¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! Dice la secuencia de la Misa de Pascua. Esta idea reconforta, llena de gozo y anima, pero ¿en verdad lo creemos? Jesús Resucitó, realmente Resucitó, hay que creerlo, no nos quedemos en el ayer, ese ayer en que se encontraba en el sepulcro, ese ayer en que ante la cruz lo vimos, un ayer en que Él fue maltratado y humillado. En ocasiones se nos olvida que Cristo vive, preferimos continuar en el sufrimiento de la cruz, y ahí vamos por el mundo arrastrando una carga que nos parece demasiado pesada, andando por la vida tristes y sin valor. Es necesario que nos demos cuenta del contenido de la pregunta que se dijo a las mujeres ante el sepulcro aquel domingo glorioso; “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?”, vivo, ¡Jesús vive! Esta es suficiente motivación para que, de hoy en adelante, vivamos estando en su presencia, agradándole, adorando con nuestra vida, ¡Él vive!

            Vivimos aferrados a cosas muertas. En este mundo lleno de distracciones, nos interesa más la tecnología, la moda, la última noticia, el obtener por obtener. Todo esto proporciona alegría momentánea, por una semana, quizá mientras sale el nuevo aparato en boga ¿y Jesús? Él, que nos da la vida, la llena de alegría y esperanzas, no sólo tus sentidos, ¿en qué lugar lo dejas?

            Así como hay quien solo vive en el ayer, existen personas que gastan todo su tiempo y energías pensando en el futuro, aferrados a una idea que tal vez se realice o tal vez no, sin dejarse guiar por la voluntad del Señor.  Necesitamos descubrir cada día la voluntad del Padre para nuestras vidas, estamos viviendo en tiempo muerto por lo siguiente; con el pasado ya no hay nada que hacer, tampoco vivimos el presente por estar ocupados en recuerdos o planes y no dejamos que Él Señor actúe en nuestras vidas en el futuro, por tenerlo lleno de planes.

            Cristo vive, es cierto, lo aceptemos o no, le creamos o no, Él Vive, y quiere vivir en tu corazón. Él ya lo hizo todo por nosotros, sólo tenemos que estar abiertos para que ocupe el lugar que le corresponde, debemos tener la esperanza que Él viva en nuestros corazones.  No es fácil estar abiertos a Jesús, en la escritura tenemos ejemplos muy claros de hombres y mujeres que tuvieron diversas reacciones ante la noticia del resucitado, por ejemplo; Tomás el discípulo, quien para creer pide tocar las heridas provocadas por la crucifixión o los discípulos de Emaús que deprimidos y con sentimientos de derrota, están con Él, pero no lo reconocen. Como dijo el Papa Francisco en la Misa de Pascua 2014; “¡Cada uno por diferentes caminos! Buscaban entre los muertos al que está vivo, y fue el mismo Señor el que corrigió el rumbo.” Él siempre estará para ayudarnos a corregir el rumbo si hemos tomado uno equivocado.

            Tomemos ahora el ejemplo de las mujeres que encontraron el sepulcro abierto cuando iban en busca de Jesús muerto, en cuanto a esto, examinémonos nosotros mismos, ¿Cuántas veces hemos buscado sepulcros que prometen algo y están vacios? Y no precisamente vacios pero cubiertos de gloria de resurrección como el de Jesús, sino vacios de promesas, de esperanza, de Dios. Hay sepulcros que incluso presumimos, pero están llenos de nada.  Dejemos ya de buscarlos, vacios o llenos, son sepulcros. Busquemos al resucitado y pidámosle que nuestra vida sea llena de Él.

            Que la certeza de Jesús resucitado habite en nuestros corazones a partir de esta mañana de pascua y seamos llenos de una alegría verdadera basada en la presencia viva y real de Cristo en la Iglesia y en el mundo.   

 

Francisco Salazar

Filosofía I

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