el llamado.

El Señor llama al amor, hay que responder al amor  y cuando alguien ama, se sufre  ciertamente, pero por qué, porque el amor produce vida, el amor está llamado a producir vida. El célibe no es una persona castrada o infecunda, al contrario. La persona célibe está llamada a la fecundidad, a dar vida, a engendrar vida en los demás, vida espiritual.

Es necesario que veamos la presencia de Dios incluso en nuestra humanidad porque a veces somos tan “humanos” que nos olvidamos de la transcendencia humana,  que nos olvidamos de ver la vocación desde la fe. Olvidamos que Jesús, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, modelo perfecto de todo persona, está entre nosotros.

El sacerdote es un hombre de Dios siempre en gratitud, pues tiene una deuda con el amor abundante que ha recibido. Por eso debe de dar vida, compartir el amor de Cristo. El sacerdote es pastor, sale del corazón de Dios y por eso debe de estar en consonancia con el corazón de Jesús. En conclusión, el sacerdote es Jesús entre los hombres.

-Para terminar, Javier, ¿qué le pudieras decir a un seminarista que se está formando para el sacerdote?
-No tengan miedo, con esto quiero cerrar y te lo digo a ti seminarista. Déjate enamorar por Jesús. No hay amor más grande que el que quiera ofrecer su vida por los demás. Nunca quites la mirada de la cruz. El mundo te ofrecerá riquezas pero no te va dar lo que Él te pude dar, y si alguna vez desviaste tu mirada de Aquel que te llamó a la vida, a este estilo de vida, es  momento de que vuelvas a poner tu mirada en Cristo. Es interesante que lo ames, pero lo harás en la medida que te dejes amar por Él. En estos días me compartía una señora que en este camino hay muchos obstáculos pero Jesús nos enseña a vencer esos obstáculos abrazando la cruz con amor.

Invito también a los sacerdotes a que dirijan su mirada a la cruz, si se quiere dar vida se tiene que morir para compartir vida.

“El Señor es la parte herencia y de mi copa…mi heredad es preciosa para mí” Sal. 16 (15), 5-6.

 Agradecemos a Javier Domínguez por concedernos está entrevista, y le pedimos a Dios que llene de bendiciones su ministerio que hoy comienza. Que el padre Javi sea capaz de compartir su amor y su alegría con todo aquel que sienta que no es amado. Y sigamos pidiendo al dueño de la mies que envié operarios a su viña. El mundo necesita sacerdotes, pero para esto es necesario que más jóvenes se atrevan a dejarlo todo por amor.

 

 

Alan Valles Aguirre
Filosofía I

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