El Padre Martín Barraza, Rector del Seminario de Chihuahua, abre su corazón y comparte, desde su experiencia, el significado e importancia de la custodia que se le ha confiado al Sagrado corazón de Jesús, sobre una de sus etapas formativas.

Con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, compártanos un poco, padre, de la historia que ha tenido el Seminario respecto a la sección que está, precisamente, dedicada a esta advocación ¿En qué contexto y con qué fin se establece?

“Bueno, el edificio actual del Seminario, llamado menor, que nosotros llamamos del Sagrado Corazón, se habitó a partir de 1941. Fue una reapertura, un nuevo impulso que tuvo el Seminario después de aquél cierre de templos que concluyó con el martirio del Padre Maldonado. A partir de allí, partiendo de una granja de una casa de campo donada por una familia se empezó a construir todo lo demás. Alrededor del año 1947 comienza la construcción de la actual capilla que se concluye en 1949, y precisamente ahí se inaugura, se bendice el altar donde está la imagen del Sagrado Corazón. En ese lugar es donde más explícitamente se dedica el Seminario a esta advocación, al cuidado del Sagrado Corazón de Jesús. Devoción que estaba promoviéndose en ese tiempo bastante.

Es una advocación que nos remite al hecho central de nuestra fe: el misterio pascual, la pasión de Cristo. Siempre el pueblo cristiano ha tenido especial veneración por las llagas, por la pasión de Jesucristo.

Pero, también, nos invita a mirar la Eucaristía, siendo el acto supremo de amor, cuyo memorial actualizamos cada vez que la celebramos. Nos evoca a una espiritualidad eucarística, centro de nuestra fe y de la formación.

Además, nos remite al corazón del Buen Pastor. Corazón lleno de amor, que da la vida por sus ovejas, capaz de morir, de derramar su sangre con tal de defenderlas; siendo así un gran modelo para el que se está formado al sacerdocio, una vivencia de un amor hasta el extremo.

Por estas razones es que se propone esta advocación del Sagrado Corazón como patrono de nuestro Seminario, menor en aquel tiempo.”

Siguiendo en esta reflexión, sobre el corazón y la importancia que tiene en el ser humano. Vemos en la SagradaEscritura que el corazón viene a representar esta parte intima del hombre; parece providencial que la sección de filosofía esté con esta advocación. Sabemos que la etapa filosófica, más allá del estudio de dicha disciplina, representa años de profunda intimidad en los seminaristas. ¿Qué reflexión puede sacar de esta relación corazón-filosofía? Sabemos que un corazón es depositario de un cúmulo de experiencias, sean gratas o dolorosas. ¿Qué importancia tiene esta etapa, en cuanto al autoconocimiento, iluminado desde la relación antes mencionada?

“Traduciéndolo, hablándolo pues desde los itinerarios o procesos formativos actuales, que a esta etapa de filosofía le llamamos estructuradora, o también educativa, discipular; yo creo que desde esta idea de discipular donde se vive una relación muy cercana con la persona de Jesucristo, precisamente con su encuentro se va dando un conocimiento de sí mismo, que es lo que se busca: el conocimiento. La filosofía no se reduce a doctrinas en la cabeza, sino que contiene herramientas para conocerse a sí mismo que conducen a un encuentro más cercano con Jesucristo.

En el escudo del seminario, encabezado con la frase: “Violenti Rapiunt”, está precisamente el Sagrado Corazón, así como lo conocemos, como se le reveló a Margarita María Alacoque. Pero esta también un libro que dice: “que me conozca y que te conozca”, frase de San Agustín. Yo creo que recoge muy bien lo que significa esta etapa: lograr una comunicación de corazón a corazón con la persona de Jesucristo.

Hablando del discipulado perfecto, lo tenemos en la imagen de Juan, que en la última cena apoya su cabeza en el costado de Jesucristo, en su pecho, para escuchar su corazón. Podemos entenderlo así, el corazón como un símbolo de una comunicación de vida, en la verdad, en el amor, que redunda en buscar la identificación con Jesucristo para hacerse capas de irradiar ese amor a la comunidad, a la gente que se va a acompañar el día de mañana.”

Con profunda gratitud, pedimos a Nuestro Señor le conceda un corazón semejante al suyo, de Buen Pastor, que vela y cuida por sus ovejas. Gracias padre Martín.

Alan Barrio, Teología I

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