VIGILIA PASCUAL

Así como la fiesta judía tenía su inicio la víspera a la puesta del sol, nuestra fiesta de Pascua comienza ya, litúrgicamente, en el atardecer del día sábado. La vigilia pascual es una velada con carácter festivo, en la cual la Iglesia celebra la resurrección del Salvador como origen y prenda de nuestra resurrección. Se puede constatar que esta celebración posee una viva y armoniosa progresión en todos sus elementos, ya que desde el comienzo de la vigilia nos encontramos en presencia de Cristo resucitado. La celebración de esta solemnidad pascual tiene como objetivos: conmemorar la resurrección del Salvador, también nos dispone a entrar en unión con Él en la gloria celestial.1 La memoria de Cristo que reposó en el sepulcro está cargada de esperanza y de victoria. Es un día de silencio. Silencio de Dios, de la Iglesia, un silencio no vacío, sino lleno de sentido. La Iglesia, por una antiquísima tradición, no celebra en este día, la Eucaristía ni los otros sacramentos.2 La Iglesia nos invita a que vivamos este día meditando en la persona de Jesús, depositado en el sepulcro, y esperando el momento glorioso de la Resurrección. 3

Lo propio de este día es que la comunidad cristiana ore y medite. El dolor de Cristo es también dolor de la Iglesia y de la humanidad. Jesús en el sepulcro es el mejor símbolo del Mesías que ha tomado el dolor, la muerte y el silencio de todos los hombres de todos los tiempos, como Él dijo: «si el grano de trigo no muere, queda infecundo» (Jn 12, 24). Pero es un dolor esperanzado, la oración de este día en la mañana es una oración de confianza y seguridad. A pesar de ser la noche más importante del año, no es una celebración popular. Es en esta noche en la que hacemos opción por Cristo. Es una noche de vela en honor del Señor, los fieles debemos asemejarnos a los criados que con sus lámparas encendidas esperan el retorno del Señor, para que cuando llegue los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa. (Lc 12, 35-39)4

1 Cfr. E. FLICOTEAUX, Espiritualidad del Año Litúrgico, Ed. Sígueme, España, 1965, 270. 2 Apuntes de Introducción a la Liturgia, 2009.
3 Cfr. J.G., TREVIÑO, Vida Litúrgica, Editorial la Cruz, México D.F., 1986, 114.
4 Apuntes de Introducción a la Liturgia, 2009.

 

La gran solemnidad de la Pascua da inicio con la Vigilia Pascual y continúa con la Misa del día. La Vigilia Pascual está inmersa en una alegría que no es de la Tierra, parece que Dios anticipa una parte de la bienaventuranza del cielo. La Vigilia Pascual consta de cuatro partes: el rito de la luz, la liturgia de la Palabra, la liturgia bautismal y la liturgia eucarística. El rito de la luz comprende: la bendición del nuevo fuego y del cirio pascual, la procesión del cirio y el pregón pascual.5 Sin embargo, más importante que la bendición del fuego nuevo es la bendición del cirio pascual, el cual, es firme columna de cera que, una vez que se ha encendido, simbolizará a Cristo resucitado, el Señor vencedor de las tinieblas y que derrama sobre todo el mundo su claridad divina. Pues el Verbo de Dios, que es luz de luz, como profesa el Credo, se ha revestido de nuestra débil carne para iluminar a todos aquellos que, desde el pecado original, gimen en la sombra de la muerte.6

Es la fiesta de la luz: y la luz es Cristo Resucitado. El cirio pascual simboliza precisamente a Cristo que ha resucitado de entre los muertos. A continuación, tiene lugar uno de los momentos más dramáticos y significativos, en el que la Iglesia hace un derroche de bellísimas líricas para cantar las glorias del cirio que ilumina esta noche sacratísima con el «Pregón Pascual». En lo que respecta a la liturgia de la Palabra; es la celebración litúrgica más exuberante en lecturas bíblicas. Se contemplan siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento (la epístola y el Evangelio). Este brote de verdades reveladas es para ayudar a los fieles a adentrarse en el misterio de la Resurrección del Señor a través de un repaso por la historia sagrada, que va desde la creación hasta el cumplimiento de la redención por medio de Cristo. Por medio de la liturgia de la Palabra los fieles recorren la historia de la salvación, comprobando que todos los hechos que se narran tienen una profunda conexión entre sí. No son hechos aislados y no hay profecías sin cumplimiento. En esta parte es donde tiene un lugar especial el misterio de la Redención, por tanto, de la Pasión de Cristo en medio de la alegría pascual. Luego, en la liturgia bautismal, en la que no hay mejor ocasión para administrar tal sacramento, ya que el bautismo es esencialmente pascual, significa la muerte y la resurrección con Cristo, la muerte al pecado para nacer a una vida nueva de gracia. Es también una oportunidad privilegiada para que los bautizados renueven en esta celebración las promesas del bautismo.7

5 Cfr. J.G., TREVIÑO, Vida Litúrgica, Editorial la Cruz, México D.F., 1986, 114
6 Cfr. E. FLICOTEAUX, Espiritualidad del Año Litúrgico, Ed. Sígueme, España, 1965, 271.

7 Cfr. J.G., TREVIÑO, Vida Litúrgica, Editorial la Cruz, México D.F., 1986, 115-117. 

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