La Iglesia en México se regocija al contar con estos intercesores en el cielo, modelos de caridad suprema siguiendo las huellas de Jesucristo. Todos ellos entregaron su vida a Dios y a los hermanos, por la vía del martirio o por el camino de la ofrenda generosa al servicio de los necesitados. Así comenzaba su santidad Juan Pablo II, aquel 21 de mayo del año 2000 su homilía, en la capilla papal de canonización de Cristóbal Magallanes y 24 compañeros mártires, sacerdotes y laicos; José María de Yermo y Parres, sacerdote fundador de las Religiosas Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, y María de Jesús Sacramentado Venegas, fundadora de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús.

La reflexión en torno a ello, será la siguiente: en una sociedad cada vez más individualista, ¿Cómo vivo mi capacidad de amar y servir? ¿Estaría dispuesto dar mi vida por la vía del martirio? Pudiéramos contestar de forma espontanea que si, y más aun, si nos encontramos inmersos en un ministerio dentro de la Iglesia; la verdad es que sigue ocurriendo en la actualidad el riesgo de amar y servir, hasta dar la vida por ello, lo podemos ver en noticias que acontecen en Siria y otros países; México no ha sido la excepción, por ello, hoy hemos de recordar a estos mártires, sacerdotes y laicos que vivieron el riesgo amar y servir hasta el extremo de dar su vida. Sigue diciendo su santidad en su HomilíaSon santos porque pusieron a Dios en el centro de su vida e hicieron de la búsqueda y extensión de su Reino el móvil de su propia existencia; santos porque sus obras siguen hablando de su amor total al Señor y a los hermanos dando copiosos frutos, gracias a su fe viva en Jesucristo, y a su compromiso de amar como Él nos ha amado, incluso a los enemigos. La firmeza de su fe y esperanza les sostuvo en las diversas pruebas a las que fueron sometidos. Son un precioso legado, fruto de la fe arraigada en tierras mexicanas.”

A 16 años de su canonización ¿Qué tanto como mexicanos hemos valorado su precioso legado? Y es que podemos ir mucho más allá, ¿qué tanto hemos valorado el precioso legado del santo chihuahuense San Pedro de Jesús Maldonado? Es entonces, urgente el llamado a preguntarnos ¿Mi fe y esperanza podrán sostenerme en la prueba? ¿Estoy dispuesto a correr el riesgo de amar y servir, hasta dar la vida? Que el ejemplo de estos santos mártires nos ayuden a dar respuesta a tales preguntas y sobre todo, no olvidar el ejemplo de Jesucristo que entrego su vida por nosotros. Recuerdo las palabras de Jesús a Pablo en Hechos de los apóstoles “Ten animo Pablo; porque así como en Jerusalén has dado testimonio de mi, así también lo tendrás que dar en Roma”.

Pidamos a Santa María siempre Virgen estrella de la esperanza, que nos ayude a dar respuesta a las exigencias de la realidad en que vivimos.

Iván Alejandro Estrada, Teología I

 

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