Las manos que lo apresaron temblaban por desconocer las causas, algunos de ellos habían contemplado de lejos como las muchedumbres se reunían en torno a él para alcanzar un milagro o comer del pan que multiplicaba.  Solo se lanzaron sobre él al saber que era Jesús el Nazareno, y lo llevaron al Sanedrín para emprender un juicio nocturno, a ciegas, sin pruebas y argumentos; juicio ciego, sordo y un tanto mudo, sin defensor de parte del acusado.

Ni los sacerdotes, ni los maestros de la ley, ni nadie presente en esa asamblea, como ninguno de los que estaban en torno a este juicio, ni si quiera quienes estaban fuera del juicio: ni los romanos, ni los samaritanos, ni los leprosos, ni los ciegos, ni los mismos discípulos comprendían a Jesús. A veces se mata lo incomprensible.

La respuesta y defensa de Jesús solo era afirmar lo que aquellos preguntaban con mayor verdad sobre él, pero sin comprensión; ¿Tu eres rey? “tú lo has dicho”. ¿Quién puede comprender un escándalo tal, como lo era para los judíos era el que alguien dijera que era hijo de Dios?

No entendieron los discípulos, no entendieron los sacerdotes, autoridades religiosas, no entendieron los revoltosos políticos judíos, no entendieron los maestros de la ley, no entendió Herodes, no entendió Pilato… hay regiones a donde solo el íntimo amigo y verdadero amigo puede ir; los que no comprenden matan, gracias Caín por ayudarnos a comprender que no comprendiste a Abel. Jesús, aquella noche fuiste nuestro Abel.

Pero no hiciste un solo esfuerzo por hacerte comprender Jesús de Nazaret, te entregaste a nuestras manos: “nadie me quitan la vida, yo la entrego”. Aquella noche avanzaste con la cabeza erguida hacia el pretorio, hacia los azotes, las espinas y la cruz, los clavos y por último expiraste frente a la incomprensión para entregar el espíritu.

Juan y María junto a la cruz nos dan un ejemplo de amor, el amor no cuestiona lo incomprensible, acompaña incluso hasta la muerte, callado, esperando poder experimentar al menos un poco de la situación del ser amado, para poder hacerle la carga más ligera con la compañía.

El silencio de la cruz continuó durante tres días… pasa que, las razones más fuertes requieren de silencio y de tiempo, porque al cabo de tres días recibimos la razón más grande de toda la humanidad: resurrección. Por ella miles, si no es que millones de personas han sido capaces de entregar la vida, porque resurrección es una persona, es Jesús respondiendo aquello que calló durante su juicio, respondiendo por nosotros cuando somos incomprendidos y cuestionados por la vida.

Esta respuesta ha sido como una explosión estilo Big Bang,  que se extendió en todo el espacio conocido en aquel tiempo, y se sigue extendiendo a través del tiempo, porque el Amor y la Verdad nunca enmudecen para siempre, sino solo para responder con su fuerza omnipotente.

Se dice que para los cristianos, cuando sufren, Dios guarda silencio, y parece más fuerte la voz de las tormentas que azotan contra el cuerpo, las emociones, los sentimientos. En la mirada de estas personas se distingue también una esperanza, la del Maestro, la de la resurrección. A veces explicar el sufrimiento no tendrá mucho sentido, pero siempre estará El AMIGO para acompañarnos, no solo para cuestionarnos, sino incluso para llorar mientras lloramos… aunque parezca que no entiende. 

Luis Ramón Mendoza López
Teología IV
In hoc signo vinces

 

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