"Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer" (Ga 4, 4). Nos encontramos quizá, con el pasaje más antiguo que habla acerca de María en el Nuevo Testamento. Esta pequeña alocución mariana tiene un sentido profundo del Misterio de Salvación.

San Pablo afirma que esta "plenitud" se realiza cuando Dios "envió a su Hijo, nacido de mujer" (Ga 4, 4). Ocho días después de Navidad, hoy, primer día del año nuevo, hacemos memoria en especial de la "Mujer" de la que habla el Apóstol: la Madre de Dios. Al dar a luz al Hijo eterno del Padre, María contribuye a la llegada de la plenitud de los tiempos; sin duda es mujer de fe.

 

María concibió por obra del Espíritu Santo, sin perder la gloria de la virginidad, hizo brillar sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo. Como toda madre, llevó en su seno a ese Hijo.

 

La Sierva humilde del Señor, como dice san Ireneo, “por su obediencia fue causa de la salvación propia y de la de todo el género humano”. Por eso, no pocos Padres antiguos, en su predicación, coinciden con él en afirmar: “el nudo de la desobediencia de Eva lo desató la obediencia de María”. Comparándola con Eva, llaman a María: “Madre de los vivientes”; y afirman con mayor frecuencia: “la muerte vino por Eva, la vida por María” (494 CEC).

 

Cuando en el año 431 el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, se reunieron los 200 obispos del mundo en Éfeso (la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años), e iluminados por el Espíritu Santo declararon: "La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios".

El título "Madre de Dios" es el principal y el más importante de la Virgen María, y de él dependen todos los demás títulos, cualidades y privilegios que ella tiene.

Benedicto XVI afirma: “El título de Madre de Dios (Θεοτόκος), tan profundamente vinculado a las festividades navideñas, es, por consiguiente, el apelativo fundamental con que la comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen santísima. Todos sabemos que los privilegios dados a María no fueron concedidos para alejarla de nosotros, sino, al contrario, para que estuviera más cerca. En efecto, al estar totalmente con Dios, esta Mujer se encuentra muy cerca de nosotros y nos ayuda como madre y como Hermana”.

Hoy La Iglesia Católica quiere comenzar el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María. La fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente es la de "María Madre de Dios". Ahora se comienza a escribir otra página de la historia. Un año lleno de oportunidades, tiempo ideal para encontrarnos con Dios rico en Misericordia. Este mismo Dios que por amor se ha hecho Hombre, y nos ha mostrado el Rostro del Padre.

Pidamos a María, en este día tan especial, de valorar la dignidad de la mujer. María es modelo de mujer, de hija, de madre, de esposa. Dios quiso tener una Madre, en este ejemplo que podamos valorar el don que hay cada madre.

 

La Madre de Dios contempla en sus brazos la belleza y bondad del Misterio, en su pequeño Hijo. Por su fecunda virginidad, María, nos da el don de la salvación eterna, por ella recibimos al autor de la vida. Que por su maternal intercesión, nos proteja este año que inicia y nos lleve de la mano al Dios vivo y verdadero.

 

“Ave, Madre, tu Hijo es torrente de delicias, Verbo del Padre hecho hombre, Luz de luz, fuente de vida”. (San Anselmo)

Santa María, Madre de Dios. Ruega por nosotros.         

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