1.- Para el Papa, el centro de la vida debe ser Jesús, pero “sucede en algunas partes que el centro de la vida es aquello que tengo contra el Obispo, contra el párroco, contra cualquier otro sacerdote... esto forma parte de la vida, dejar una familia, dejar de tener hijos, dejar el amor conyugal, para terminar litigando con el obispo, con los hermanos sacerdotes, con los fieles, con cara de acelga; esto no es un testimonio”.

“El testimonio es que en el centro está Jesús y cuando Jesús está en el centro existen estas dificultades, están por todas partes, porque en un convento la superiora no me gusta y si en mi centro está la superiora que no me gusta, el testimonio no funciona”. En este caso, entonces, “rezo por esta superiora que no me gusta, la tolero, hago de todo para que los otros superiores conozcan la situación, pero la alegría no me la quita nadie, la alegría de ir tras Jesús”.

A los seminaristas dijo que “si no tienen a Jesús en el centro, retrasen la ordenación... si no están seguros, si Jesús no es el centro de su vida, esperen un poco para estar seguros”.

El Papa alertó contra los sacerdotes y religiosos que no rezan y buscan a la Virgen y que por tanto “si no quiere la Madre no dará al Hijo... el centro es la Virgen”.

En ese momento, Francisco habló sobre un libro que le regaló el Arzobispo de Nápoles, Cardenal Crescenzio Sepe, de San Alfonso María de Ligorio, en el que hay capítulos dedicados a la Virgen, que “siempre nos lleva a Jesús”.

2.- El Papa habló luego del amor a la Iglesia y el “espíritu de pobreza” para todos, incluso “para los sacerdotes que no tienen este voto”. Contó entonces la historia real de una religiosa muy buena, “una gran mujer” que se ocupaba de la economía, pero tenía el corazón atado al dinero y seleccionaba a la gente, inconscientemente”.

“Era ecónoma de un colegio importante”, pero “se veía esto”. Así, “la última humillación que tuvo esta mujer fue pública: tenía 70 años más o menos, estaba en la sala de profesores en un descanso y tomando un café tuvo un infarto, se cayó y le daban bofetadas para hacerla volver en sí, pero no volvía y una profesora dijo: 'ponele un billete de 100 pesos y veamos si así reacciona', pero la pobre ya estaba muerta”.

“¡Los consagrados, religiosos y religiosas no deben ser gente de negocios!, advirtió y aclaró que “el espíritu de pobreza no es el espíritu de miseria. Para un sacerdote que no tiene el voto de pobreza puede tener ahorros, pero de una manera honesta y razonable, y cuando nace la codicia y se pone en los negocios, ¡cuántos escándalos en la Iglesia y cuanta falta de libertad para el dinero!”.

El Papa subrayó que la pobreza “es la primera Bienaventuranza: beatos los pobres en el Espíritu... he dicho que un sacerdote puede tener sus ahorros, pero no el corazón ahí”. “Les pido a todos examinar la conciencia: ¿cómo va mi vida de pobreza?”.

Y de nuevo el Pontífice recomendó a los religiosos y consagrados ser testimonios de misericordia. “Hemos olvidado las obras de misericordia”, afirmó al respecto. “Estas obras de misericordia son las que hacen las viejecitas en los barrios, la gente sencilla, seguir a Jesús, ir detrás de Jesús es sencillo”, pero ocurre por ejemplo en las grandes ciudades, “como en Roma”, que “existen niños bautizados que no saben hacerse la señal de la Cruz... y dónde está la obra de misericordia de enseñar aquello que no se sabe... Retomen las obras de misericordia, sean las corporales o las espirituales”. Y puso otro ejemplo: “cerca de mi casa hay una persona que está enferma, querría ir con ella, pero el tiempo que necesito para andar allí es el mismo tiempo de la telenovela, y entre telenovela y hacer la obra de misericordia elijo la telenovela”.

A este respecto contó que conoce un colegio de religiosas muy buenas que tenían un colegio, donde había un apartamento y “han puesto en cada habitación un televisor”. “¡A la hora de la telenovela no encontrabas a ninguna hermana en el colegio!”. “Estas son las cosas que nos llevan al espíritu del mundo”, dijo advirtiendo sobre la mundanidad.

Pidió que todos sean testimonios del espíritu y no de “una vida mundana”. “El diablo nos tienta con envidias y celos, luchas internas, antipatías, simpatías, muchas cosas que no nos ayudan a hacer una verdadera hermandad”.

“Y sin embargo damos un testimonio de división entre nosotros”, dijo para asegurar a continuación que “las habladurías son una forma de terrorismo, quien chismorrea es un terrorista que lanza una bomba destruye, y él está fuera”

 

Francisco advirtió que las cosas se deben decir a la cara y remarcó que “los chismorreos son un terrorismo de la fraternidad diocesana, de la fraternidad sacerdotal de las comunidades religiosas”.

3.- El último punto sobre el que quiso hacer hincapié en la Catedral de Nápoles fue sobre la alegría y la misionaridad.

“La alegría de que mi vida es plena y he elegido bien, que yo rezo todos los días al Señor, que es fiel a mí y yo no lo soy a Él”.

“Los sacerdotes aburridos, con amargura de corazón, tristes, tienen algo que no funciona y deben ir a un buen consejero espiritual”, dijo luego.

Francisco se despidió preguntando “Tú rezas, yo rezo pero, ¿adoro al Señor?”. “Hemos perdido el sentido de la adoración, de adorar a Dios”, además, “no puedes amar a Jesús sin amar a su esposa, la Iglesia”.

El último consejo fue referente al celo apostólico, “es decir, la misionaridad, el amor de la Iglesia te lleva a salir de ti mismo para ir fuera a predicar la revelación de Jesús, y te empuja a salir de ti mismo y salir fuera”.

Por eso, Francisco afirmó que “en esto creo que la Iglesia debe avanzar siempre más, porque la Iglesia no es una ONG, es la esposa de Cristo que tiene el tesoro más grande: Jesús. Es su misión, el motivo de que exista es esto: evangelizar, llevar a Jesús, adoración, amor a la Iglesia y misionaridad”.

 

FUENTE: ACI PRENSA.

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