"UNA ESPADA TE ATRAVESARÁ EL ALMA"

Hoy 15 de septiembre la liturgia de la Iglesia nos invita a volver la mirada a la Santísima Virgen con la memoria de Nuestra Señora de los Dolores, la cual hunde sus raíces en la misma Escritura. Ya desde el nacimiento de Cristo vemos los vaivenes a los que tuvieron que enfrentarse José y María para encontrar un lugar donde dar a luz (Cfr. Lc 2, 7), después, al presentarlo en el Templo el anciano Simeón le revela a María que el Hijo que acaba de nacer de ella va a ser un signo de contradicción para muchos, y junto con esto le profetiza ¡y a ti una espada te atravesará el alma! (Cfr. Lc 2, 33-35). Durante la vida de Cristo, desde su lugar, María tendrá que realizar también un camino de discipulado, verá como su Hijo es rechazado y como va cumpliéndose, poco a poco, la profecía que años atrás le había hecho Simeón. Hacia el final de la vida de Cristo, María va a permanecer de pie junto a la cruz de su Hijo (Cfr. Jn 19,25).

Bajo este somero recorrido de la vida de Jesús, podemos ver como se entrelaza bajo el misterio del dolor la vida de María, como lo señala la constitución conciliar del Vaticano II Lumen Gentium: “También la Virgen bienaventurada avanzó en esta peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su comunión con el Hijo hasta la cruz, ante la cual resistió en pie (Jn 19,25), no sin cierto designio divino, sufriendo profundamente con su unigénito y asociándose a su sacrificio con ánimo maternal, consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella había engendrado” (LG 58).

Pero sin duda donde mayor dolor experimentará María va a ser al pie de la cruz, en ese momento de dolor, su corazón de discípula, y más todavía de madre, sufrirá intensos dolores. Pero en ese momento donde todo parece muerte, el amor de Cristo por nosotros hará fecundo el corazón de María, al hacer de ella nuestra Madre (Cfr. Lc 19, 27). Esos dolores que atraviesan su corazón y que son superiores a los dolores de parto permitirán a los discípulos de su Hijo y a todos los que crean en él por medio de su palabra (Cfr. Jn 17, 20) poder recibir a María como madre en su casa.

En el contexto actual en una sociedad de “crucificados” es posible experimentar de una forma más sensible el drama de la muerte de Cristo, a menudo vemos el sufrimiento de los inocentes, el dolor de las madres ante la muerte injusta de sus hijos, la impotencia que envuelve ante un sistema que ya no garantiza la justicia, la persecución que se da, incluso hasta la muerte, a quien se atreve a defender la verdad, el asesinar por ideales religiosos, la muerte de tantos cristianos que pierden la vida por odio a la fe, todo esto nos permite ver que nos encontramos en una sociedad y en un siglo de mártires, la cruz de Cristo aparece de una forma muy nítida en el mundo de hoy, pero en todas estas situaciones que nos ponen de frente al misterio del dolor también vamos a poder encontrar de una forma callada y de pie la figura de María como madre, madre de los desparecidos, madre de los asesinados, madre de los sacrificados injustamente, madre de los descartados, madre de los discriminados …

En toda realidad de dolor y de injusticia podremos tocar la carne de Cristo sufriente y ahí, de pie, estará también su Madre. Ella y su Hijo nos enseñarán a saber hacer fructificar el dolor humano y poder sacar vida de donde sólo parece haber muerte.

Virgen Santísima de los Dolores, míranos cargando nuestra cruz de cada día. Compadécete de nuestros dolores, como nosotros nos compadecemos de los tuyos, y acompáñanos como acompañaste a tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor, en el camino doloroso del Calvario. Eres nuestra Madre y te necesitamos. Ayúdanos a sufrir con amor y esperanza, con paciencia y aceptación, para que nuestro dolor, asociado al tuyo y al de tu Hijo, tenga valor redentory en las manos de Dios, nuestro Padre, se transforme en gracia para la salvación del mundo.

Mario Lerma

Seminarista  

Comment