Mc 12, 38-44

La mirada limpia de Jesús alcanza a ver la realidad de las cosas, más allá de todos los trucosque se le ponen para engañar a los ingenuos. En el texto que meditamos, denuncia los “pliegues” o “dobleces” que observa en la experiencia religiosa de los escribas; es como el “doble fondo” del que se habla hoy en ciertas conductas delictivas, donde se simula un fondo transparente y ordenado, para ocultar el verdadero fondo lleno de maldad. En el caso de los escribas el fondo aparente consiste en “largos rezos”, sin embargo, en el verdadero fondo existe rapiña: “se echan sobre los bienes de las viudas”. Pero entonces lo que aparece como piedad es solo astucia para engañar, esto es ser un delincuente de alta peligrosidad, todo lo contrario a la imagen que se trata de dar. Resulta que Jesús encuentra “mafia” al interior de un grupo religioso, que se ampara con una vestidura de aparente bondad. O Jesús es muy mal pensado, y está calumniando a aquellas inocentes personas, o en verdad estas son muy perversas. Siempre hay el riesgo de que se oculten conductas mafiosas tras un ropaje de piedad. Toda comunidad está en peligro de ser una “cueva de ladrones”, que oculta sus verdaderas intenciones tras una fachada amable. Habrá que exponernos a la luz intensísima del Evangelio de Jesucristo, para que nos denuncie esos “pliegues” muy finos que tiene nuestra vida, que dan la impresión de unidad, pero que en realidad tiene huecos en los que se maquina el delito. Estas “esquizofrenias” a nivel de conciencia en muchas ocasiones no se perciben, pero en otras están fríamente calculadas. Estas conductas criminales generalmente no alcanzan a ser tipificadas como un delito por las leyes civiles ni eclesiásticas, y sin embargo ahí está la fuente de toda maldad. Es en este nivel profundo de la conciencia, a donde no llega la justicia humana, donde se pacta con la maldad; ahí es donde comienza toda la locura de la doble vida que nos amenaza a todos. Podremos afinar nuestras técnicas de combate a la maldad, pero mientras sigamos pactando con ella en lo oscuro de nuestro corazón, como los escribas, siempre habrá el peligro de las infiltraciones y corrupciones que traicionan la causa del bien.  Los delincuentes más peligrosos son los enquistados en organismos de muy buena reputación. El que logra esconder sus intenciones perversas en causas muy nobles de altruismo, de servicio o de entrega a Dios, es un peligro para la sociedad. De los malos ya sabemos que nos tenemos que cuidar, pero de “los buenos” cómo nos defendemos, son más difíciles de rastrear.  La mirada de Jesús nos revela toda esta realidad que sucede en el corazón del hombre. Pero, sobre todo, es una mirada que nos ayuda descubrir dónde está lo que verdaderamente vale la pena. Jesús se regocija en la contemplación de una viuda que da todo lo que tiene para vivir. Hace más una persona sencilla, sin dobles intenciones, por el bien común, que muchos protagonistas de la vida social, política o religiosa, que hacen mucho ruido público, pero que en el fondo tienen pacto con el crimen.

 

Pbro Luis Martín Barraza Beltran

 

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